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Emuladores de videojuegos, convirtiendo el hardware en software

por Melisa Tuya

03/08/2000 19:49 GMT+1

Emuladores. Si hay una palabra que haga retorcerse a prácticamente todos los implicados en la industria de los videojuegos es, sin duda alguna, ésta. Los emuladores y los videojuegos con los que se alimentan (ROMs), nacidos de la nostalgia y al borde de la ilegalidad, se han convertido en una úlcera para los fabricantes de consolas, en un reto y un motivo de orgullo para sus desarrolladores, y en un gozo para sus usuarios.

Fiesta de disfraces para el hardware

Los emuladores son un fenómeno extremadamente interesante. Se trata de unos programas, normalmente bastante pequeños, que emulan (de ahí su nombre) dentro de la computadora el funcionamiento de otras plataformas. Es decir, que hacen creer al PC o al Mac a golpe de código que es una consola, otro tipo de computadora o una máquina recreativa.

Una vez instalado el emulador, que sólo en algunos casos precisa de una máquina puntera con una potente tarjeta gráfica, basta con hacerse con los juegos deseados para alimentar al software de emulación. Estos archivos de juegos se denominan ROMs (read only memory), que nacen tras extraer el código de un videojuego de su soporte original, ya sean CDs o cartuchos. El proceso es muy complejo, sobre todo en el caso de los cartuchos, donde se requiere de un hardware especial.

Mientras la emulación no es una práctica ilegal, el uso de ROMs sí que lo es. Una cosa es vender o regalar un emulador, que es una herramienta neutra, y otra muy distinta es hacer lo mismo con los juegos en formato ROM que sí se considera que atentan contra el copyright. Pero los ROMs también cuentan con una legión de partidarios que defienden que no tendría que ser ilegal, que están en su perfecto derecho de guardar copias de seguridad de sus videojuegos legalmente adquiridos, igual que de otro tipo de software.

¿Cómo conseguir los emuladores y los ROMs? Como siempre, acudiendo a Internet. La mayoría han sido creados por diversión y se distribuyen de forma gratuita. La Red está repleta de todo este tipo de recursos. Y por si los buscadores y Gnutella no fueran suficiente, ha nacido una nueva pesadilla para la industria de los videojuegos: se llama RomNET, un sistema de intercambio de archivos similar a Napster, pero que en lugar de intercambiar música o vídeo, existe por y para los ROMs.

¿De dónde salen los emuladores?

Los primeros creadores de emuladores eran nostálgicos de sus primeros cacharros, que quisieron resucitarlos en las nuevas plataformas de hardware, y nacieron de los ratos de ocio de muchos programadores profesionales o estudiantes de informática. Pero no hay que olvidar que muchos de los mejores programadores, de los más creativos, no trabajan en ninguna compañía ni estudian ninguna disciplina informática: son chavales en la edad de los granos y el exceso de testosterona.

¿Porqué tomarse tantas molestias? ¿Porqué tantos brillantes programadores dedican horas y horas a estos menesteres? Por el reto que supone convertir el hardware en software. Los emuladores son una de sus mayores inspiraciones. "Es un proceso estimulante y fascinante" afirma uno de ellos.

La experiencia dice que una vez que nace un nuevo soporte de hardware, el correspondiente emulador tarda aproximadamente 2 meses en aparecer. Y con la creciente mejora de la capacidad gráfica de las computadoras personales, este baremo tiende a disminuir.

Emulando todo lo que se mueva

Hay demasiadas plataformas de juego en el mercado como para que un chaval loco por los videojuegos, normalmente con escasos recursos, pueda disponer de todas. Por poner un ejemplo, contar con las tres principales consolas del mercado (PlayStation, Dreamcast y Nintendo 64) además de una computadora personal, saldría aproximadamente por unos 700 dólares. Y eso sin contar con el precio de los juegos y que cada cierto tiempo aparecen nuevos modelos de consolas. Demasiado caro.

Pero muchos juegos son exclusivos para Nintendo, Sega o Sony ¿Cómo soportar no poder jugar con ellos? El hambre agudiza el ingenio, y la respuesta para los ‘jugones’ viene de la mano de los emuladores. Un fenómeno que crece exponencialmente día tras día y que amenaza un mercado que mueve miles de millones al año. Un reciente estudio IDC estima que el mercado de las consolas generará unos 3.300 millones de dólares en el año 200.

Pero los emuladores no sólo convierten una computadora en una colección de las consolas más punteras. Los emuladores también recuperan para los nostálgicos los juegos de las viejas plataformas de los años 80 como el MSX, Spectrum, Atari, Sega Genesis... De hecho nacieron con esa intención. Uno de los emuladores más populares es M.A.M.E. (Multi Arcade Machine Emulator). Tampoco conviene olvidar los emuladores de máquinas recreativas, todo un logro para no tener que acudir a los salones recreativos de la esquina con una carretilla de monedas.

Según aparecen nuevos dispositivos susceptibles de albergar un emulador, surgen nuevos emuladores. Hace tiempo que existían emuladores para Windows CE de GameBoy, la exitosa consola de bosillo de Nintendo, uno de los más populares es Virtual Game Boy. Actualmente el incremento de las computadoras de bolsillo o 'handhelds' es el responsable del nacimiento de Liberty.

Los proveedores de software Gambit Studios han desarrollado Liberty, un emulador que transforma cualquier PDA equipada con el sistema operativo de Palm en una Gameboy con más de 4.000 juegos. Disponer de Liberty cuesta apenas 17 dólares y una GameBoy Color ronda los 75, por lo que resulta comprensible que Nintendo no esté demasiado contenta con esta aparición. Muchos ejecutivos en cambio no caben en sí de gozo; ahora podrán simular que trabajan duramente en sus dispositivos portátiles cuando en realidad se están evadiendo de sus reuniones jugando a Pokemon.

La batalla legal de los emuladores

Una de las principales preocupación de la Interactive Digital Software Association (IDSA), entre cuyos socios destacan Sony, Nintendo y Sega, consiste en perseguir con saña los nodos que contienen ROMs y en quejarse amargamente afirmando que los emuladores atentan contra sus derechos.

Las iras de Sony, sin duda la compañía que más se ha enfrentado a los emuladores, despertaron primero con Connectix y luego con Bleem. Connectix es una empresa de software de California que empezó a vender su Virtual Game Station (VGS), un emulador de PSX para Mac, sin imaginar el proceso legal en el que se iba a ver embarcado. Connectix es popular por su Virtual PC, un emulador de PC para que los usuarios de las computadoras de Apple pudieran ejecutar aplicaciones de PC en sus queridos Macs.

Bleem es otro emulador de PlayStation desarrollado por tres programadores que crearon una empresa para comercializarlo por 20 dólares (una PlayStation cuesta cerca de 150), y del que ya han vendido cerca de 300.000 copias. La gente de Bleem se encontró con la demanda de Sony apenas dos días después de que empezara a admitir los primeros encargos en marzo de 1999. En una sorprendente vuelta de tuerca, Bleen presentó en el último E3 (la mayor exposición de videojuegos) una nueva versión de su emulador que convierte a Dreamcast, la nueva consola de Sega, en una PlayStation con mejor calidad que la original.

De momento Sony no ha tenido éxito en su batalla legal a dos bandas. Al fin y al cabo estos emuladores estaban diseñados para operar con los juegos legales y originales. No obstante, Sony estuvo a punto de convencer al jurado de la ilegalidad de estos programas alegando que emplearon ingeniería inversa para generarlos, pero por el momento no ha tenido éxito, como dice el responsable de Bleem: "Nosotros ejecutamos el mismo software, pero la manera en que lo hacemos es completamente diferente". Eso sí, ninguno de los dos casos está cerrado.

Mientras Sony se pelea con el software de emulación, Nintendo y Sega se caracterizan por perseguir los juegos existentes en formato ROM, principalmente cerrando los sitios que los albergaban. El problema a la hora de detener este tráfico es que a nadie se le ocurriría montar una empresa dedicada a esto, y, como en tantos otros casos, pretender hacer desaparecer todos los millones de páginas que contienen ROMs es una utopía.

Una posible solución sería construir una máquina imposible de ser emulada, pero tampoco parece algo posible, al menos por el momento. Sega aseguró que su Dreamcast estaba blindada para evitar este tipo de práctica, y hace más de un mes ya aparecieron unos hackers declarando orgullosos que habían roto los sistemas de seguridad de la nueva consola de Sega.

Impedir que los ROMs se propaguen por la Red es imposible, eliminar el software de emulación no está resultando nada fácil, pero si a los tres gigantes del mercado de las consolas se les apareciera un genio tras frotar una lámpara de aceite, sin duda uno sus deseos sería acabar con este prodigio de la programación, porque podría extenderse una peligrosa idea... ¿Quién necesita consolas teniendo una buena computadora y todo un universo de la emulación en el interior de Internet?




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