Democracia y nuevas tecnologías: el panel de ciudadanos
por
Oriol Llauradó
01/04/2004, 11:20 GMT+1
Durante los últimos años se ha venido produciendo un cambio
en la cultura de la gestión pública, generándose
una mayor atención por asuntos como la productividad, el trabajo por
objetivos, la racionalización del gasto y la evaluación de los
resultados. Los valores que han presidido este proceso de modernización
administrativa son los de economía, eficiencia y eficacia, y su meta
ha sido la de mejorar la calidad de los servicios públicos.
Sin embargo, en el momento de llevar a cabo el análisis de las políticas
públicas, la Administración ha prescindido sistemáticamente
de la opinión del ciudadano. Como concluye el politólogo
Charles Lindblom, en lo tocante al análisis de las políticas públicas
“simplemente parece que el ciudadano no exista”. La vieja dicotomía
que distingue entre el técnico y el ciudadano no sólo es errónea,
sino que en la mayoría de los casos resulta estéril: no conocemos
ningún motivo por el que los ciudadanos no puedan participar en la definición
de los objetivos y en la evaluación de los bienes y servicios públicos.
Al contrario, la opinión del ciudadano es decisiva para
conocer cuáles son las virtudes y las deficiencias que éstos presentan.
No en vano, las barreras y las asimetrías
de información son los factores que determinan más significativamente
el aumento de las ineficiencias en los servicios públicos. En la actualidad
sabemos que el ciudadano se beneficia mucho más de aquellos servicios
que se basan en una comprensión cabal de sus necesidades
que de aquellos otros que no lo hacen. En definitiva, y como concluye el informe
Citizens as Partners de la OCDE, los gobiernos se ven cada vez más
obligados a emplear un nuevo método en el diseño
y la gestión de las políticas públicas, un método
más horizontal, descentralizado, abierto y dialogante, que suponga una
mayor responsabilidad por parte de la Administración y un compromiso
creciente por parte del ciudadano.
En este sentido, y a la luz de las dinámicas aquí descritas,
la participación ciudadana se ha erigido en una importante
fuente de información y en una herramienta imprescindible para el desarrollo
de la planificación estratégica. El gestor público necesita
recabar toda aquella información que le permita descubrir los factores
que determinan el éxito de los servicios que ofrece, con el fin de controlarlos
y reconducirlos de modo que se alcancen los objetivos fijados. Mediante la información
sistemática del grado de satisfacción ciudadana se puede diagnosticar
fácilmente el estado actual de los servicios públicos locales,
pudiendo establecer así un pronóstico y una terapia
que aplicar.
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El papel de las nuevas tecnologías en la participación
ciudadana
La importancia de las nuevas tecnologías en este asunto es incuestionable,
especialmente en un momento en el que existe una necesidad por parte de la Administración
de desarrollar una atención más específica ante unas nuevas
demandas sociales. En el futuro más inmediato el éxito de la Administración
dependerá de su capacidad para asumir el liderazgo local y trabajar conjuntamente
con los ciudadanos para lograr un mayor bienestar. Sin duda, estrechar
la relación con los ciudadanos es una buena inversión
para revitalizar la confianza de éstos en la Administración.
Dicho esto, y si bien es cierto que las nuevas tecnologías deben facilitarnos
la consecución de los propósitos arriba mencionados, es igualmente
cierto que las nuevas tecnologías deben fijarse también la meta
de profundizar en la participación democrática:
el ciudadano es bastante más que un mero consumidor de servicios públicos.
Pese al déficit democrático generalmente admitido, los ciudadanos
muestran un interés sorprendente en explotar las oportunidades que les
ofrecen las nuevas tecnologías aplicadas al terreno de la democracia.
La gente manifiesta un entusiasmo genuino hacia la Administración cuando
ésta les ofrece la oportunidad de involucrarse e influir en los servicios
públicos y la política locales. Más allá de los
principios que consagra la democracia liberal, toda verdadera democracia debería
satisfacer las siguientes condiciones:
- La Administración procura a los ciudadanos información
de calidad, objetiva y comprensible, sobre su actuación.
En una sociedad compleja y plural, y ante una ciudadanía cada vez más
exigente y mejor formada, la Administración debe explicar en cada momento
cuál es la actuación que está llevando a cabo.
- Apertura de procesos de consulta ciudadana: la Administración
define el asunto, procura al ciudadano la información oportuna, y éste
responde a la consulta.
- Apertura de espacios de deliberación: mediante el
diálogo y la argumentación racionales, los ciudadanos aprenden
los unos de los otros y comprenden mejor las razones opuestas a su punto de
vista. La deliberación contribuye a la creación de una opinión
pública más reflexiva y al desarrollo de una verdadera conciencia
cívica.
En este sentido, Internet se nos presenta como una herramienta extraordinariamente
útil: su rapidez permite que se puedan hacer deliberaciones de calidad
y consultas regulares sobre todos aquellos asuntos que influyen en la vida social
y la política locales, sin ninguna restricción de espacio, de
tiempo ni de número de participantes.
Paneles: escuchar la voz del ciudadano
En los últimos años se han venido desarrollando distintas iniciativas
de democracia electrónica con el propósito de renovar el sistema
representativo actual, siendo la del panel de ciudadanos (citizen
panel) la que mayor éxito ha cosechado. La propuesta de los paneles
de ciudadanos arranca en el año 2002 en una treintena de municipios del
Reino Unido, y rápidamente se ha difundido entre los Ayuntamientos del
continente como un eficaz instrumento de comunicación e interacción
entre la Administración y el ciudadano. El panel agrupa a un conjunto
de ciudadanos de un municipio a los que se les hacen consultas online relacionadas
con cualquier asunto de interés local. Asimismo, y paralelamente a las
consultas, los panelistas tienen también la posibilidad de participar
en deliberaciones que se desarrollan mediante listas de distribución.
El hecho de registrarse en el panel es voluntario, y sólo está
sometido a dos condiciones: estar inscrito en el censo municipal y ser mayor
de edad. El tamaño del panel oscila entre los 500 y los 2.000
ciudadanos, y naturalmente la confidencialidad está garantizada.
El panel ciudadano es una auténtica plataforma de participación,
flexible y de bajo coste, cuyo objetivo es el de mejorar la provisión
de los servicios públicos y lograr que el ciudadano participe efectivamente
en el proceso de toma de decisiones.
La conclusión a la que llegamos es que la expansión de las nuevas
tecnologías puede favorecer el desarrollo de una ciudadanía
más participativa y contribuir decisivamente a que se refuerce
la legitimación y el liderazgo de la Administración. Sólo
hace falta que ésta dé el primer paso para convencer a los ciudadanos
de su deseo real de apertura.
Algunos enlaces de Ayuntamientos que utilizan el panel de ciudadanos:
Castle
Morpeth Borough; Kerrier;
Redbridge;
Carmarthenshire;
Issy;
Brent;
Norfolk;
Bournemouth;
Tyneside;
Angus;
Hastings;
Trafford;
Derbyshire;
Argyll
- Bute
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Oriol Llauradó es Responsable
de Estudios Ciudadanos de Netquest