Los temblores de Hollywood frente al DeCSS y a Scour Exchange
por
Melisa Tuya,
25/07/2000
22:13 GMT+1
La pelea entre la industria discográfica e Internet empieza a ser ya un clásico, revitalizado últimamente gracias a herramientas como Napster. El intercambio de archivos musicales es una realidad con el suficiente tamaño como para poner en pie de guerra a discográficas, asociaciones de autores y artistas partidarios de batirse el cobre por sus intermediarios.
Hasta ahora la industria cinematográfica vivía tranquila. El tamaño de las películas y la calidad de las conexiones caseras alejaba los temores de productoras, distribuidoras y demás ralea. Pero la época en la que esta industria observaba desde la barrera, tranquila y a salvo, las desventuras de su homóloga discográfica, ha llegado a su fin.
Apenas habían empezado a darse cuenta de que Internet es una estupenda herramienta de marketing, cuando la bestia se ha revelado negándose a ser domesticada. No es que la industria cinematográfica esté empezando a verle las orejas al lobo, es que le tiene presente de cuerpo entero, musculoso y con los colmillos muy afilados. Responde (de momento) por dos nombres: Scour y DeCSS.
Primero fue el DeCSS
El primer engendro del diablo fue DeCSS, el famoso reventador de las protecciones instaladas a los DVDs. Con este programa desaparecían las diferentes zonas geográficas impuestas por la industria cinematográfica para vender repetidamente las películas. Gracias al DeCSS, por fin un reproductor de DVD europeo podía leer las películas norteamericanas, por poner un ejemplo.
A mediados de enero, las 30 principales productoras y distribuidoras de cine (Universal, Paramount, Metro-Goldwyn-Mayer, Tristar, Columbia, Disney, Twentieth Century Fox, Time Warner..) agrupadas bajo el nombre de MPAA (Motion Picture Association of America) respondieron de la única manera que sabían a esta potencial amenaza para sus ingresos: enviando a su legión de abogados.
Este mismo mes el adolescente noruego de 15 años responsable del DeCSS fue llevado a comisaria e interrogado a instancias de la MPAA. Al pobre muchacho y a su padre, cuyo delito fue albergar en el servidor de su empresa las páginas de su hijo, les han caído encima Sony, Universal y Warner, entre otras. Una medida muy peculiar, por no decir otra cosa. En lugar del asesino, le buscan las cosquillas al inventor de la pistola.
Después la MPAA se embarcó en una denuncia contra los dos neoyorquinos que tenían en su web el polémico programa desencriptador. Pobre triunfo teniendo en cuenta que el crack encontró réplica en miles de sitios webs incontrolables nada más hacer acto de presencia en la Red.
P>Una de las últimas demandas la han recibido los editores de la legendaria revista de 'Hacking' y 'Phreaking' 2600, a los que acusan de distribuir una herramienta de piratería. No compensa embarcarse en un costoso proceso para evitar que el DeCSS esté en un nodo cuando hay otros miles que los albergan. Cerrarlos todos es evidentemente imposible.
De momento las represalias contra Jon Johansen, el chaval noruego que creo el polémico DeCSS, no les están saliendo demasiado bien. Johansen acudió al juicio en Estados Unidos (donde fue aclamado como un héroe) y aseguró en su defensa que creó el DeCSS para poder reproducir DVDs para GNU/Linux y alegó que fueron razones técnicas las que le obligaron a empezar programándolo para Windows.
Pese al empeño de la MPAA por dar un escarmiento al chico, el gobierno noruego ha concedido un premio a Jon por sus notas en el instituto y por la innovación tecnológica que llevó a cabo al programar DeCSS; y el parlamento noruego le ha pedido excusas por el tratamiento sufrido tras la publicación del código fuente.
El desalentador (para la MPAA) desarrollo de las diferentes denuncias y del juicio que comenzó el 14 de julio para frenar al DeCSS se puede encontrar en la página de la Electronic Frontier Foundation (EFF).
Lo único que está consiguiendo la Motion Picture Association con esta estrategia de demandas en serie es demostrar que no tienen la menor idea de cómo parar un fenómeno que les aterra. En vez de actuar como pollos sin cabeza deberían recapacitar, echar un vistazo al escaso resultado que la industria discográfica ha obtenido de sus numerosas demandas, y replantearse su negocio.
Scour Exchange, la amenaza ha llegado
La segunda forma bajo la que se ha presentado la bestia se está mostrando aún más peligrosa. Scour es un sistema de intercambio de archivos cuyo funcionamiento es muy similar a Napster, principal pesadilla de las discográficas. La novedad radica en que los usuarios de Scour Exchange no sólo intercambian música en Mp3, también se pasan películas. No trailers, sino películas enteras y verdaderas. Al poco de su estreno, o incluso antes, todo depende de la parte del mundo en que uno se encuentre.
Por ahora no hay demasiadas películas, están sobre todo aquellas más acordes con los gustos de los internautas como el largometraje animado de ciencia-ficción Titan AE o X-Men, la versión Hollywood del legendario cómic de la Marvel. Los últimos y multitudinarios estrenos como Misión imposible 2, El patriota o La Tormenta Perfecta también se pueden hallar en el corazón de Scour Exchange.
No es ni mucho menos un sistema perfecto de intercambio de vídeo. De hecho, los archivos más intercambiados en Scour Exchange son los de música. Cualquiera que desee ver una película antes que nadie debe descargarse entre una media de 150 Mb y estar dispuesto a correr varios riesgos: principalmente que la conexión o la descarga se interrumpan a medio camino y que tras varias horas esperando por la patrulla X, lo que se encuentre en su disco duro sea una película porno o un corto casero de algún despabilado. En cualquier caso supone toda una amenaza, sobre todo porque lo que sí circulan son vídeos musicales y escenas sueltas de películas y series fuera del control de los intermediarios tradicionales.
La RIAA y la MPAA contra Scour
Si Scour.net lanzó Scour Exchange en abril de este año, el 25 de mayo Hilary Rosen, CEO y presidente de la RIAA (Recording Industry Association of America), ya intentó contactar con Ovitz mostrándole su preocupación. A mediados de julio, apenas unos 3 meses después del lanzamiento de Scour Exchange, saltó a los medios de comunicación el rumor de que la MPAA y la RIAA iban a contraatacar llevando a Scour ante los tribunales.
Hace pocos días la MPAA y su prima hermana la RIAA confirmaron los rumores. Estas asociaciones exigen 150.000 dólares por cada canción o película descargada mediante Scour Exchange.
Craig Grossman, CEO de Scour, ha adelantado su defensa ante los tribunales con los mismos argumentos de su hermano mayor Napster. Aseguran que son similares a un proveedor de acceso a Internet (ISP), que su única función es la comunicación, que no son responsables de lo que hagan sus usuarios.
Conviene señalar que el poco probable cierre de Scour no impediría que los internautas continuaran compartiendo archivos de audio y vídeo. Ya hay otros dispositivos que, algunos sin ambición de hacer negocio, lo permiten, como iCraveTV, RecordTV o el popular y temido Gnutella.
El traidor se encuentra entre nosotros
El 51% de Scour pertenece a Michael Ovitz, ex-ejecutivo de la Disney y legendario agente en Hollywood que, con el dinero acumulado gracias a su intermediación en temas de derechos de autor y copyrigth, se ha embarcado en uno de los vehículos que más amenaza a los intermediarios de la industria cinematográfica y discográfica. Con esta inversión se convirtió en el traidor por excelencia para sus antiguos compañeros de industria y un visionario para todos los demás.
Resulta extremadamente peculiar la recelosa manera de reaccionar de los grandes gerifaltes de las tradicionales industrias del ocio ante innovadores sistemas tecnológicos como los nacidos de Internet. En un momento en el que parece evidente que los consumidores desean acceder a la música y las películas a través de la Red, los gigantes del entretenimiento de toda la vida en vez de alegrarse por la irrupción de un nuevo medio que además ya viene con clientes incorporados, empiezan a temblar por la posibilidad de perder su posición.
La pervivencia de su negocio no se puede basar en esta actitud a la defensiva. Embarcarse en una serie interminable de juicios no va a ninguna parte. Se hace imprescindible una renovación intensa. Quizás no tenga éxito, pero desde luego el camino que ha elegido Michael Ovitz, que también es presidente del Artist Management Group, parece el más apropiado que el de Jack Valenti, CEO y presidente de la MPAA.