Hagan clic señores
por
Darío Pescador
08/02/2001, 21:07 GMT+1
La Web es un medio interactivo de transmitir información. Eso quiere
decir que usted, el lector, tiene cierto control sobre los datos que recibe.
Algunos dirán que no es diferente de la televisión, donde gracias
a ese cetro del poder que es el mando a distancia se puede elegir el canal.
Pero esta premisa es falsa. La Web se parece mucho más a un libro o
una revista, donde el lector (porque lo es, el vídeo en la red todava
es insignificante) elige qué pagina quiere leer, si quiere saltar a otra
o mirar sólo las fotografías, o incluso mirar los anuncios.
Por si fuera poco, la variedad de fuentes de información es enorme:
más de mil millones de páginas web. El acceso a ellas es a veces
lento, pero en cualquier caso, es mucho más rápido que bajar al
kiosco de la esquina. Y lo más importante: la información (si
está bien hecha) está enlazada con otras fuentes, a las que se
accede de forma instantánea.
Estas características definen la Web y hacen de ella un medio rico y
versátil. Entonces, ¿por qué hay quien se empeña en tratarla
como si fuera la televisión?
Haga clic, por favor por favor, ¡ahora!
Un pequeño ejercicio de imaginación. Usted se compra una revista
cualquiera, por ejemplo, de jardinería. En la portada hay un mensaje
en enormes letras rojas que dice "¡saque ahora del bolsillo 350 ptas. y pague
por la revista El Automóvil!"
En su interior, en cada una de las páginas hay anuncios que ocupan una
cuarta parte de su superficie y que dicen cosas como "¡Encienda su televisor
para ver la CNN!" o "¡Mire hacia arriba para ver el anuncio de Sony enfrente
de su casa!". Y en la esquina inferior de cada página hay escrito en
letra pequeña "Tire de aquí para seguir leyendo"
Esta absurda pesadilla es la situación actual de buena parte de la Web,
repetida todas y cada una de las veces que se lee en ella "Haga clic aquí".
Y eso en el mejor de los casos, cuando no aparece la horrenda falta de ortografía
"click", que hasta MS Word corrige automáticamente.
La actividad esencial de los usuarios de la Web es hacer leer y clic en todo
lo que tenga aspecto de llevar a otro sitio, siempre y cuando les apetezca,
claro. No hacen clic más veces sólo porque se lo pidan.
Los enlaces en la Web, texto o gráficos, gritan al usuario "sirvo para
que hagas clic aquí". El texto está en otro color (mejor azul)
y subrayado. Si los botones no son reconocibles, no están bien diseñados.
En ningún caso hace falta escribirlo. O ¿acaso los interruptores de la
luz de su casa tienen escrito "apriete aquí"?
Por otra parte, mientras se suministra a los lectores estas innecesarias e
irritantes instrucciones, que ofenden su inteligencia, se presupone que pueden
comprender al momento los arcanos mecanismos de navegación de las páginas,
y el árbol completo de su estructura de contenidos. O aún peor,
que siendo capaces de comprenderlo, se van a molestar en aprender.
Esto no es la televisión
El mecanismo comercial de la televisión es sencillo. Para que el espectador
vea algo que quiere (la película Río
Bravo) se le suministra una cantidad considerable de cosas que no quiere
ver (anuncios) entremezcladas, por las
cuales la cadena cobra dinero.
El mando a distancia supuso una gran amenaza para este sistema, porque los
espectadores (esos desagradecidos) cambiaban de canal. Por eso se inventaron
los programas patrocinados y se aumentó de paso el índice publicidad/contenidos,
en la actualidad es de un 40%.
Enfrentada a un nuevo medio, la publicidad en la Web quiso ser igual que la
glamourosa publicidad televisiva. Una batalla perdida. En lugar de aprovechar
las grandes posibilidades de transmitir información de la Web y aceptarla
tal como es, publicitarios y expertos en marketing se quejan por sus limitaciones.
Porque no es la televisión. Porque el usuario puede elegir, y mucho.
La resistencia que ofrece la Web y sus usuarios a funcionar como la televisión
se intenta vencer aplicando la ciencia
y el arte de la publicidad tradicional. Anuncios más llamativos,
mensajes más directos. Lástima que eso no funcione en una página
web.
Cuando un usuario entra en una tienda de ropa en Internet, probablemente quiera
ver el precio de unos pantalones y los colores disponibles, y salir corriendo
a la calle para probárselos en la tienda más próxima. Castigarlo
con un cuarto de hora
de animaciones es una garantía de que abandonará la página.
La gran mentira de las páginas vistas
Los mercados financieros han provocado un daño a la facilidad de uso
de la Web que todavía no ha sido reparado. En el eufórico último
trimestre de 1999, la palabra visita hacía que se dispararan las cotizaciones
de las empresas puntocom. Entonces, la bolsa hacía posible la sencilla
ecuación visita=dinero, y su consecución era el objetivo principal.
¿Qué es una visita? Simplemente que alguien ha visto una página
web. Como esto no es muy relevante, se comenzaron a cuantificar los usuarios
únicos, es decir, personas concretas que visitaban un nodo, vieran una
o 20 páginas.
El sistema de valoración ha caído por su propio peso al abismo
de la estupidez humana. Muchas visitas significa que mucha gente entra a ver
la página web, pero no que vayan a volver. Muchos usuarios únicos
significa que en un cierto periodo de tiempo, los que vienen vuelven alguna
vez, pero no se sabe lo que ven. Ninguna de ellas significa dinero.
Lógicamente, tenía que crearse la figura de las páginas
vistas por usuario. Si un solo usuario ve muchas páginas, eso es una
medida del éxito. Quiere decir que le interesa el contenido. Además,
a mayor número de páginas, se le puede exponer a más
anuncios diferentes.
La invención de esta medida tuvo perversas consecuencias. Los avispados
departamentos de marketing, modificaron el diseño de las páginas
para obligar al usuario a hacer clic más veces. Los artículos
se dividían en tres fragmentos, las secciones se multiplicaban, se inventaban
sistemas de navegación dirigida (anulando el botón derecho o usando
marcos, por ejemplo) que forzaban al usuario a seguir un camino sembrado de
clics.
Con esto, a la larga, se consiguen menos usuarios, porque se les separa de
su objetivo: llegar a información. Y para colmo tampoco se consigue más
dinero. Excepto quizá en las páginas
porno.
Molesta publicidad invisible
Hoy, las medida de páginas vistas por usuario pierde poco a poco su
valor, pero los efectos secundarios todavía permanecen. Ahora lo único
que vale dinero es el dinero. Y la publicidad es esa fuente de dinero, porque
¿en televisión funciona, no?
Pero el banner publicitario, con colores chillones, animaciones espasmódicas
y la eterna frase "haga clic", no funciona. El cerebro del lector se protege
y simplemente no lo ve. La efectividad, es decir, el número de personas
que realmente hace clic, es menor del 2%, y bajando. La situación es
desesperada.
Ahora se exige "haga clic en mi anuncio" de forma imperativa, molesta e insistente.
Ventanas popup, anuncios voladores, animaciones Flash, agresiones que
cualquier castizo sabría definir
con exactitud y que se interponen entre el usuario y la información que
busca.
Es como si en su restaurante preferido, durante toda la comida, vendedores
sonrientes se acercaran a ofrecerle relojes, viajes, enciclopedias o electrodomésticos.
¿Volvería a ese restaurante?
Internet es un reflejo de la sociedad humana, y por supuesto hay sitio para
el comercio y la publicidad. En el mundo de los átomos, viven los restaurantes
y los vendedores, pero ejercen en los momentos y lugares adecuados, y por lo
general no van juntos.
La publicidad debe volver a la escuela y aprender a comunicar sus mensajes,
lícitos y convenientes, en este nuevo medio sin provocar rechazo hacia
la marca anunciada y la publicidad en general. Olvídense de las ventanas
e iconos voladores, por favor, y sobre todo no me vuelvan a ordenar que haga
clic.