Dominios para todos y democracia virtual
por
Ignacio Gómez
19/10/2000, 21:21
El Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN), organismo que desde 1998 coordina la gestión técnica del sistema de asignación de dominios y direcciones IP, y supervisa los 13 servidores raíz que forman la columna vertebral sobre la que se asienta Internet, tiene ahora ante sí una patata caliente: ha de decidir en las próximas semanas sobre la ampliación de los dominios, algo que trasciende sus originarias funciones técnicas y administrativas para adentrarse en pantanosas aguas repletas de intereses económicos y legales.
Las espadas están en todo lo alto y ambos, los críticos del proceso y de la institución y aquellos que la apoyan, disponen a sus huestes en bandos presumiblemente irreconciliables que luchan por la defensa de sus intereses.
En medio del desbarajuste, las recientes elecciones del ICANN, que han visto como miembros ferozmente críticos con la institución eran elegidos para su Consejo de Dirección, pueden ser el revulsivo que garantice una mayor transparencia en sus decisiones y asegure que todas las posiciones, incluso las de los usuarios, son escuchadas y defendidas con la misma fuerza.
Los más que lucrativos nuevos dominios
Desde hace alrededor de una año, el ICANN se planteó la posibilidad de ampliar el número de dominios de mayor nivel (Top Level Domains). Internet se atascaba en un cuello de botella, y la escasez de dominios disponibles era un acicate más para los ciberokupas. La prolífica actividad de éstos generaba además multitud de disputas por la legitimidad de la posesión de los dominios. Los casos pendientes de resolución se apilaban en las mesas del la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
El proceso se abrió en agosto de este año, y el período de aceptación de propuestas se extendió del 5 de septiembre al 2 de octubre. Desde ese día hasta el 27 de octubre las solicitudes permanecen abiertas al público en la página del ICANN para recoger las sugerencias y opiniones de los navegantes.
Al final se recogieron propuestas de 47 compañías o entidades para gestionar nuevos dominios genéricos. Eso sí, cada una de ellas tuvo que pagar una cuota a fondo perdido de 50.000 dólares, lo que cerró las puertas a muchos organismos sin ánimo de lucro para los que esa cantidad era desproporcionada. De las 47 entidades sólo un pequeño número de ellas, como la Organización Mundial de la Salud (WHO), que quiere que le sea concedido el dominio ".health", no están movidas por intereses económicos.
En la lista de propuestas destacan las de Networks Solutions y Register.com, los dos registradores con más poder del mundo, que unidos en un consorcio de 19 registradores llamado Afilias abogan por la creación de tres nuevos dominios (".info", ".site" y ".web"). Con el objeto de contar con el apoyo de las principales compañías del mundo, el consorcio prevé abrir un plazo de 60 días previo al comienzo de asignación de nuevos dominios para que los presuntos titulares de marcas puedan registrar sus dominios. Todo un regalo para las empresas, especialmente estadounidenses.
En medio de este proceso, que por su importancia debe mostrar la máxima transparencia, el ICANN, saltándose a la torera su propia política de asignación de dominios a países, le concedió a la Unión Europea en una callada decisión el dominio ".eu".
Los dolores de cabeza del ICANN no han hecho sino empezar
Este pequeño traspié normativo vuelve a dar razones a los que critican con severidad los procedimientos del organismo creado a dedo en el año 1998. Si bien carece de importancia práctica –el dominio hubiera sido suyo tarde o temprano- es un indicio más de que el mazo del ICANN se inclina con excesiva frecuencia a favor de los grandes.
En una par de semanas, el ICANN se verá en la tesitura de decidir sobre el número y las terminaciones de los nuevos dominios. Los intereses económicos que subyacen a esta decisión son enormes, algo que registradores como Network Solutions, que llenan sus arcas con el dinero de los navegantes, saben a ciencia cierta.
Más importante aún que la elección de los nuevos dominios y de sus correspondientes gestores será la fórmula elegida para proteger los derechos de los actuales titulares de marcas. Este es uno de los grandes y complejos problemas a los que se enfrenta el ICANN y uno de los puntos que todos los aspirantes a nuevos dominios debían aclarar en sus propuestas.
Hasta hoy, los mayores palos a las labores del ICANN han llegado por ese lado. Su polémica Política de Resolución de Disputas (Uniform Dispute Resolution Policy) es blanco continuo de críticas. Para muchos, el ICANN se ha metido en unos zapatos varias tallas por encima de la suya. No es su labor crear doctrina en materia de conflictos sobre marcas, eso es algo ya está establecido en las diversas legislaciones nacionales y en los convenios internacionales. Si en Estados Unidos es posible registrar hasta 42 marcas con el mismo nombre, siempre que las empresas se dediquen a diferentes actividades, lo mismo sucede en España, Latinoamérica y el resto del mundo.
El caso del dominio Madonna.com, hoy propiedad de la famosa cantante, es un ejemplo ilustrativo del peligroso sesgo que comienzan a coger las decisiones de los paneles de arbitraje. Hasta hace poco, el dominio era propiedad de Dan Parisi, un conocido pornógrafo. Sin embargo, el dominio le fue retirado, ya que la cantante demostró tener registrado su nombre en Estados Unidos para servicios de entretenimiento y otros bienes asociados desde 1979. Sin embargo, pueden existir en el mundo miles de compañías o personas, entre ellas la Iglesia Católica y alguna abuelita de nombre Madonna, que consideren tener mayores derechos sobre ese dominio. Si se decidió que el cantante Sting –cuyo nombre comercial no había registrado- carecía de derechos sobre su dominio, ya que se trataba de una palabra inglesa común, ¿no podrían los italianos argüir lo mismo en el caso del dominio Madonna.com?.
De la oligarquía a la democracia
Uno de los factores que pueden contribuir a la existencia de una mayor diversidad de opiniones en el seno del ICANN –como sucede con todos los gobiernos democráticos- y a una recuperación de legitimidad a ojos de los internautas, son los resultados de las últimas elecciones a su Consejo de Dirección. Éste está formado por 19 miembros, 9 de los cuales, según se estableció recientemente en los estatutos del ICANN, deben ser elegidos por sufragio directo entre todos aquellos navegantes mayores de 16 años que posean direcciones de correo electrónico y postal y se registren para votar. Hasta que se produjo esta modificación de los estatutos, la totalidad de los miembros eran elegidos por consenso entre la "oligarquía" técnica de Internet.
El diseño y preparación de las elecciones también pasó por su propio vía crucis. En principio, el ICANN sugirió a comienzos de año un proceso de sufragio indirecto en el que los navegantes elegirían un comité de 18 miembros y éstos a su vez al Consejo de Dirección. El procedimiento fue acusado de antidemocrático en un informe conjunto del Centro para la Democracia y la Tecnología (CDT) y de la organización Common Cause, por lo que el ICANN, en su cumbre de El Cairo del mes de marzo, decidió cambiar las bases del proceso electoral.
Así, se estableció un proceso en el que los registrados (158.000 en todo el mundo, 787 en el continente africano, de los que sólo 76.000 "activaron" posteriormente su cuenta) otorgarían su refrendo a alguno de los candidatos autonominados. Se presentaron 150, distribuidos por zonas geográficas. Para pasar a la votación final, cada uno de ellos debía recibir el apoyo de al menos el 2% de los votantes activos de su región. Los elegidos se unieron posteriormente a los 18 candidatos seleccionados de forma interna por el ICANN. Las elecciones definitivas duraron diez días, del 1 al 10 de octubre.
A la votación para los 5 miembros del Consejo (los otros cuatro serán elegidos el próximo año) concurrieron 34.000 de los 76.000 navegantes con cuenta activada, un 45% del total, porcentaje que disminuye mucho más cuando se piensa que en el mundo existen 350 millones de usuarios de Internet, según Nielsen/Net Ratings. Las elecciones al Consejo de un organismo que tiene mucho que decir sobre el futuro de la Red y al que todos los navegantes estaban convocados sólo consiguió atraer a un puñado de ellos.
Revolucionarios al poder
A pesar de la elevada abstención y de que sólo 9 candidatos independientes lograron superar la barrera del 2% establecida por el ICANN, los puestos del Consejo para Norteamérica y Europa fueron a parar a manos de dos de ellos.
En Europa se impuso el alemán (sólo en ese país había 20.000 votantes registrados, más que en todo Estados Unidos, gracias a las campañas lanzadas por la prensa para promover la participación) Andreas Müller-Maguhn, portavoz del Chaos Computer Club, la organización hacker más importante del país.
Con su nombramiento, Müller-Maguhn pretende facilitar la participación de los usuarios y permitir que los individuos, no sólo las sociedades (como sucede en países como España o Francia), tengan acceso al registro de dominios. El joven alemán, que se define como un hacker con ética, alguien que "aprende cómo funciona la tecnología y apoya la libertad de información", cree que el número de dominios no debería estar limitado. Como él afirma, "no existen razones naturales ni técnicas para limitar los dominios de primer nivel". También aboga por una total democratización del ICANN, de forma que todos sus miembros sean elegidos por sufragio universal.
En Norteamércia fue Karl Auerbach, un activista estadounidense de 50 años e investigador que actualmente trabaja para Cisco Systems, el elegido por los votantes, por encima de conocidos personajes como el catedrático de Standford Lawrence Lessig. Auerbach mantiene posiciones similares a las de Müller-Maguhn, y cree necesaria una profunda renovación del ICANN. Para él, "ser director le confiere un enorme poder", a pesar de su inferioridad numérica (uno entre 19), "para saber qué sucede y exponer conductas inapropiadas".
Este físico irreverente y experto en redes piensa que el Consejo debe estar formado por gente cualificada para entender la tecnología y sus repercusiones. El ICANN, según él, no debe participar en la elaboración de normativa sobre marcas, ni siquiera en el ámbito privado a través de un contrato entre las partes. Como gobierno virtual, Auerbach cree que el ICANN carece de los mecanismos de control y compensación con los que cuentan los gobiernos de carne y hueso.
Al ICANN "no debe preocuparle la semántica de los dominios…, sólo que éstos no estén repetidos", afirma Auebarch. Para él, los adjudicatarios de los dominios de primer nivel deberían ser capaces de gestionarlos de forma independiente e imponer sus propias normas.
Para el recién elegido miembro del Consejo, la legitimidad del ICANN, un organismo sin igual en el mundo, vendrá por el acierto en el desempeño de sus funciones.
Lástima que ni Auerbach ni Müller-Maguhn, que serán nombrados oficialmente al término de la reunión del Consejo del ICANN del próximo mes de noviembre, puedan tomar parte en los debates que desembocarán en la asignación de nuevos dominios. Aun así, hará mal el actual Consejo en no escuchar sus palabras. Y más que a ellos a sus miles de votantes, que son la punta de lanza y expresión de la voluntad de los navegantes, que hoy casi en su totalidad duermen, pero que mañana pudieran no hacerlo.