Las incubadoras se aceleran
por
Rosa Herranz
01/09/2000, 16:06
Durante las décadas de los 80 y 90 muchos pequeños negocios se gestaron en el confortable ambiente de las incubadoras, con todos los servicios que éstas proporcionan, tanto el espacio físico como la asesoría legal, marketing, tecnología, o desarrollo de negocio, sin olvidar la financiación.
Sólo en 1998 nacieron 898.000 ciberempresas, según un informe de la Small Business Administration. Tanto empresarios como inversores han tenido que enfrentarse a este tremendo crecimiento, que les ha obligado a transformarse para adaptarse al ritmo de la Nueva Economía. Para hacerse cargo de este aluvión de startups, que precisan ayuda temporal o permanente, a lo largo de 1999 se crearon cerca de 300 incubadoras de empresa, dos tercios de las cuales son americanas. Nacieron hasta seis nuevas incubadoras por semana; aunque ahora las cosas están empezando a cambiar...
Llegaron momentos de vacas flacas, el Nasdaq comenzó a caer, la fiesta se acabó y llegó la resaca. Por poner algún ejemplo, las acciones de cuatro de las principales incubadoras, entre ellas CMGI, fueron duramente golpeadas en el mercado. Otra de las grandes, Divine InterVentures, se vio obligada a retrasar siete veces su OPV y cuando finalmente se atrevió a lanzarla los inversores la ignoraron en sus primeros días de cotización.
Problemas que acechan a las incubadoras
Otras incubadoras comenzaron un periodo de declive. Según los analistas, uno de sus principales problemas fue que muchas tenían tan poca experiencia como las empresas que incubaban. Más del 80% de las 350 incubadoras de empresas que ha analizado Harvard Business School, en un informe publicado el pasado mes de junio, tenía menos de un año de vida. Cuando una incubadora está intentando dar sus primeros pasos y consolidarse, le queda poco tiempo para ocuparse de los demás. Con esta situación no parece extraño que un gran número de startups cierre antes de alcanzar sus objetivos, e incluso cuando comienza a dar sus primeros pasos.
Pero además, las incubadoras entraron en un periodo en el que se vieron incapaces de continuar obteniendo dinero; financiar todo el proyecto de puesta en marcha de un negocio es caro. Lo habitual es que detrás de una incubadora hubiera una sociedad de capital riesgo preparada para respaldar con paciencia los proyectos nacientes. Pero Internet ya no es la excusa para justificar la ausencia prolongada de beneficios y los inversores exigen respuestas inmediatas y garantías de éxito en un mercado cambiante, volátil y lleno de incertidumbres sobre el futuro.
El papel de las incubadoras comenzó a diluirse a medida que se generalizaba el acceso a otras fuentes de financiación (como los 'ángeles inversores'), y no son pocos los empresarios que deciden prescindir de ese 'padre protector" al considerar abusivos los porcentajes de capital que deben ceder a cambio de apoyo y velocidad de desarrollo.
Los modelos tradicionales de incubadoras de empresa se muestran ineficaces y se empiezan a transformar las estrategias de negocio. El primer movimiento consiste en cambiar de nombre; en lugar de incubar apuestan por acelerar.
Cuestión de matices
Ante la difícil situación que atraviesan algunas startups, los inversores quieren curarse en salud y reducir el riesgo de sus apuestas; sus exigencias son cada vez más severas y quieren ver resultados cuanto antes. Mejor que comprometerse poniendo en marcha nuevas ideas, las 'aceleradoras' insuflan oxígeno -dinero, tecnología, marketing, conocimientos- ha proyectos que, de alguna manera, ya tienen los pies en la tierra (aunque sea en la del ciberespacio).
Así, tratan de aligerar el proceso de consolidación y alcanzar objetivos en mucho menos tiempo que el que le llevaría a una empresa tradicional o a una startup que camina por su cuenta. Crear más valor con mayor rapidez es una de sus premisas, por los beneficios que supone tanto para las empresas como para los inversores.
GorillaPark vale como ejemplo de aceleradora europea. En su modelo de negocio se prevé que en dos años, las empresas bajo su guía hayan alcanzado un tamaño y financiación suficiente que les permita lanzar su OPV.
La idea de la aceleradora no es apostar por un proyecto, sino por una empresa. Analiza la viabilidad del plan de negocio, pero la ejecución depende de la propia startup, que, eso sí, cuenta con su aceleradora para tener a mano las herramientas que precise alcanzar su meta.
Detrás de una aceleradora puede haber una gran consultora o profesionales expertos que individualmente asesoran y facilitan sus contactos a cambio de una participación en las acciones de la empresa.
¿En qué cambia la situación de las 'startups'?
Una incubadora ha de apostar y confiar en un proyecto y un modelo de negocio que aún no se ha materializado; para eso existen, para hacerlo realidad. Participan en las etapas iniciales de la empresa proporcionando todos los recursos necesarios para poner en funcionamiento la compañía. Las ciberempresas, por lo general, tienen un ciclo de vida más rápido que las compañías tradicionales, por lo que deben caminar con pies de plomo. Los seis primeros meses de vida de una startup son decisivos y marcan el rumbo que va a tomar la empresa; un error al comienzo de la andadura puede ser definitivo.
El nuevo concepto de aceleradora implica desentenderse de una parte de la actividad que realizaba la incubadora. Ya no cría a su retoño al calor del hogar: no proporciona un espacio físico en el que trabaje la startup, sino que facilita los medios y los contactos necesarios para que se desarrollen a un ritmo más rápido del habitual. El objetivo es que presenten resultados positivos cuanto antes a fin de que los inversores se sientan atraídos por ellas y puedan, cuanto antes, lanzarse a la bolsa.
Incubar, no por favor
Tradicionalmente son dos los modelos de negocio que las incubadoras han llevado a la práctica. Uno de ellos consiste en que una vez que las empresas ya se han consolidado y han alcanzado su madurez éstas se independizan y vuelan por su cuenta, tarea que llevan a cabo empresas como IdeaLab o eCompanies. El otro modelo, característico de CMGI o Divine InterVentures, consiste en crear y consolidar compañías con el objetivo de integrarlas en su holding, para formar una red de información, recursos y conocimiento de la que todas las compañías del grupo se puedan aprovechar.
Pero lo que se lleva ahora son las aceleradoras tipo GorillaPark, que apuestan por reducir al mínimo el periodo de tiempo que tiene que atravesar una empresa desde el momento de su nacimiento hasta su consolidación y salida a bolsa. Atrás va quedando la idea de la incubadora que ayuda a caminar a sus polluelos. Ahora éstos deben correr para alcanzar su meta en un tiempo récord.