La necesidad de medir el valor de los servicios externalizados
por
Antonio Sánchez - Pulsar Technologies
07/11/2003, 12:51 GMT+1
La externalización de tareas viene siendo desde hace tiempo una de las
estrategias más utilizadas por las companías para el control y
reducción de sus costes. El 40% de las empresas del índice Fortune
500 ya ha sacado provecho de las ventajas que ello supone. Cuatro áreas
copan el 69% de este tipo de operaciones: los departamentos de Informática,
Recursos Humanos, Ventas y Marketing y Finanzas. Existen multitud de trabajos,
teorías y experiencias acerca de cómo implementar adecuadamente
un proyecto de externalización. Basta con solicitar el catálogo
de servicios de cualquier empresa consultora, para comprender lo avanzado que
se está en los conocimientos del proceso de externalización.
¿Pero qué sucede una vez implementado el proyecto? ¿Cómo
se instrumentan las relaciones entre empresa contratante y contratada? Ésta
es la etapa más prolongada en el tiempo, y sin embargo, la más
descuidada por parte del mercado.
La necesidad de crear una unidad de medición
Una vez puestos en marcha todos los servicios, ambas compañías,
externalizadora y contratada, están comprometidas a una serie de hitos:
la contratada a entregar los servicios en unas condiciones de calidad
y oportunidad definidas. En justa contrapartida, la contratante debe pagar un
precio definido en un plazo concreto..
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La dificultad radica en identificar de forma aséptica la correcta
entrega de servicios por parte de la primera. Habida cuenta que la contratante
es por lo general una empresa de gran tamaño, y que las tareas en cuestión
suelen ser complejas y requieren de una importante cantidad de recursos muy
heterogéneos (se combinan personas, ordenadores, aplicaciones informáticas,
procedimientos, etc.), se produce de facto una indefensión de la contratante,
incapaz de controlar el trabajo que para ella hace su contratada.
En un reciente debate con un colaborador y amigo, Juan José San Martín
me propuso el ejercicio hipotético de abstraernos de las condiciones
concretas de un problema de externalización de servicios, y analizar
el todo no como un grupo de factores, sino como un elemento en singular. Imaginemos
toda aquella combinación de distintos recursos heterogéneos (decíamos:
personas, ordenadores, aplicaciones informáticas, procedimientos),
como un todo único, homogéneo y que denominaremos "Uso".
Es este concepto (el "Uso"), por lo que realmente paga la empresa
contratante.
Si ahondamos aún más, es inmediato el darnos cuenta que uno de
los principales objetivos perseguidos por la contratante es el poder delegar
todos los detalles de una determinada tarea a una empresa especialista en dicha
gestión (obteniendo con ello un ahorro en costes). Por lo tanto, la empresa
que externaliza no sólo no quiere conocer los detalles de los recursos
empleados para realizar la tarea en cuestión, sino que debe exigir el
no conocerlos.
| La empresa que externaliza no sólo no quiere conocer los detalles del servicio, sino que debe exigir no enterarse de ellos |
De lo que estamos hablando es de utilizar una única unidad de medida
universal como elemento fundamental en un proceso de externalización
de tareas. Hablamos pues de medir el "uso" que efectivamente la empresa
cliente (externalizadora) hace de los servicios o recursos que pone a su disposición
la empresa contratada.
Pero para muestra un botón. Pongamos el caso de la subcontratación
de la impresión de nuestra empresa (impresoras personales, departamentales,
de pasillo, fotocopiadoras y faxes). Creo que todos lo tenemos claro: queremos
pagar por las páginas realmente impresas. No necesitamos ni queremos
saber nada acerca de cuántos cartuchos de toner han sido necesario
enviar, ni cuántas veces han venido los técnicos a reparar averías...
De hecho no queremos estar involucrados en ninguna de las acciones necesarias
para dar estos servicios.
Pero como buenos gestores que somos sabemos que el coste se reparte siempre
de dos maneras: por usar algo y por no poder usarlo. El primero
es un coste explícito y para el que siempre nos ayudan a identificarlo
(a través de la factura). El segundo es un coste oculto, y que
además por lo general tratan de ocultarnos. En nuestro ejemplo anterior
definiríamos este segundo como el porcentaje de no disponibilidad de
los equipos de impresión.
Siguiendo con nuestro ejemplo, estamos comprando páginas impresas sin
limitación teórica ni de volumen ni de disponibilidad. No debemos
pues conformarnos con saber cuántas hojas se han impreso: debemos también
exigir que se nos diga cuántas veces no se ha podido imprimir por no
estar disponibles los medios.
Este mismo concepto puede fácilmente trasladarse a cualquier otro servicio
empresarial, como por ejemplo el acceso a información especializada (ej:
información financiera), donde se mediría tanto las veces que
se accede como el tiempo de respuesta del proveedor (tiempo que tardan los servidores
informáticos del proveedor en facilitar la información solicitada),
o el uso y disponibilidad de aplicaciones informáticas, o el uso y disponibilidad
para el almacenamiento de datos.
La labor de medición de uso y disponibilidad se convierte por
lo tanto en algo tan crítico como la de una correcta implementación
de la externalización de servicios. Y al igual que en ésta, el
contar con una empresa experta e independiente (independiente tanto de la contratada,
como del consultor que nos ha guiado por la implementación de la externalización)
nos va a permitir afrontar cómodamente y con seguridad este proceso tan
crítico y costoso.
Es fácil comprender que dar semejante servicio obliga a contar con una
tecnología de captación de datos y proceso de los mismos muy avanzados.
Pulsar Technologies S.A. se ha especializado en dicha tarea lo que la convierte
en la única empresa con capacidad para operar globalmente y de forma
escalada: siendo eficiente tanto en la medición de los servicios de la
sede central, como de la delegación más pequeña y remota
de una corporación, informando en tiempo real a sus responsables de cualquier
desviación con respecto al contrato de servicios firmado. Por otro lado,
su situación de independencia de cualquier grupo empresarial le confieren
un papel similar al del fedatario público, interviniendo en la resolución
de pontenciales conflictos entre las contratantes.
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Antonio Sánchez es C.O.O. y co-fundador de Pulsar Technologies