Tarifa plana en el Reino Unido: un interminable culebrón
por
Ignacio Gómez
19/09/2000, 20:54
La introducción de la tarifa plana en el Reino Unido ha sido una colección de despropósitos en el que se han mezclado el oportunismo de algunos (Blair), la codicia e inmovilismo de otros (BT) y la irresponsabilidad de muchos proveedores de acceso que no han sido capaces de hacer las cuentas antes de abrir la boca. Los navegantes británicos (exceptuando algunos afortunados) se han quedado con un palmo de narices y con el ansiado Nirvana virtual (tarifa plana) tan lejos como al principio.
Aunque los tropiezos sean reversibles y el abaratamiento de los costes de acceso inevitable, los acontecimientos habidos en el Reino Unido son un claro ejemplo de lo que debe eludirse, si es que los europeos queremos disfrutar algún día de las ventajas de con las cuentan los navegantes estadounidenses.
Tiramos la casa por la ventana
Altavista decidió un día revolucionar el mercado de acceso en el Reino Unido. Y lo hizo anunciando en marzo el lanzamiento en un plazo de tres meses de una tarifa plana para los navegantes británicos. Era una apuesta que le iba a costar millones. El primer intento de cambiar un marco tarifario que ahogaba a los navegantes europeos, obligados a pagar elevadas facturas telefónicas todos los meses. Su oferta, aunque no gratuita (35 libras de coste de instalación y 10 más de cuota anual), tuvo un efecto dominó y se propagó rápidamente entre los cerca de 50 ISPs presentes en el país, que se vieron en la obligación de responder o ver como sus clientes se largaban en masa. Una desbandada muy lógica si tenemos en cuenta que cada uno de ellos pagaba una media de 126 libras anuales.
Unos días después, la compañía de cable NTL anunció una tarifa plana para sus clientes a partir del 17 de abril, siempre y cuando accedieran a contratar su servicio telefónico y gastar más de 10 libras al mes. Hasta 100.000 clientes (3.000 cada hora) se apuntaron a la nueva oferta y de paso consiguieron tirar con su entusiasmo la red de la empresa cablera. A ella le siguió la propuesta de LineOne, que mejoraba las anteriores a cambio de que los clientes adquiriesen un adaptador para el teléfono de 20 libras y consumieran al menos 5 libras en llamadas mensuales.
Como no, BT, a menudo vilipendiada por el resto de proveedores, respondió a los pocos días con su propia oferta, que fue escrutada con lupa. La gigantesca compañía británica ofreció el acceso con tarifa plana a una serie de números de teléfono que cubrían el tramo de las casas particulares a las centralitas locales. Por tanto, las ISPs quedaban obligadas a hacerse cargo del resto del coste de la llamada.
Mientras el resto de ISPs se enfurecían con BT y con sus peculiares propuestas de negocio, el anuncio de Altavista se dejó sentir en todos los estamentos de la sociedad británica. Incluso el primer ministro Tony Blair llenó a la compañía estadounidense de halagos.
Pero claro, no en todas las casas cuecen habas. Proveedores como Freeserve, con un modelo de negocio que obtenía más de la mitad de los ingresos de las llamadas telefónicas, se pegaron un buen batacazo en Bolsa (después de todo, BT se repartía con los ISPs los costes en los que incurría el navegante en sus llamadas locales). Por su parte , el escollo de BT y su férreo control sobre el bucle de acceso local no iba a ser fácil de superar. El resto de ISPs pidió un cambio de las condiciones tarifarias y el organismo regulador de las Telecomunicaciones (OFTEL), en respuesta a una protesta de MCI Worldcom, obligó a BT a ofrecer una tarifa plana a los ISPs a finales del mes de mayo.
Asfixiados por los altos costes
En agosto, casi cinco meses del lanzamiento de su oferta, se podía afirmar que Altavista se había apuntado un tanto, a pesar de haber anunciado, dos semanas después de la decisión de la OFTEL, modificaciones en el precio del servicio (el coste final para el navegante se situaba en cerca de 60 libras anuales). Hasta 270.000 británicos habían contratado su nuevo servicio. Pero mientras el ISP afirmaba estar ofreciéndolo desde el mes de julio, la prensa británica levantaba las alfombras de las casas y se colaba en los armarios en busca de algún ciudadano que estuviera disfrutando de la tarifa plana. Infructuosamente, pues como tuvo que confesar finalmente Andy Mitchell, director general de Altavista en el Reino Unido, la oferta había sido "puesta en suspenso". Los 90.000 británicos que presumiblemente disponían ya de su servicio no existían más que en la imaginación del CEO de Altavista.
Y claro, ante el acoso de la prensa y de los furibundos navegantes Altavista culpó a BT de todos sus males. Mientras que los ISPs cobraban una tarifa única a sus clientes, BT cobraba a los ISPs por minuto. La famosa tarifa que BT había prometido a la OFTEL era papel mojado y las condiciones actuales eran un negocio ruinoso para los proveedores. BT se defendió alegando que disponía de una tarifa plana para los ISPs desde el mes de junio (la famoso tarifa que le había arrancado la OFTEL) y que Altavista nunca había suscrito el servicio.
Los responsables de comunicación de Altavista enrojecían (con culpa o sin ella su oferta había sido un fiasco y la compañía había terminado mintiendo a la prensa y al público) y los de BT aparecían una vez más como los malos de la película. Para colmo, el número de ISPs que retiraban sus ofertas y anunciaban que no podían con los costes crecía con los días. Line One fue uno de los que tiró la toalla. Algunos navegantes se conectaban 24 horas al día –como niños con zapatos nuevos- y la factura del ISP crecía como la espuma. Las ISPs desconectaban a los navegantes más promiscuos con el pretexto de que colapsaban la Red.
Lo mismo sucedía con otros proveedores como Liberty Surf, Freeserve o World Online. Su error fue claro: captar clientes a espuertas sin saber si serían capaz de satisfacerlos. Mientras que los usuarios de World Online pagaban 8,73 dólares al mes, los más aficionados a la Red llegaban a costarle al proveedor holandés más de 1.000 dólares. Hasta 99 clientes se conectaban más de 20 horas al día.
Al final, Andy Mitchell tuvo que dimitir de su puesto de CEO de Altavista en el Reino Unido. Del aplauso del Parlamento al oprobio en sólo cuestión de meses…
BT, el dinosaurio que se resiste a cambiar
Mientras que a los ISPs les faltaba el aire para respirar, BT se permitía el lujo de lanzar a comienzos de junio su propio servicio, llamado Surftime, que llevaba anunciando desde comienzos de año y que fue lo que llevó a la OFTEL a saltar a la palestra, pues BT no podía estar en la procesión (como ISP) y a la vez repicando las campanas (como responsable del control del bucle local). Apoyándose en su condición de dueño del bucle de acceso local, y por 5,99 libras fuera de las horas punta (19,99 si se quería navegar las 24 horas del día), los usuarios podían conectarse sin contar los pasos del teléfono. A ésta le seguiría en septiembre una tarifa plana para llamadas de voz, articulada a través de un nuevo servicio, SurfTalk, que sólo podría ser contratado por los clientes de Surftime (lo que levantó nuevas protestas en el Reino Unido).
La postura de BT también tenía defensores entre los ISPs. Wayne Lochner, principal responsable de Affinity Internet, afirmó que con una tarifa plana para todos los ISPs el servicio telefónico en el Reino Unido se equipararía al de los países del Tercer Mundo. Todo por tener de pronto 60 millones de clientes conectados permanentemente a la Red. ¿Sería la red telefónica capaz de gestionar semejante tráfico?
En cualquier caso, la actuación de BT ha sido la de una vieja empresa que no quiere perder sus privilegios y que se las ingenia una y otra vez para retrasar lo inevitable. El lanzamiento de la ADSL ha sido pospuesto por cuarta vez y no se espera que aparezca en el mercado hasta el año próximo. Mientras que la compañía quería cobrar 40 libras por el servicio de Internet de alta velocidad, un estudio de la OFTEL señalaba que los usuarios no estaban dispuestos a pagar más de 13 libras. Peor aún, muchos reniegan de la presunta actividad fiscalizadora de esta última y creen que se preocupa más de favorecer al monopolio británico que de ayudar al navegante británico.
Para Mark Jackson, editor del nodo ISP Review –uno de los principales responsables del desenmascaramiento de Altavista-, sólo la introducción de un tarifa plana aceptable –y no de boquilla- para las ISPs y la liberalización del bucle local –en junio de 2001- harán que el mercado se calme.
Pese a todo, un camino abierto a la esperanza
El desastre de Altavista no interrumpirá por tanto el desarrollo de Internet en el Reino Unido, tan sólo lo retrasará. Los nuevos servicios de acceso por cable (NTL, Telewest, etc.) y de ADSL (Freeserve, BT, etc.) estarán disponibles en un plazo muy breve y deberán acelerar el proceso de universalización del uso de la Red.
Proveedores como World Online, que han enviado cartas a sus clientes en las que se quejan de las dificultades de mantener la oferta inicialmente propuesta, afirman voluntariosos que seguirán ofreciendo tarifa plana, a pesar de las fuertes pérdidas en las que están incurriendo. Pero para que ello no termine con los proveedores en la bancarrota será necesaria la colaboración de la hasta ahora esquiva BT.
La última noticia que han recibido los navegantes británicos es la oferta de una tarifa única por parte de AOL (que ya celebraba desde hace meses la introducción de la tarifa plana: a más navegantes, más suscriptores), que ofrecerá los servicios de forma progresiva para no ver afectadas sus redes por el número de suscriptores.
Se trata de buenas noticias después de un verano negro en el que el navegante británico se ha sentido como una marioneta cuyos hilos eran movidos tanto por operadores como por ISPs. Han jugado con él y ahora tiene motivos para mostrarse desconfiado. Lo mismo debe estar pensando el primer ministro inglés Tony Blair, que ahora se cuidará dos veces antes de hacer grandilocuentes declaraciones.
En cuanto a España, conviene aprender de lo sucedido en el Reino Unido ahora que la tarifa "ondulada" permite navegar por menos dinero. Para que no nos den gato por liebre...