PC: que veinte años no es nada
por
Darío Pescador
16/08/2001, 20:45 GMT+1
El doce de agosto de 1981 IBM sacó al mercado una máquina fabricada
a base de componentes electrónicos comerciales. Se llamaba Personal Computer,
y tenía en el interior de su (ahora fea con ganas) caja gris un procesador
Intel, 64K de memoria RAM, una unidad de cinco pulgadas para discos de 160K
y todo ello bajo el control de un nefasto sistema operativo llamado MS-DOS,
a la sazón fabricado por una empresilla de nombre Microsoft.
No era la primera computadora personal, ni la más barata, ni la mejor.
Pero cambió el mundo. Como ocurrió con el sistema de vídeo
VHS, la humanidad eligió con el corazón y la cartera, en lugar
de decantarse por otra tecnología mejor, pero más cara.
Ya desde principios de los años 70 existían máquinas en
el mercado, en muchos casos kits de montaje para aficionados a la electrónica.
La industria fabricaba componentes cada vez más baratos y potentes siguiendo
la inexorable ley de Moore,
y los productos nacían y morían como una simulación darwiniana
del ecosistema del silicio.
Auge y caída de los otros
Hay que contemplarlo bajo el concepto de computadora que se tenía entonces:
grandes armarios con carretes de cinta magnética que costaban millones
y sólo se podían permitir las grandes empresas. Las primeras computadoras
personales recibieron su nombre precisamente por eso, porque las podían
comprar y utilizar usuarios individuales.
El Apple II
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Las máquinas TRS-80 (trash-80) de Tandy, el Altair de MITS, los Commodore
Vic-20 y 64, los Atari o incluso el Sinclair ZX81, uno de los primeros que se
podían considerar orientados al mercado doméstico, ya
estaban ahí, junto con otro producto mítico de una empresa
con nombre de fruta.
Apple llevaba ya cuatro años en el mercado con su modelo Apple II, y
Macintosh estaba a punto de salir. Sin duda eran los amos del mercado, e incluso
se permitían ser condescendientes en su publicidad: "Bienvenidos, IBM,
en serio" decían en un anuncio de sus máquinas en el Wall Street
Journal en el que explicaban por qué los PCs iban a ser importantes y
la competencia deseable.
Tanto fue así, que hoy en día Apple cuenta con un 5% de las ventas
mundiales de computadoras personales y desde el punto de vista empresarial es
inexplicable que no haya cerrado ya.
Pero IBM era una empresa grande y consolidada, con una historia que se remontaba
hasta principios
del siglo XX. El PC era otra línea de negocio, ni más ni menos.
IBM no quería conquistar el mundo, y por aquella época ya tenía
miles de patentes. Por eso se permitió un lujo que el ego de cualquier
startup no hubiera consentido: creó un sistema abierto.
Los beneficios de la transparencia
La clave fue la utilización de componentes no desarrollados por IBM,
sino elegidos del catálogo de otros fabricantes. El procesador 8080 de
Intel ya estaba allí, compitiendo (en desventaja) con otros más
avanzados como los de Motorola. Las memorias, los controladores de entrada/salida,
las unidades de disco... todo eran piezas "de la estantería" como se
dice en aquel país.
El IBM PC 5150
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Otro de los factores de éxito del PC de IBM fue el manual,
en el que se aparecían detallados todos los circuitos, funciones y componentes
del PC. Era el mapa del tesoro para cualquier ingeniero en aquel momento, y
un paso inusitado para IBM: desvelar cómo funcionaba su producto.
La combinación de componentes comerciales y baratos y la documentación
completa fue la que determinó el tremendo crecimiento del PC, hasta convertirse
en un estándar. El PC se vendía por 3.500 dólares. IBM
planeaba vender 250.000 unidades en cinco años, y vendió tres
millones.
Los clones de la máquina de IBM comenzaron a aparecer por doquier. Grandes
empresas como Compaq nacieron en aquella época. En 1986 ya se vendían
más clones que PCs de IBM. Apple comenzó a perder terreno.
Una industria multimillonaria se creó de la noche a la mañana,
y al final, ironía de las ironías, el mayor beneficiario no fue
IBM, sino Microsoft.
Y luego llegaron ellos
Desde el punto de vista de los hackers, verdaderos profesionales y fanáticos
de la tecnología, la victoria del PC es un caso de Fear
and Loathing (miedo y asco), ya que se basa en la imposición de sistemas
mal concebidos, poco potentes y demasiado caros.
El sistema operativo DOS de Microsoft era una mala copia de CP/M, un sistema
desarrollado en los 70 por el ilustre Gary Kidall para procesadores Z-80 e Intel
8080 que lamentablemente desapareció. Al principio se llamaba QDOS (Quick
and Dirty Operating Sistem) y lo había programado con mucha prisa (en
dos meses) el hacker Tim Paterson.
Microsoft, que tenía el encargo de IBM y poco que ofrecer, licenció
QDOS y lo revendió
como MS-DOS. Aquel sistema imperfecto, lleno de parches e inconsistencias, es
esencialmente lo mismo que sustenta Windows 98, lo que explica muchas cosas.
Paterson todavía lo lamenta.
El procesador 8080 de Intel y su arquitectura ya estaban superadas al comienzo
de los 80 por los procesadores 68000 de Motorola que utilizó Apple en
los Macintosh. Los primeros entornos gráficos (que no sistemas operativos)
Windows eran muy inferiores a los equivalentes de Apple. Pero la empresa de
la manzana no
supo licenciar su tecnología a tiempo, y la fea del baile salió
ganando.
Un mundo nuevo
Las cosas han cambiado mucho. La industria del PC atraviesa un profundo bache,
debido sobre todo a la crisis, la sobreproducción
y el consiguiente exceso de inventario, el gasto tecnológico dislocado
de 2000, la saturación del mercado, el exceso de potencia de los procesadores
y el retraso tecnológico del software por el lastre (ahora lo es) de
la compatibilidad con los productos anteriores.
IBM, en un discreto tercer
puesto como vendedor de PCs, y tradicional enemigo institucional de la comunidad
hacker, es ahora una compañía que apoya el movimiento open-source,
incluyendo Linux en sus máquinas empresariales. Microsoft es la mayor
compañía de software del mundo, y si no se le pone remedio, puede
que termine siendo la única.
Como no podría ser de otra forma, el PC se convirtió en la mejor
puerta de entrada a esa red mundial que es Internet, ha sido el vehículo
de su extensión y de momento no tiene sustituto. Sin embargo es una herramienta
torpe para digerir esa maraña de información y también
un freno para hacer el acceso más fácil al público no especializado.
Si antes un PC era una máquina fascinante con un monitor de fósforo
verde lleno de misterios, hoy es sólo un poco más inusual que
una televisión. Las oficinas (y el mundo) no podrían funcionar
sin ellos. Si se despoja a un ejecutivo de su Excel o PowerPoint seguro que
llora como un bebé sin su chupete. La productividad por empleado no hace
más que aumentar. Pero a cambio, como una broma cruel sobre las utopías
futuristas, los oficinistas trabajan muchas
más horas y algunos incluso están orgullosos de ello.
Sin esa máquina imperfecta que es el PC ahora el mundo sería
diferente, pero no necesariamente mejor ni peor. Las ideas, los descubrimientos
y los descubridores no son los que mueven el mundo. Son tan sólo una
chispa que pone en marcha un proceso mucho más grande que ellos mismos
y en el que los demás nos vemos envueltos sin remedio.
Darío Pescador tuvo su primer PC XT con 64K y dos disqueteras en
1984. Era su quinto ordenador y lo utilizó hasta 1993.