Wozniak y Allen, vidas paralelas
por
Melisa Tuya
11/10/2000, 16:16
Paul Allen y Steven Wozniak son los cofundadores por excelencia. El primero de Microsoft junto a Gates, el segundo de Apple con Jobs. Ambos fueron los techies, los genios tras los productos iniciales de sus compañías, ambos tuvieron graves problemas de salud y fueron apartados a cambio de una sustanciosa porción de acciones. Los dos han recuperado hace poco un puesto (más decorativo que otra cosa, sobre todo en el caso de Wozniak) de consejeros en sus antigua empresas.
Fijándose en ellos, se podría extraer la conclusión de que los programadores, científicos e inventores son imprescindibles para crear empresas, pero no para permanecer en ellas. Merece la pena repasar la trayectoria vital de estos segundones y buscar sus muchas similitudes y diferencias.
Wozniak, el otro Steve de Apple
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Steve Wozniak, cofundador de Apple
El otro Steve de Apple nació en agosto de 1950 en California, en la zona que ahora conocemos como SiliconValley. Quizá influenciado por su padre, ingeniero en Lockheed, mostró una clara vocación científica desde niño. El pequeño Woz se divertía jugando con la electrónica y montando radios, voltímetros y calculadoras en casa.
A este niño, extremadamente brillante, la escuela le aburría, y en la universidad no tuvo mejor suerte. Primero fracasó en la de Colorado y luego abandonó sus estudios en California para trabajar en Hewlett Packard.
El encuentro con Jobs y el alumbramiento de Apple
Wozniak y Jobs se conocieron durante los primeros años 70, ambos pertenecían entonces al Homebrew Computer Club, donde pasaban las horas confeccionando cacharros. Pero a Jobs crear juguetitos electrónicos le sabía a poco, en parte por que no era especialmente brillante, y convenció a Wozniak para crear una computadora personal más asequible que la Altair 8800, la primera computadora personal aparecida en 1975.
El primer prototipo de la Apple I fue concebido en el dormitorio de Jobs, y construido en su garaje. En 1976 Jobs se deshizo de su coche y Wozniak vendió su calculadora HP para conseguir 1.300 dólares, el capital inicial de Apple Computer Inc., nueva empresa dedicada a comercializar su Apple I por 666 dólares. Sólo el primer año las ventas ascendieron a 774.000 dólares.
Woz y Jobs con su primer Apple
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El mérito de la computadora pertenece más que a nadie a Wozniak, el de las ventas y la creación de la empresa a Jobs, así que desde un principio ambos tuvieron señalado su papel: Jobs quedó encargado de las labores de marketing y Wozniak de continuar mejorando su máquina, dando lugar a Apple II apenas un año después. Siempre más interesado en los aspectos técnicos del negocio que en otra cosa, fue quedando paulatinamente desplazado en la toma de decisiones mientras acumulaba millones de dólares.
Tras el accidente
Todo cambió un día aciago de 1981 en el que Wozniak estrelló contra el asfalto el avión que pilotaba. El resultado, además de graves heridas, fue una amnesia de la que no se recuperó hasta 1983, año en el que volvió a Apple. Dos años más tarde abandonó la empresa por diferencias con la dirección y con más de 100 millones de dólares bajo el brazo.
Después de retirarse de Apple, Wozniak ha declarado en varias ocasiones su descontento con el destino de la empresa que ayudó a fundar: "Apple no es la compañía que yo esperaba que fuese".
Nuevos objetivos
La verdadera vocación de este amante declarado de los niños y los perros ha resultado ser la enseñanza. Lo descubrió en 1991, mientras enseñaba a su hijo Jesse, de 9 años, el funcionamiento y montaje de un disco duro.
Tras su accidente, Wozniak se planteó dos objetivos: terminar sus estudios universitarios de informática e ingeniería en Berkeley en honor a su padre y convertirse en maestro a jornada completa. Wozniak ha alcanzado ambas metas y ahora se dedica a enseñar informática a niños de quinto grado (10 y 11 años) en Los Gatos, California.
Gracias a él, la escuela pública de Los Gatos es una de las más modernas del mundo, con 11 modernos laboratorios, distintas conexiones de alta velocidad y todo tipo de cursos tecnológicos para alumnos y profesores. También ha regalado cientos de portátiles y conexiones a Internet a los estudiantes, y aporta fondos a multitud de proyectos de investigación. En sus ratos libres asesora y anima a otras escuelas a informatizarse.
Su amor por los niños también le empujó a financiar distintos museos, como el Tech Museum y el Childern’s Discobery Museum, y a intentar acercar el pueblo ruso al norteamericano y a las nuevas tecnologías patrocinando conciertos y convenciones, e invirtiendo en escuelas de informática en la antigua URSS. Todas estas iniciativas le han hecho acumular premios por su labor didáctica, y ser amado y agasajado por multitud de techies, ingenieros e internautas.
Wozniak no es precisamente uno de los playboys de Silicon Valley. Da la impresión de que se ha casado con todas las novias que ha tenido. Y con todas sus ex mujeres tiene una buena relación.
Su primera esposa fue Alice Robertson, con la que se casó en 1980 y de la que separó amistosamente. La segunda boda fue en 1987 con Candice Clark, con la que tuvo tres hijos y con la que mantiene una buena relación. La tercera, y por ahora definitiva, en 1990 con Suzanne Mulkern, con la que también ha tenido tres retoños. Actualmente vive en Los Gatos con Suzanne y sus seis hijos. Su principal ambición en la vida es ser un buen padre.
Paul Allen, cofundador de Microsoft
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Paul Allen, cofundador de Microsoft
Pocos le consideran un genio o un visionario, casi todo el mundo le ve como un chico con suerte que supo estar en el momento justo, en el sitio adecuado y con la compañía oportuna. Es decir, a mediados de los años 70 en un garaje, desarrollando un sistema operativo al lado de ese rey Midas que es Bill Gates.
El encuentro con Gates y el alumbramiento de Microsoft
La relación de Paul Allen y Gates, que muchos definen de amor y odio, de un "no puedo vivir sin él, pero tampoco a su lado", comenzó hace muchos años. Ambos se conocieron en la Lakeside School de Seattle, donde Allen creció.
Mientras Gates era admitido en Harvard, Allen, hijo de una maestra y de un bibliotecario de la universidad, se tuvo que conformar con la más humilde universidad estatal de Washington. En cualquier caso ninguno de los dos acabaron su carrera; en 1975 decidieron escribir un sistema operativo para el Altair 8800 PC. Y ese mismo año fundaron Microsoft.
Paul Allen fue quien transformó el sistema operativo Q-DOS (Quick and Dirty Operating System) en el primer bombazo de Microsoft: MS-DOS. Bill Gates fue quien lo vendió a IBM. Por eso Allen se hizo con un tercio de la compañía y Gates con el resto. Cosas que pasan.
En 1982, cuando Allen tenía 29 años y la empresa marchaba viento en popa, se le manifestó un raro tipo de cáncer que afecta al sistema linfático conocido como enfermedad de Hodgkin. Inmediatamente comenzó un duro tratamiento basado en radiación que le obligó a apartarse del mundanal ruido y a abandonar su labor en Microsoft en 1983.
Tras la enfermedad
Eso sí, Allen salió de Redmond mucho más millonario que Wozniak. Actualmente, según la revista Fortune, Allen es el tercer hombre más rico del mundo tras Gates y Larry Ellison. Aunque probablemente fue un escaso consuelo mientras luchaba contra el cáncer. Durante los años en los que Gates se convertía en un icono conocido mundialmente, Allen luchaba por vivir.
Gates y Allen en los inicios de Microsoft
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Finalmente Paul Allen superó la enfermedad. En 1990, ya restablecido, volvió a ocupar un puesto en el consejo de dirección de Microsoft y fundó Vulcan Ventures (nada que ver con el planeta del Dr Spock, el nombre viene del dios griego), un fondo de capital riesgo especializado sobre todo en negocios de cable y banda ancha. Desde entonces se ha dedicado a vivir la vida y a invertir en empresas.
Hoy por hoy, Paul Allen participa en más de 140 compañías, entre las que destacan Metricom, Go2Net, Priceline, Dreamworks, Diller Networks y Oxygen. De momento ninguna de sus inversiones ha tenido un éxito espectacular. De hecho, su primera apuesta por la banda ancha de la mano de SkyPix acabó en bancarrota.
Es famoso el episodio de su aventura con AOL. En 1993 pagó 40 millones de dólares por un 24,5% de la empresa, pero cuando quiso invertir otros 25 millones se lo negaron, al igual que un asiento en el consejo de dirección. La rabia y la frustración empujaron a Allen a deshacerse de su porcentaje un año más tarde. Eso sí, hizo un buen negocio, consiguió 140 millones de dólares.
Hay dos inversiones que se escapan del ámbito tecnológico, y que responden a la pasión de Allen por los deportes. En 1988 pagó 70 millones de dólares por el equipo de la NBA Portland Trail Blazers, y más recientemente 200 millones por los Seattle SeaHawks.
Además de los deportes, Allen es un gran amante de la música, en concreto del rock and roll. Toca la guitarra, tiene un estudio de grabación profesional en su casa y ha financiado el museo dedicado a Jimi Hendrix en Seattle. Una de las pocas entrevistas que ha concedido en su vida fue a la revista Rolling Stone.
También tiene como afición millonaria la búsqueda de vida extraterrestre. Hace algunos años el proyecto SETI no se hundió gracias a él. Hace poco volvió a donarles 12,5 millones de dólares en colaboración con el CTO de Microsoft para que construyeran un supertelescopio. Por supuesto, también ha fundado varias organizaciones caritativas, faltaría más.
Nuevos objetivos
A principios de septiembre de este año, Paul Allen decidió abandonar completamente Microsoft y todos los cargos, más o menos cosméticos, que ocupaba. En un emotivo comunicado, firmado por el propio Gates, se reconocía la contribución de Allen al éxito de la compañía. En el futuro ejercerá como consejero estratégico.
También accionarialmente se está desvinculando del gigante de Redmond: en lo que va de año Allen lleva vendidas acciones de Microsoft por más de 6.000 millones de dólares. El hombre que en 1976 tenía un 36% de Microsoft, ahora apenas posee el 4%. Queda claro que su intención es seguir invirtiendo en todas las empresas que le venga en gana.
También Vulcan Ventures está abriendo sus horizontes. Desde 1990 hasta finales de 1997 Vulcan sólo había invertido 200 millones de dólares en empresas que no tuvieran que ver con el cable y la banda ancha. Pero sólo en los 18 meses siguientes este tipo de inversiones había ascendido hasta alcanzar los 1.200 millones. No parece haber sido una decisión errónea teniendo en cuenta que el valor de mercado de estos negocios ronda ahora los 5.500 millones de dólares, y eso sin contar los 1.000 millones de Starwave, vendido a Disney en 1997.
Allen, que continúa soltero a sus 47 años, es terriblemente tímido (algunos periodistas lo han comparado a un manatí de grandes ojos azules) y muy apegado a su familia. Es director asociado de la biblioteca de Washington, a la que donó 10 millones en recuerdo a su padre. Su hermana Jody ocupa cargos directivos en empresas que él financia, su madre Faye vive en una mansión cuyo diseño está inspirado en una biblioteca.