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Alaska, cantante
"Napster fue un gran servicio público"
por Guillermo Rodríguez
11/11/2002, 18:02 GMT+1

Alaska está agotada. Su cara denota el cansancio lógico que emerge tras casi 24 horas de entrevistas con los medios de comunicación. El motivo para el que estaba concertada la charla –la presentación del nuevo single con Fangoria, Hombres– ha derivado en un escrutinio para conocer las ideas de la cantante sobre la piratería.

Sin pretenderlo, Alaska fue noticia destacada en periódicos, radios y televisiones de media España por un asunto alejado de su faceta artística. El martes pasado, la Asociación Nacional de Empresas Distribuidoras de Discos (ANEDI) dio la orden de retirar todos los discos de Fangoria. El boicot cobró relevancia por formar parte de la ANEDI establecimientos tan relevantes como Madrid Rock, las tiendas Tipo, Maci Rock o Discos Castelló.

El veto duró apenas una mañana, tiempo suficiente como para que la noticia llegara a las redacciones de los medios de comunicación. A primera hora de la tarde, un representante de las tiendas Madrid Rock reconocía a Baquía.com que la situación había vuelto a la calma y los discos de Fangoria repuestos en las estanterías.

La medida de presión ejercida por la ANEDI se adoptó como respuesta a unas declaraciones realizadas por Olvido Gara que se salían del discurso único que impera en la Industria discográfica, ya sea entre directivos, editores o artistas.

Una semana antes, Alaska había denunciado el “abusivo” precio de los CDs. “No es de recibo que se cobre por uno de ellos 21 euros cuando su precio de coste es de 3”, expresó sin saber la que se le iba a venir encima. En vez de quedarse en la mera denuncia, la cantante proponía alternativas. A su juicio, aplicar un precio de 9 euros sería la cantidad justa a cobrar.

A diferencia de su compañero Manu Chao –que reconoció comprar discos piratas y alabó el negocio de los CDs ilegales a pesar de grabar para una gran discográfica como Virgin–, Alaska es coherente con sus ideas. Sus discos se venden a 10,8 euros, un precio bastante más asequible que los 18 euros que cuesta, por término medio, un disco en las tiendas de música.

Discurso policial

Peor que las alternativas puestas encima de la mesa por Olvido Gara, sentaron en la ANEDI declaraciones como que no entendía ni soportaba “el discurso policial de la SGAE y de muchos artistas respecto a la venta ilegal de discos”. Palabras mayores para instituciones que hasta hace nada eran intocables.

“Yo  quería montar nada”, advierte Olvido con cierta gesto de resignación. “Simplemente quería defender mis derechos. Considero que no se me puede amenazar, prohibir o censurar, sea cual sea mi opinión, más aún cuando se han malinterpretado mis palabras”, añade.

Para comprender mejor ciertas circunstancias no hay nada mejor que recurrir a las comparaciones. Alaska echa mano de este recurso para argumentar que su situación sería como si al novelista José Saramago, que publica en un mercado globalizado, “se le retiraran sus libros porque denuncia, precisamente, el mercado y el capitalismo”.

Las consecuencias derivadas de sus declaraciones no estaban previstas ni por la propia artista que no pensaba “que fuera a armarse todo esto”. Tras conocerse la medida adoptada por la ANEDI, muchas personas se pusieron en contacto con la afectada para transmitirle su apoyo. “Afortunadamente me he sentido muy acompañada por gente que, a pesar de no gustarle mi música, considera que mi opinión es coherente. También ha habido muchas personas que, sin apoyar mis tesis, no comprenden cómo han podido retirar mis discos de la tiendas”, apunta.

Tampoco es que lo que ha sucedido a Alaska sea nuevo. Ella misma señala que muchas personas sufren situaciones similares todos los días. “Lo que ocurre es que no disponen de acceso a los medios. Existe otro tipo de censura más soterrada, como los programas en los que te vetan porque no les gusta lo que dices. Pero de esto nadie se entera”.

A Alaska le gustaría disponer de más espacio y tiempo para detallar sus ideas sobre las alternativas para combatir la piratería. Pero carece de espacio y tiempo. “Me pongo a escribir sobre el tema y me salen cinco hojas. ¿Qué periódico puede publicarlo? Ninguno”, se lamenta.

Una pirata más

Indiferente a las nuevas críticas que le pueden llover, Alaska reconoce haber utilizado programas de Internet que permiten conseguir canciones gratuitamente. Napster fue uno de ellos. Y no ahorra alabanzas a esta plataforma online ya desparecida: desde su aparición, opina, han desempeñado “un gran servicio público”, fundamentalmente porque permiten obtener muchos discos descatalogados.

Reconoce ser una coleccionista de discos y libros, tenerlos a la vista en estanterías y no desprenderse de ellos a ningún precio. Su pasión le lleva a comprar dos veces un mismo CD o novela sólo porque su portada es diferente. Pero hay un buen número de ejemplares imposible de localizar. “Ahora estoy estudiando y hay muchos libros que no puedo encontrarlos en las tiendas. La opción que me queda consiste en ir a las bibliotecas, pero por la forma en la que estudio necesito ese libro al menos seis meses, así que lo tengo que copiar”.

Internet se lo pone más fácil, ya que puede conseguir las canciones con una facilidad pasmosa. Alaska no sólo es lo que las discográficas denominan una pirata, sino que defiende a los usuarios que utilizan estas plataformas. “No creo que haya mucha gente que se baje música sin ton ni son, sino que la mayoría compra discos y luego recurre a  Internet para hacerse con esa joyita que le falta en su discoteca”.

Hay otros, sin embargo, que no buscan esa canción perdida, sino que les puede el ansia por escuchar un disco antes de que salga al mercado: “Conozco mucha gente que se ha bajado el nuevo discos de los Pet Shop Boys. Generalmente lo hacen porque no ha salido a la venta, pero el día que llega a las tiendas se tiran como locos a comprarlo”.

Muy al contrario de la retractación que  la ANEDI exigió como condición para reponer sus CDs en las tiendas de música, Olvido Gara insiste en que el precio actual de los discos es desorbitado. “No todos los discos pueden tener el mismo precio. Es lo mismo que pasa con los libros: compras uno de arte, con láminas en color, y te cuesta mucho más que uno de bolsillo”, sostiene.

El lanzamiento de su nuevo single con Fangoria ha quedado eclipsado por la polémica. La cantante se levanta de la mesa con gesto de cansancio. Dentro de dos horas tiene que ir a la radio para denunciar, una vez más, los excesos que han cometido contra su persona únicamente por expresar sus ideas libremente.




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