¿Economía Nueva o Vieja? Qué más da...
por
Analítico
11/04/2001, 13:11 GMT+1
"Nueva Economía" es uno de esos
términos ambiguos y un tanto vacíos de sentido que como Nasdaq,
proveedor de contenido o incubadora
deben formar parte del vocabulario de los observadores interesados en las nuevas
tecnologías y su impacto sobre la sociedad.
¿Pero existe algo así como la Nueva
Economía? Sí, si con ella definimos y englobamos los enormes
avances tecnológicos y de productividad que está originando la
introducción masiva de las tecnologías relacionadas con Internet.
No, si utilizamos este término para implicar que las reglas de
juego y los mecanismos de coordinación políticos y económicos
han cambiado radicalmente.
Poco de nuevo en las finanzas
En los aspectos puramente financieros la
Nueva Economía tiene poco de nuevo. El actual derrumbe
del Nasdaq lo demuestra de sobra.
Las técnicas de valoración siguen siendo las mismas de siempre.
El DCF (descuento de los flujos de caja) sigue reinando entre las técnicas
que emplean los analistas
financieros en la difícil
tarea de obtener el valor de una compañía. En otras palabras,
una métrica como el número de páginas vistas o la cantidad
de usuarios únicos puede ser muy válida como información
para mejorar la gestión de un website, pero no debe ser utilizada a la
hora de valorar una empresa. ¿O es que acaso se utiliza el número de
personas que entran, y no necesariamente compran, en El Corte Inglés,
Carrefour o Walmart para determinar el valor de estas empresas?
Los efectos macroeconómicos o
el paralelismo del ferrocarril
En cierto modo se puede hacer una comparación
entre lo que significó la introducción del ferrocarril y la aparición
de Internet. A mediados del siglo XIX el ferrocarril aumentó la productividad
de las economías occidentales (aunque distinguidos economistas como el
Premio Nobel de Economía Robert Vogel discrepan de esta visión).
La aparición del ferrocarril posibilitó el transporte de productos
de unas zonas a otras. De esta manera una zona se especializaba en la producción
de aquellos bienes en los que tenía una ventaja comparativa frente a
las demás regiones e importaba bienes cuya producción era más
barata en otras zonas. Internet ha tenido un efecto similar sobre la eficiencia
económica al reducir de manera considerable los costes de transacción
y la "fricción" existente entre compradores y vendedores de bienes y
servicios (derrumbe de barreras geográficas y democratización
del acceso a la información).
A nivel macroeconómico estos efectos
positivos se han reflejado en las enormes tasas de crecimiento que ha tenido
EEUU, la economía más permeada por Internet, en la segunda mitad
de la década de los noventa.
Es cierto que la introducción del
ferrocarril en EEUU conllevó la formación de enormes fortunas:
ahí esta el caso del magnate neoyorquino Cornelius Vanderbilt (1794-1877).
De manera similar la aparición de Internet ha ayudado a enriquecer a
los Bill Gates (Microsoft), Tim Koogle (Yahoo!) o Larry Ellison (Oracle) de
nuestra época. Ahora bien, así como un vendedor que ponía
un carrito de venta de refrescos en los trenes no tenía altas expectativas
de rentabilidad económica a finales del siglo XIX, tampoco las tienen
en la actualidad muchas empresas por el mero hecho de estar relacionadas con
Internet.
El ciclo macroeconómico no ha
desaparecido
Asimismo, hay que resaltar que la mayor
eficiencia originada por la reducción de los costes de información
y transacción mitiga, pero no hace ni mucho menos desaparecer, el ciclo
económico. ¿Un ejemplo? El modo de producción "just in time" facilitado
por la integración informática de las divisiones de ventas, compras
y producción de las empresas, y el contacto con proveedores y clientes
a través de sistemas de EDI o Internet reduce, pero no elimina la necesidad
de disponer de inventario para atender las necesidades imprevistas de los clientes.
¿No está de acuerdo? Pues observe el actual ciclo de reducción
de inventarios (y menor producción) por el que están atravesando
muchas empresas tecnológicas estadounidenses debido a la fuerte contracción
de la demanda de sus productos.
Una perspectiva errónea u obcecarse
con las puntocom
Además, los medios de comunicación
(entre ellos Baquía) a veces se centran excesivamente en la cobertura
de las empresas puntocom cuando informan sobre la "Nueva Economía". Pues,
señores y señoras, todo indica que estamos equivocados (¡mea culpa!).
En gran medida la auténtica revolución está teniendo lugar
en las empresas tradicionales que están adoptando las nuevas tecnologías
y estudiando las implicaciones de la conectividad IP para sus compañías
y modelos de negocio.
Este es el caso de la inmensa mayoría
de los bancos
que ven en Internet un nuevo, pero ni mucho menos, exclusivo canal de distribución.
Otro caso es el de los medios de comunicación (por ejemplo Martha
Stewart y Televisa)
que están implantando estrategias de convergencia en las cuales una marca
y un contenido son distribuidos a través del mayor número de canales
posibles, entre ellos la Red. La conversión de compañías
como Netjuice y Coverlink de incubadoras de puntocom a consultores estratégicos
de empresas tradicionales no hace más que subrayar que donde se reparte
el bacalao de la adopción de Internet es en las empresas tradicionales.
A fuerza de simplificar, la conclusión
es que la Nueva Economía está siendo absorbida por la Vieja Economía.
En esencia, la vida sigue igual.