¿Qué saben los hoteles sobre sus clientes?
por
Álvaro González-Alorda
26/11/2004, 09:12 GMT+1
La sencilla y poco comprometida operación de introducir su nombre y
apellidos entrecomillados en un buscador puede revelar a cualquiera información
sobre en qué congresos ha participado recientemente, o qué artículos
ha escrito, o en qué empresas ha trabajado, por ejemplo. O incluso mostrar
su foto. Cuanta más información válida
se tenga sobre la persona que está al otro lado de la mesa, del teléfono
o del mostrador, mucho mejor, ¿no?
A un distribuidor de cine le sería muy útil conocer con exactitud
el día y la sala a la que los espectadores irán a ver su película;
cualquier discográfica desearía tener el email de los fans de
sus artistas; y un fabricante de móviles querría saber con antelación
qué aplicaciones prefieren los usuarios que están pensando cambiar
de teléfono.
Un hotelero, por su parte, no sólo sabe cuándo llegan y se marchan
sus clientes, cuáles son sus datos de contacto y cómo son sus
preferencias de alojamiento. Sabe mucho más que eso,
si tiene los ojos abiertos. Sabe si les gustan las almohadas de plumón,
si son vegetarianos, si juegan al golf, si utilizan el SPA o si toman el gin-tonic
en copa de balón…
Y es que, probablemente, no existe negocio más apropiado que el hotelero
para desarrollar estrategias de CRM (Costumer Relationship
Managment). Es decir, para poner en práctica lo que la industria del
cine o de la música ya asumieron hace tiempo: que para mantener una relación
duradera con los clientes, deben conocerlos personalmente,
atender a sus necesidades específicas y establecer con ellos conversaciones
interpersonales. Y que Internet es la plataforma adecuada.
En los últimos años se han producido cambios sustanciales en
los procesos de compra de servicios turísticos y hoteleros, y también
en el perfil de los clientes que proporcionan mayor margen de beneficios. Estudios
recientes indican que el 50 por ciento de los diez millones
de españoles que viajan ha rastreado Internet para decidir su viaje (esta
cifra asciende al 75 por ciento en Estados Unidos), y el 25 por ciento compra
servicios turísticos online.
Sin embargo, las estrategias de marketing del sector hotelero, que –ebrio
de éxito- nunca se ha caracterizado por estar en la vanguardia de la
innovación tecnológica, rara vez se distinguen de un modelo
que se está haciendo viejo: intermediarios, touroperación,
costosas campañas de publicidad, folletos y la fuerza de ventas centrada
casi exclusivamente en los grupos que, en hoteles de cierta categoría,
con frecuencia espantan a la clientela individual, la más valiosa.
El desafío de la industria hotelera
La industria hotelera española, que aunque atraviesa momentos de crisis
facturará 8.900 millones de euros en 2004, debe aprovechar
el desafío de relacionarse de modo individual con sus clientes a través
de Internet, que se ha convertido en el primer punto de contacto con ellos.
Cada vez que un usuario de Internet aterriza en la página web de un
hotel, se produce una interacción con la marca. Esta
interacción puede ser positiva y contribuir al fortalecimiento de la
marca, o puede ser negativa y erosionarla. Desgraciadamente para muchos hoteleros,
con frecuencia, una visita a la página web del hotel se convierte en
el último contacto con esos clientes.
En este sentido, conocer a los visitantes de la página
web del hotel o de la cadena, constituye un aspecto extremadamente importante
a la hora de diseñar la estrategia de marketing. Así, cada segmento
de usuarios debería poder identificar claramante las áreas del
web que les resultan relevantes. Los usuarios de Internet no visitan la página
web hotel como Fulanito o Menganita, sino como turista de ocio, viajero de negocio,
coordinador de grupos, etc.
Un estudio realizado sobre 40.000 clientes que han visitado las páginas
web de las 30 principales cadenas hoteleras del mundo revela que el 56 por ciento
de las visitas son de turistas de ocio, el 32 por ciento de viajeros de negocio
y el 3 por ciento de coordinadores de grupos o convenciones.
Comprender el motivo por el que los clientes visitan la página
web es el primer paso para construir una base de datos que, de un vistazo, permitirá
identificar cuáles son los clientes más valiosos según
el principio 80/20 (el 20 por ciento de los clientes genera el 80 por ciento
del negocio).
Esta base de datos de clientes, convenientemente segmentada, es el medio más
apropiado para establecer una política de comunicaciones personalizas
con los clientes y para lanzar promociones segmentadas por perfiles de interés
a través del correo electrónico y de la página web.
En pocas palabras, la industria hotelera española necesita abordar una
nueva estrategia de marketing más rápida, más eficaz y
menos costosa, si no quiere quedarse anquilosada y volver a justificar
peores resultados en 2005 con la entelequia de que ha entrado en crisis
el turismo de sol y playa.
Estrategias de fidelización
Por otra parte, la conocida dificultad de garantizar la fidelidad de los clientes
en Internet -la competencia está a sólo un clic de distancia-
debería incentivar aún más a los hoteleros a realizar programas
y propuestas de fidelización inteligentes, en vez de limitarse
a reducir los precios, estrategia que no representa ningún incentivo
a permanecer fiel a un determinado hotel, y que perjudica globalmente al sector.
Conviene subrayar que la satisfacción del cliente, considerada comunmente
como la piedra de toque de la gestión hotelera, tampoco asegura el retorno
de los clientes. Más bien, la fidelidad al propio establecimiento o marca
se logra cuando, además de satisfacción, hay una alta implicación
del ego del cliente, fenómeno que paradójicamente tiene
el efecto de reducir la sensibilidad al precio.
Esta implicación del ego del cliente, que responde a un elemental principio
psicológico denominado “necesidad de reconocimiento”, y que
es del todo esencial para la cuenta de resultados del hotel, apunta directamente
a la importancia de los recursos humanos en la industria hotelera.
Cuando los estándares de calidad de las instalaciones hoteleras son
altos y bastante parecidos, la diferencia la marca, principalmente, la sonrisa
de la recepcionista, la eficacia del conserje, la atención a los detalles
de la camarera de habitaciones, las habilidades gastronómicas del chef
y, por supuesto, el liderazgo del director comercial para embarcar a su fuerza
de ventas en una estrategia de marketing moderna.
En consecuencia, una política inteligente de fidelización de
clientes pasa de modo necesario por una adecuada formación e
incentivo del equipo humano del hotel. Y, cómo no, por incorporar
al equipo directivo perfiles profesionales procedentes de otras industrias con
el fin de huir de una empobrecedora endogamia y de proporcionar mayor frescura
a la gestión.
En síntesis, los hoteles y cadenas que mediante la implicación
de su equipo humano establezcan una relación interactiva con sus clientes
a través de Internet y del correo electrónico, lograrán
aumentar el retorno de clientes, incrementarán sus ingresos y contribuirán
a fortalecer la fidelidad a la marca. Además de fortalecer a un sector
que representa el 12 por ciento del PIB y que sostiene a la economía
española.
Álvaro González-Alorda
es periodista especializado en Marketing Relacional Turístico.
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