Mp3.com: David aplastado por Goliat
por
Ignacio Gómez
11/09/2000, 21:01
MP3.com es un proveedor de servicios musicales que permite comprar, escuchar y almacenar CDs, tanto de nuevos grupos y cantantes como de autores consagrados. Michael Robertson, su fundador, fue junto con Shawn Fanning, el creador de Napster, uno de los primeros en adivinar el rumbo que podría tomar la industria musical con el advenimiento de Internet. Contra viento y marea y ganándose la enemistad de todas las grandes discográficas, la compañía fue haciéndose un hueco entre los navegantes.
Hasta que uno de sus servicios, MyMP3.com, lanzado a comienzos de año, se adentró en un terreno espinoso: el de los derechos de autor. Las discográficas y la Recording Industry Association of America (RIAA) vieron un punto débil por el que derribar a su adversario y no se lo pensaron dos veces. Después de perder un juicio que puede costarle cientos de millones de dólares, y a pesar de haber hecho concesiones y firmado acuerdos con algunos de sus principales enemigos, MP3.com es víctima de los sinsabores que conlleva ser un pionero y de la irresponsable audacia de sus gestores.
Subido al carro del MP3
Michael Robertson decidió, allá por noviembre de 1997, explotar el filón del incipiente fenómeno del formato MP3, cuya presentación en sociedad había tenido lugar, de la mano del Motion Pictures Experts Group (MPEG), cinco años antes. Internet, con su fenomenal tasa de crecimiento y con cientos de millones de jóvenes navegantes amantes de la música, era el caldo de cultivo perfecto en el que crear una empresa de almacenamiento y distribución de ficheros musicales.
La compañía nació en marzo de 1998 y en sus comienzos se concentró exclusivamente en la promoción de nuevos talentos. Pero fueron sus servicios estrella MyMP3.com y Beam-it, lanzados a comienzos de 2000, los que contribuyeron a extender su nombre entre los navegantes y originaron la controversia que pronto asolaría la compañía. Ambos permitían a los navegantes almacenar sus CDs de forma gratuita en la Red en formato MP3. Una vez insertado el último disco de Metallica en el CD-ROM, el software de la compañía identificaba el autor y realizaba una copia del disco original tomada de su base de ficheros digitales. A los pocos minutos, el navegante disponía de las canciones del disco en su cuenta privada de la Red, listas para ser escuchadas desde cualquier ordenador.
Unos comienzos arrolladores
Al igual que Napster, MP3.com fue recibida por los navegantes como agua de mayo. Gracias a la favorable coyuntura, la compañía salió a Bolsa en julio de 1999 (12,3 millones de acciones a 28 dólares cada una). El primer día de cotización la acción llegó a alcanzar los 105 dólares (antes de cerrar a 61), lo que elevaba el valor de la empresa a 7.000 millones de dólares, de los cuales el 37% pertenecían a su fundador. Los primeros meses fueron buenos y la acción se situó en torno a la barrera de los 70 dólares. Sin embargo, en noviembre comenzó el calvario. Los títulos de la compañía comenzaron a rodar cuesta abajo por una pendiente interminable. Hoy, apenas un año después, MP3.com ha perdido cerca del 80% de su valor respecto al precio de la OPV y trata de aferrarse al escalón de los 6 dólares.
Mientras la acción cae, las métricas suben como la espuma. En julio de 2000 la compañía hizo públicas sus últimas cifras. Por aquel entonces, 87.700 artistas y 562.800 canciones podían encontrarse en su nodo.
Pero este éxito, como repite machaconamente la (RIAA), el principal defensor de la tradición y del oligopolio de las discográficas en el mundo de la Red, se apoya en servicios que se sitúan en el filo de lo que las leyes de protección de la propiedad intelectual consideran como aceptable, por lo menos tal y como hoy en día están redactadas.
El problema era sencillo. Si bien las cuentas individuales de los usuarios estaban protegidas por claves, bastaba con compartirlas con otros navegantes para poder intercambiarse CDs sin coste ninguno. Además, la RIAA aseguraba que la práctica de MP3.com de generar una inmensa base de datos de ficheros MP3 también era ilegal. En el fondo, MP3.com era víctima de la calidad del formato MP3 (similar a la del CD) y de la facilidad de distribución. Si bien las compañías están dispuestas a aceptar el copiado y distribución de CDs en cintas (después de todo no se oyen tan bien y además conlleva bastante trabajo), MP3.com era un servicio que permitía "copiar" miles de discos de forma casi perfecta e instantánea. Demasiado bonito para ser cierto. Los ejecutivos de las grandes compañías musicales, temiendo el suelo se abriera bajo sus piernas, no tardaron en llamar a sus abogados.
La larga batalla judicial
Al cuello de MP3.com se lanzaron pues las cinco compañías discográficas más grandes del mundo con el apoyo de los letrados de la RIAA. En enero de 2000 la demanda ya estaba encima de la mesa del juez. A finales del mes de abril y después de que la propia MP3.com hubiera demandado a la RIAA por poner a los analistas financieros en su contra (la demanda fue retirada silenciosamente al poco tiempo), el juez dio la razón a la RIAA: la creación de una gigantesca base de datos (45.000 CDs) con las canciones de las grandes discográficas violaba los derechos de autor.
Éste fue el inicio de un reblandecimiento de la postura de MP3.com. Con el fin de llegar a compromisos con las discográficas antes de que se fijase la cuantía de la indemnización y se determinara la "intencionalidad" de sus actos (había que dilucidar si Mp3.com era verdaderamente consciente de lo que implicaba no haber requerido el permiso de las discográficas antes de crear su librería de música digital), Mp3.com fue cediendo terreno progresivamente. Cerró el acceso a MyMP3.com a las canciones de los músicos editados por las grandes discográficas (todavía se podían escuchar las canciones de artistas menos conocidos) y modificó el servicio de forma que sólo se pudiera hacer "streaming" (escuchar música mientras se descarga el fichero) una vez que se hubiera demostrado que se era poseedor del CD original. También firmó, en el mes de mayo, un acuerdo con Broadcast Music (BMI), una de las organizaciones estadounidenses que controla los derechos de los autores de canciones.
A pesar de su actitud conciliadora, durante los meses de verano sólo logró llegar a un compromiso con cuatro de las discográficas (Time Warner Music Group, Sony Music, EMI Group y BMG Entertainment). Los acuerdos incluían fórmulas compensatorias (que se estiman cercanas a los 20 millones de dólares) además de futuras comisiones que habrían de aplicarse sobre las canciones subidas a la Red y escuchadas por los navegantes.
Mientras, Universal, la compañía propiedad de Seagram y la mayor discográfica de los Estados Unidos, seguía empecinada en hundir un puñado de clavos en el ataúd de MP3.com y se negaba a alcanzar ningún tipo de compromiso.
Para horror de Robertson y del resto de accionistas de MP3.com, el juez se mostró inflexible y la compañía fue encontrada culpable de "intencionalidad", aumentando así la cuantía de la indemnización. La pena impuesta, 25.000 dólares por cada CD copiado, con lo que el total de la sanción (que por supuesto está en proceso de recurso y se espera llegue hasta el Supremo) será de 118 millones de dólares (siempre y cuando el juez acepte que MyMP3.com alberga 4.700 CDs copiados y no 10.000, como argumenta Universal). Todo un torpedo en la línea de flotación de la compañía que puede terminar con ella en el fondo del mar. Lo que Robertson y muchos no entienden es la tozudez de Universal, que se ha negado una y otra vez a firmar ningún tipo de compromiso.
Porque, más allá del perjuicio económico, MP3.com "necesita" la librería musical de Universal. El servicio MyMP3.com no tendrá éxito si los navegantes no pueden subir las canciones de muchos de los cantantes más importantes del país.
En cualquier caso, la batalla judicial se espera que sea muy larga. Esa es la espina a la que se aferran los responsables de Mp3.com mientras suspiran por un acuerdo. A esta esperanza se suman otras triquiñuelas legales que presumiblemente darán más de un quebradero de cabeza a los abogados de la Universal y que, como sostienen algunos expertos legales, son sólo una forma de verter niebla sobre un caso que hoy se presenta muy negro para la compañía de Robertson.
El incierto futuro de MP3.com
El via crucis de MP3.com es el de una compañía que trata de desligarse de su imagen de "pirata" musical. Después de todo, MP3.com ha hecho y sigue haciendo mucho por la promoción de artistas noveles. Su error fue tratar de facilitar la vida a sus usuarios. En vez de obligarles a subir sus propios discos a la Red (con el tiempo y ancho de banda que eso requiere), algo en principio no censurable, creó una base de ficheros que los navegantes podían almacenar una vez que demostraban que eran dueños de los CDs. Pero, ¿qué sucederá cuando el ancho de banda permita a los usuarios subir los discos en cuestión de minutos? Ni MP3.com quiere desaparecer del mercado ni las discográficas, después de un prolongado período de ceguera, son capaces de despreciar el lucrativo negocio de la música digital.
El acuerdo firmado por MP3.com con cuatro de las mayores discográficas mundiales debería ser un indicio de por dónde van a ir los tiros en el futuro. Porque MP3.com pretende ser un negocio rentable, no una mártir –al estilo de Napster o similares- que entregue su vida a cambio de una modificación de las leyes de la propiedad intelectual. Pero aún con acuerdo el futuro de la compañía no está del todo despejado. La competencia (Emusic.com, RioPort.com, etc.) cada vez es mayor y, al contrario que MP3.com, no tiene que cargar con el lastre de ser el primero. Por otro lado, la obstinación de Universal puede ser el pistoletazo de salida que aprovechen docenas de pequeñas compañías discográficas cuyas canciones también tienen cabida en MyMP3.com para abalanzarse a los tribunales de justicia en busca de parecida compensación.
La que todavía permanece enrocada en su posición, como un rey loco al que hubieran abandonado todos sus súbditos, es la RIAA, que continúa gastando su tiempo en impulsar la Iniciativa Segura Digital o SDMI (Secure Digital Initiative), un movimiento que ha tardado casi tres años en crear un nuevo formato supuestamente "infranqueable" que habría de suplantar al MP3. Tan orgullosos están de su obra que ya han retado a la comunidad hacker para que encuentre una rendija por la que romper sus barreras de entrada. El ganador, si es que lo hay, se llevaría 10.000 dólares de premio.
Sin embargo, en esta última empresa parecen haberse olvidado de quienes le pagan, en última instancia, su salario: los aficionados a la música y compradores de CDs. Estos no quieren comprar nuevos reproductores que sólo funcionen en el estándar de la RIIA, y parece difícil que lo hagan cuando existen millones de CDs susceptibles de ser ripeados y subidos a la Red.
Con iniciativas como ésta, propias de caciques o dictadores, los usuarios seguirán abrazando con entusiasmo programas como Naspter o servicios como MyMp3.com. Si tan sólo Universal o la RIAA fueran capaces de darse cuenta de ello...