DVD: eso no se copia
por
Darío Pescador
23/01/2001, 20:23 GMT+1
Nadie duda de que el DVD está aquí para quedarse. Pero las grabadoras
aún no están al alcance de todos y sus funciones están
limitadas. La razón es que las compañías están intentando
arrebatar a los usuarios el derecho a hacer copias.
De este modo, los que compran un DVD legalmente tienen derecho a crear una
copia para su propio uso, pero no tienen la posibilidad técnica de hacerlo,
mientras que no tendrían problemas para hacer lo propio con un CD de
música. ¿Qué ha cambiado?
La música es imparable
Hay que retroceder unos años. Hacia 1995, las grabadoras de CD eran
una realidad. Su precio era cinco veces superior al actual, el precio del soporte,
los CDs en blanco, también.
Sin embargo, en esos lejanos días Internet todavía estaba en
pañales. La Web comenzaba a ser conocida entre unos pocos iniciados.
Comercio electrónico era un término de las revistas de divulgación
científica.
Aquellos años tuvieron un rey efímero: el CD interactivo. El
mercado crecía sin freno, rebosante de enciclopedias temáticas
interactivas, enciclopedias de cocina interactivas, enciclopedias del cuerpo
humano interactivas, enciclopedias de caza y pesca interactivas y miles de complicados
títulos de pornografía interactiva.
La industria que fabricaba estos contenidos necesitaba las herramientas, consistentes
en programas de autor (Macromedia, antes de la Web, hizo aquí su fortuna)
y las "tostadoras" de CDs con las que crear prototipos. Además un CD
era la única forma lógica de transportar un vídeo digital
de 350Mb en el bolsillo.
El acceso a la Web cambió todo eso. Los contenidos interactivos desaparecieron
en pocos años, siendo reemplazados por "el Contenido", el rey de Internet.
Sólo unos pocos comprarían hoy un CD interactivo, y se arrepentirían.
En la Web, el adjetivo "interactivo" es una redundancia.
El aumento exponencial de los usuarios, de la velocidad de conexión,
la popularización de MP3, Napster...
Todo ello llegó a un mercado lleno de grabadoras de CD baratas y donde
un CD en blanco costaba menos que un refresco. Era demasiado tarde para parar.
El problema con la copia de música no es la dificultad técnica.
Es el esfuerzo. Comprar un CD en la tienda cuesta un minuto. Además se
adquiere con una bonita caja y un cuadernillo con fotos. Grabarlo de la Red
y tostarlo cuesta diez veces menos en dinero, pero bastante más en tiempo,
a no ser que se disponga de banda ancha.
Por esa razón, la única diferencia entre un comprador respetuoso
con la ley y un pirata sin escrúpulos es la conexión. El pirata
es el que tiene ADSL.
Las películas, bajo siete llaves
La tecnología DVD está tan extendida en muchos sentidos como
la del CD. Los lectores DVD para PC cuestan incluso menos que los de CD hace
tan solo un par de años. Entonces, ¿por qué no se pueden hacer
copias de un DVD? ¿Por qué no hay un disco DVD regrabable con 15 Gb de
capacidad? La tecnología existe, la voluntad no.
Un DVD comercial con "Gladiator" en su interior es un prodigio de protección.
El vídeo está comprimido en formato MPEG. Después, cifrado
con CSS (Content Scrambling System). Es decir, que incluso con una unidad lectora
de DVD que extrajera los bits uno a uno, lo que se obtiene es ruido.
La primera pista del DVD contiene la información de sesión. Los
lectores comerciales pueden leerla, y con ella son capaces de convertir de nuevo
el ruido en una película. Lo mismo se aplica a los lectores DVD para
PC, sólo que en este caso es un programa de lectura el que se ocupa de
ello.
No existen tales programas de lectura para Linux. Sus usuarios están
castigados sin películas DVD. Si nadie licencia la tecnología,
nada mejor que eliminar el cerrojo. Este es el gran pecado del programa DeCSS,
que convierte el ruido del disco de Gladiator en un vídeo digital MPEG,
sin cifrar. Pero el efecto secundario es terrible: ese archivo MPEG (enorme)
se puede copiar.
Por ese motivo el adolescente responsable de DeCSS ha sido perseguido con saña
por varias distribuidoras cinematográficas. Ante tamaña desproporción
La Electronic Frontier Foundation ha salido en su defensa.
Pero CSS no sólo protege los discos contra copia. También protege
otras formas más sutiles de las compañías para separar
a los consumidores de su dinero.
La protección regional es el caso más flagrante. Si se compra
legalmente un DVD en EEUU y después, con la misma legalidad, un reproductor
en Europa, la película no se puede ver. Los DVD de los distintos mercados
son incompatibles.
Así los estudios pueden retrasar el estreno de una película en
una región a voluntad, mantener precios diferentes en cada parte del
mundo, cobrar en un lado por la venta de DVDs y en otro por las entradas del
cine y otras mil triquiñuelas que la mercadotecnia convierte en dinero
contante y sonante.
No se graba y punto
El concepto que subyace es aterrador. Las grandes compañías de
medios están intentando imponer de facto el pago por uso de sus contenidos.
Si se salen con la suya, al comprar un CD no se tendrá la propiedad de
los datos (música) que contiene, sino una licencia para un uso limitado.
No se podrá regalar, ni revender, ni compartir.
Las leyes actuales no permiten tal atropello. Los consumidores tienen el derecho
a copiar tantas veces como quieran los contenidos de un CD o un DVD comercial,
para su propio uso y siempre que no pretendan obtener beneficios con la venta
de esas copias.
Pero con el DVD, los dispositivos que hay en el mercado le impiden ejercer
ese derecho. Llevado al extremo, el consumidor se vería obligado en el
futuro a pagar cada vez que escuchase una canción o viera la película
que ya compró legalmente en su día.
Así no es de extrañar que ninguno de los posibles estándares
de DVD grabables haya prosperado por el momento, ni ofrezcan todas las posibilidades
del sistema. Por un lado DVD-RAM, propuesto por Hitachi, Toshiba y Panasonic,
ofrece 4,7 Gb y no es compatible con los lectores de vídeo. Por otro,
DVD+RW es la apuesta de HP, Philips, Sony, Mitsubishi, Ricoh y Yamaha. Sí
es compatible con los lectores comerciales, pero de nuevo ofrece sólo
4,7Gb de capacidad.
Teniendo en cuenta que el CD de "Gladiator" caben 15Gb, los dispositivos pecan
de tacañería. El precio de estas unidades es todavía muy
alto. Si se añade la ausencia de programas adecuados para la copia de
datos de DVD (no se pueden hacer imágenes) la posible duplicación
queda en manos de hackers expertos y con dinero. Y además las copias
no funcionarían en un reproductor de DVD video
Tampoco parece claro el futuro de DVD como sustituto de VHS. La ambición
de algunos va a castigar a los usuarios a unos cuantos años más
de cintas, una tecnología con más de 20 años de antigüedad,
para grabar emisiones de TV. Aunque puede que los discos duros solucionen este
problema muy pronto, algo que ya es una realidad en EEUU con TiVO
o ReplayTV.
La lucha por el control
Que el control de una tecnología quede de tal forma en manos de las
compañías que explotan los contenidos sienta un precedente peligroso.
Nada impide incluir en un DVD comercial publicidad que el usuario no puede pasar
con avance rápido, por ejemplo.
Cuando en el mercado los únicos dispositivos que se puedan comprar sean
los protegidos, nadie podrá grabar sus videos caseros o su propia música
en formato digital. Mejor para las discográficas, a las que el abaratamiento
de los medios, que permite a un músico editar todo un disco en su casa,
sólo les ha llevado a perder más dinero. Peor para todos los demás.
No es la primera vez que el afán de lucro se interpone entre la tecnología
y los consumidores. No será la última.