Pago por uso, y olvídese de los stocks
por
Antonio Sánchez - Pulsar Technologies
05/09/2003, 11:44 GMT+1
Ahora que los más prestigiosos economistas comienzan a ponerse de acuerdo
acerca de la salida del túnel de la economía norteamericana (la
europea vendrá a la zaga con sus 12 meses de retraso, como siempre),
es oportuno hablar de cómo algunas grandes compañías han
actuado para mejorar sus resultados. Y lo han hecho introduciendo flexibilidad
en su partida de gastos.
En efecto, todos sabemos que no hay nada más flexible que los ingresos,
ni más rígido que los gastos. Aunque, para ser correctos, esta
regla se aplica con rigor en entornos de crecimiento económico negativo,
ya que cuando las cosas van bien, cuando los ingresos aumentan, es fácil
incrementar los gastos. La reciente crisis, esa que parece se evidenció
con el estallido de la burbuja tecnológica, ha servido para lo que sirven
todas las crisis: encontrarse a sí mismo y sanear los excesos que siempre
acaban cometiéndose en la fase final de los ciclos de bonanza.
Y en esta ocasión, la misma tecnología que nos prometía
modelos de negocio galácticos nos ha traído la posibilidad de
conocernos mejor. En efecto, grandes bancos, compañías consultoras,
de logística... han aprendido que para optimizar los recursos es necesario
conocerlos, compararlos y flexibilizarlos.
- Conocerlos: la tecnología nos permite hoy en día monitorizar
el uso que se hace de cada equipo hardware o software del que se dispone.
Eso significa conocer en todo momento y en tiempo real el uso que se está
dando a los recursos disponibles por parte de cada unidad de negocio.
- Compararlos: de poco sirve disponer de datos si no sabemos lo que
representan. ¿Es mucho 5%? La respuesta depende lógicamente
de lo que estemos hablando y de con qué lo comparemos. Cobra vital
importancia por lo tanto ser capaces de comparar los gastos generados
por dos departamentos con un tipo de actividad similar, y teniendo en cuenta
la carga de trabajo de cada uno. Y si además disponemos de valores
medios del sector (algo ciertamente infrecuente en la mayor parte de las industrias),
pues mejor que mejor. Seremos entonces capaces de conocer si somos más
o menos productivos que nuestra competencia.
- Flexibilizarlos: y después de todo lo anterior ¿qué?
Ahora toca actuar. Ya sabemos que hay que reducir o que hay hueco para
incrementar los gastos. Y aquí es dónde nos topamos con la rigidez
heredada de una estructura adquirida por los medios tradicionales: compra,
financiación o renting.
Pague sólo por los recursos que realmente consuma
Lo que las cuentas de resultados piden a gritos desde hace tiempo es una correlación
lo más exacta posible entre ingresos y gastos en cada momento del
tiempo (es decir, la elasticidad de los costes). Lo mismo que hacemos con la
contratación de electricidad o de teléfono, se puede hoy en día
ampliar a la mayor parte de los costosos recursos de una empresa, y en particular
a los recursos informáticos. Éstos son considerados fiscalmente
amortizables en 4 años.¡Pero si ya pasados dos apenas nos permiten
ser competitivos debido a su rápida obsolescencia tecnológica!
¡Y encima en muchos casos estamos obligados a comprar capacidades de producción
muy superiores a las necesarias!
Cuantas veces nos hemos enfrentado a la necesidad de optar por uno u otro
modelo, donde la diferencia de precio es, pongamos, tan "solo" de
un 30%. Los argumentos que nos suelen intoxicar son del tipo "bueno, por
un poquito más tienes el doble de capacidad para cuando la necesites".
O bien: "¿Y si se te quedas corto y dentro de 6 meses tienes que
comprar otra unidad más? ¡Entonces te cuesta el doble de lo que
podrías haberte ahorrado hoy!".
No nos engañemos. Todas las compañías (no solo las grandes
corporaciones), pueden ya acceder a lo que se ha venido a llamar la "variabilización"
(que la Real Academia de la Lengua nos perdone) de sus recursos. Existen compañías
(como la española Pulsar
Technologies) dedicadas precisamente a esta novedosa actividad.
Podemos hoy en día adquirir equipos de almacenamiento de datos instalados
en nuestras propias instalaciones y pagarlos por Terabyte utilizado, o servidores
y pagarlos por transacciones realizadas, o impresoras que pagamos por página
impresa y en las que ni tan siquiera debemos estar pendientes de si se acaba
el toner, pues la empresa arrendadora se encarga de todo ello. Esto es, pagar
por el uso que se hace en cada momento.
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Así es. El sueño de todo responsable de un centro de producción
está muy cerca. Al igual que en los años 80 hizo furor el just
on time y los stocks fueron poco a poco dejando sitio a la producción
bajo pedido, ahora se dispone de los medios suficientes para eliminar igualmente
el stock contable de los elementos de producción (es decir, la elasticidad
de la estructura de producción). ¿Que la demanda se ha disparado?
Pues a producir como locos para satisfacerla, sin necesidad de requerir un tiempo
de reacción, ni miedo a atiborrarse de recursos que pueden quedar ociosos
a medio plazo, y que entonces nos pasarán factura. El principio
es muy sencillo: si vendo mucho, produzco mucho, consumo más, ingreso
mucho y pago más. Si vendo poco, pues todo lo contrario.