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Brokers online: el camarote de los hermanos Marx
por Ignacio Gómez
14/09/2000, 20:36

El número de entidades que ofrecen servicios de intermediación online crece sin parar a ambos lados del Atlántico. Si primero fueron pequeñas startups (hoy gigantes) quienes quisieron ponérselo más fácil al cliente, en seguida fueron las grandes entidades financieras offline las que recuperaron el terreno perdido. La competencia se recrudece y el inversor particular observa con agrado como las comisiones disminuyen y los brokers tiran la casa por la ventana (y reducen sus márgenes al mínimo) con el fin de captar nuevos clientes y seguir creciendo. Sin embargo, hay demasiados jugadores y no todos llegarán a ver el umbral de rentabilidad. Como predicen muchos analistas e indican los mercados financieros, que últimamente se ensañan con este tipo de valores, puede ser el momento de una consolidación más que necesaria.

Europa despierta

Si en algo los europeos estamos en franca desventaja frente a los estadounidenses es en nuestra fiebre inversora. En Europa, un continente fragmentado en multitud de naciones, las Bolsas siempre han tenido pequeño tamaño y los ciudadanos, casi siempre protegidos por el Estado, no hemos tenido una necesidad histórica de construir carteras de valores con las que asegurarnos el futuro. Mientras que casi un 50% de la población estadounidense posee acciones, en Europa la cifra apenas supera el 12%. Pero las cosas han cambiado y la inversión en Bolsa va perdiendo el brillo de la novedad. Sólo en el primer semestre del año el número de inversores online en Europa occidental dobló su número, siendo los alemanes (54% del total) e italianos los más entusiastas, como afirma un estudio de J.P Morgan. A finales de año, habrá 4,4 millones de cuentas de valores online en el continente, que crecerán hasta los 16,8 millones en el año 2003, según IDG.

Para las entidades es fundamental hacerse con la mayor cuota de mercado posible antes de que la competencia crezca hasta el punto de que los ciudadanos no sean capaces de elegir entre la maraña de compañías y servicios. En esta carrera por la supremacía del sector europeo comienzan a destacarse algunas competidores. Los títulos de algunos de ellos, como Consors o Comdirect, ambos alemanes, se aproximan a los máximos del año, pese a la incertidumbre que asola a la mayoría de los nuevos valores de Internet. Sin embargo, algunos analistas señalan que gran parte de su despegue se debe al súbito interés de los europeos por los mercados de acciones y no a datos financieros objetivos e intrínsecos a las propias compañías. Esto produce hechos tan sorprendentes como que la capitalización bursátil de los brokers europeos se aproxime a la de sus émulos estadounidenses pese a contar con muchos menos clientes.

Por ello, el futuro puede no ser tan halagüeño para este tipo de compañías como su actual valor bursátil señala. Los márgenes de intermediación tienden a menguar cuando se lucha a muerte por los nuevos clientes, y el alto crecimiento en el número de cuentas no puede continuar eternamente, especialmente en lo que respecta a aquellos clientes que operan con relativa frecuencia.

El ejemplo estadounidense

La experiencia norteamericana puede ser un buen indicador del futuro que aguarda a este tipo de compañías. En Estados Unidos el número de cuentas de valores online aumenta a una velocidad de vértigo. Si a finales de año se espera que haya 20 millones de cuentas en los Estados Unidos, en 2003 habrá 15 millones más. Y, sin embargo, las acciones de los grandes brokers como Etrade o Ameritrade están de capa caída. Mientras el primero pierde más del 50% respecto al máximo del año (40 dólares), el segundo se aproxima al 30%, después de que los rumores de compra por parte de American Express y los nuevos informes favorables de los analistas hayan empujado el título hacia arriba.

Unos apuntan con el dedo acusador a la debilidad del Nasdaq y otros a las inquietantes noticias con las que se despiertan los inversores casi todas las mañanas y que dicen poco sobre la seguridad en la Red. Sin embargo, lo que verdaderamente incide sobre las cuentas de beneficios son los elevados gastos de adquisición de nuevos clientes, unido a un descenso en el volumen de operaciones. A mayor número de competidores (hoy en día todos quieren llevarse una tajada del mercado), mayor presupuesto de marketing y publicidad. Por otra parte, no todos los clientes realizan transacciones de forma activa; la mayoría opera con escasa frecuencia (menos aún cuando el mercado no invita a ello) y las compañías deben buscar nuevas (y más seguras) fuentes de ingresos, como la custodia de activos.

Como señala un artículo de la revista Forbes, una de las principales fuentes de ingresos de los brokers norteamericanos son las cuentas de margen ("margin accounts") , que permiten a los clientes tomar prestado del broker para comprar más títulos a cambio de depositar los títulos que ya se poseen como garantía. Los brokers toman el dinero inutilizado en las cuentas de los clientes (que retribuyen a un porcentaje variable, como si fuera una cuenta corriente) y luego se lo prestan a otros clientes ansiosos por comprar nuevos títulos (a los que cobran un interés sustancialmente mayor). Sin embargo, los mercados bajistas hacen que los brokers tomen precauciones ante la posibilidad de quedarse en descubierto (el dinero prestado vale más que los títulos en garantía, cuya cotización cae día a día), por lo que restringen este tipo de operaciones y recortan así sus ingresos.

La estrategia buena no está clara, y mientras unos creen que el camino hacia el éxito pasa por convertirse en el gemelo de Amazon en el mundo de los mercados financieros (Etrade), y ven como sus bolsillos pierden dinero a espuertas, otros (Ameritrade), más conservadores, tratan de confinar sus actividades a un nicho específico de mercado.

Los responsables de las compañías estrujan su cerebro en búsqueda de ofertas más atractivas con las que fidelizar a sus usuarios, al tiempo que se llama la atención a los que operan con el vecino de enfrente. Mientras que Ameritrade ofrece a sus clientes preferenciales (activos de más de 1 millón de dólares) acceso gratuito a través del proveedor 1stUP.com (propiedad de CMGI), Etrade responde regalando una conexión de ADSL a los clientes que operan con mayor frecuencia, e incluso rebajas en las tarifas aéreas gracias a acuerdos con algunas de las principales aerolíneas.

A pesar del andar dubitativo de las compañías, se adivina una tendencia hacia la diversificación de productos y servicios y hacia la consolidación y reducción del número de participantes dentro del sector.

Y Europa tiene grandes visos de seguir por el mismo camino. Sólo el mercado francés cuenta con cerca de 45 brokers locales, lo que lo convierte en poco rentable. Esta situación habrá de cambiar progresivamente. Las entidades europeas son conscientes de que los ingresos por cliente disminuyen a medida que nuevos y menos experimentados inversores contratan sus servicios. Por eso ellas también apuestan por la diversificación y, como en el caso de Consors, por la expansión geográfica, una vez que el mercado alemán está ya esquilmado. A la larga, los intermediarios financieros que cuentan con el apoyo de las grandes entidades bancarias (Comdirect y Commerzbank, Stockbrokers y Barclays Bank, Brokerage24 y Deutsche Bank, etc) son los que cuentan con más posibilidades de sobrevivir en el mercado europeo. Y es que a la fuerte competencia interna se añade el desembarco de los gigantes estadounidenses, como Schwab o TD Waterhouse, que ya luchan por el liderazgo en el Reino Unido.

Estas compañías, pese a la escasa presencia con la que todavía cuentan, hacen de la agresividad su bandera y proclaman su deseo de hacerse con una jugosa porción del mercado de intermediación online europeo. Frente al conocimiento exhaustivo de las entidades europeas de los mercados y peculiaridades locales, los brokers americanos ofrecen su condición de compañías globales, más atractivas para los inversores que quieren operar en todo el mundo. Además, muestran una mayor iniciativa, como demuestra el acuerdo de TD Waterhouse y la Banque Générale du Luxembourg para crear una entidad conjunta en Luxemburgo (paraíso fiscal) destinada a los clientes con mayores fondos; o la alianza de Merrill Lynch y HSBC para lanzar una entidad que permita operar en todo el mundo excepto en los Estados Unidos.

La lucha está servida y, aunque no se conoce el vencedor, sí se sabe que habrá muertos.

El cliente, el principal beneficiado

Mientras, observándolo todo desde la barrera, se encuentra el único superviviente seguro de esta pelea fratricida: el cliente. La automatización en la ejecución de las transacciones abarata las comisiones. Los costes de operar en Bolsa caen y parece que no encuentran el suelo. Así, se produce la paradoja de que al inversor europeo puede resultarle más beneficioso invertir en el Nasdaq que hacerlo en otras plazas bursátiles europeas.

Los horarios cada vez se vuelven más flexibles y hoy es posible operar 24 horas al día a través de mercados electrónicos como Instinet o Island, mercados paralelos que ejecutan transacciones al unir compradores y vendedores cuando las grandes Bolsas duermen y que andan en guerra con el Nasdaq. El usuario puede invertir, todavía con ciertas restricciones (cuentas en dólares, comisiones más altas por el aumento del número de intermediarios involucrados, etc.), en mercados tan dispares como el malayo o el israelí.

La información de los nodos, en su mayor parte gratuita, se actualiza constantemente y organismos como la SEC (Securities Exchange Commission) se encargan de que los pequeños accionistas dispongan de la misma información que las grandes entidades financieras. Tanto es así que Forrester predice que uno de cada dos clientes que recurren a la información personalizada proporcionada por un broker offline (generalmente telefónica) terminarán subiéndose al carro de la información disponible en la Red en menos de cinco años.

El número de productos financieros disponibles en la Red también se multiplica. Compañías como OptionsDirect permiten operar en los mercados de derivados y ponen estos productos al alcance de todos los públicos.

Por último, la gigantesca inversión hecha por las compañías de telefonía en el desarrollo de UMTS redundará también en beneficio del pequeño inversor. Las pantallas de los teléfonos, si bien excesivamente pequeñas para leer el periódico, son lo suficientemente grandes para recibir las cotizaciones de los títulos (de aquellos que se soliciten) e incluso para dar instrucciones de compra y venta.

Ante el ciudadano de a pie se abre un mundo lleno de posibilidades en el que él tiene el poder de decisión y que hacen que invertir sea cada vez más fácil y barato. También en Europa...




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  • ¿Serán devorados los brokers online? en Red Herring
  • Rellendando los huecos en CBS Market Watch
  • Los primeros pasos en Financial Times
  • Que vienen los yankis en Fortune
  • La inversión online se va a los paraísos fiscales en The Standard