Biotecnología en India: la semilla de una revolución
por
Carlos Corredor
16/09/2004, 09:55 GMT+1
Kiram Mazumdar siempre ha sido una mujer fuera de lo corriente. En la década
de los 70, decidió seguir los pasos de su padre, maestro cervecero, y
convertirse en la primera mujer india capaz de elaborar cerveza. Para ello tuvo
que emigrar a Australia y completar allí sus estudios. De vuelta a su
país, se encontró con la imposibilidad de ejercer su profesión
en un sector, como tantos otros aspectos de la sociedad india, eminentemente machista.
Lejos de desanimarse, en 1978, con un presupuesto inicial de 10.000 rupias
(menos de 200 euros) y sin ninguna experiencia empresarial, Kiram fundó
Biocon en un garaje de la ciudad de Bangalore.
Aprovechando sus conocimientos en microbiología, comenzó
a destilar y vender a una compañía irlandesa enzimas que extraía
de pescados y frutas tropicales. Actualmente, Kiram es la mujer más rica
de la India, y la cotización bursátil de su empresa, que ahora
se extiende en un campus de 32 hectáreas, ronda los 900 millones
de euros.
Biocon fue la pionera en el desarrollo de una industria que quiere convertirse
en uno de los pilares de la modernización de la India. Hace sólo
cuatro años, apenas existían en ese país una docena compañías
dedicadas a la biotecnología. Actualmente son más de cien,
entre las que destacan nombres como Shantha
Biotechniques, Avesthagen
Gengraine, Panacea
Biotech o Nicholas
Piramal. Según el informe Global Biotechnology Report 2004
de la consultora Ernst & Young, la India se sitúa entre las doce
primeras potencias del mundo en este terreno, por delante de países
como Japón, Taiwán o Corea del Sur.
Las expectativas para el sector son indudablemente optimistas, con un crecimiento
exponencial durante los próximos cinco años. Se trata de una industria
que en el año 2002 facturó 150 millones de dólares y 500
millones en 2003, y se espera que crezca hasta los 1.500 millones en
2007 y los 4.500 millones en 2010. El personal dedicado a investigación
y desarrollo en las empresas de biotecnología indias ha crecido un 74%
en los dos últimos años. Actualmente, la industria da empleo a
alrededor de 10.000 científicos e investigadores. De acuerdo a las previsiones
de Ernst & Young, el sector creará un millón de puestos
de trabajo durante los próximos cinco años.
Valiosos aliados
En el sector farmacéutico tradicional, el coste de lanzar un medicamento
al mercado se estima entre 500 y 800 millones de dólares, y conlleva
una inversión de diez años de trabajo. Con estos elevados costes,
sólo los medicamentos de venta masiva hacen sostenible el sector. Pero
a medida que los medicamentos dejan de estar protegidos por la exclusividad
de las patentes, las farmacéuticas se enfrentar al desafío de
mantener la rentabilidad en un mercado abierto a la competencia de los precios.
Ante este panorama, la supervivencia pasa por la especialización
en una enfermedad específica o en un área tecnológica concreta,
al tiempo que se subcontratan otros procesos relacionados con
la investigación.
Aquí es donde las empresas biotecnológicas indias están
encontrando una oportunidad única. En la actualidad, una cuarta
parte de ellas investiga conjuntamente con empresas punteras de todo
el mundo. Biocon, por ejemplo, trabaja en colaboración con gigantes como
GlaxoSmithKline o AstraZeneca. Y al igual que sucede en el sector
IT, la abundancia de profesionales altamente cualificados y los costes muy
inferiores a los occidentales convierten a las empresas indias en un incomparable
aliado.
Resultados, ya
En el año 2025, los biomedicamentos (drogas de diseño, genéticamente
manipuladas) habrán reemplazado el 70% de los tratamientos médicos
convencionales actuales. Sin esperar tan largo plazo, el impacto de la biomedicina
es ya palpable en India. Por ejemplo, en 1997, Varaprasad Reddy,
un ingeniero conmocionado por el hecho de que India no pudiera prestar la mínima
atención sanitaria a sus propios ciudadanos, fundó la empresa
Shantha Biotechniques en Hyderabad. Con la ayuda del Centro de Biología
Molecular y Celular, desarrolló en sus laboratorios una vacuna contra
la hepatitis B, comercializada como Shanvac. Antes de su lanzamiento
al mercado, esta vacuna debía ser importada y el precio de una dosis
rondaba las 800 rupias (14 euros). Actualmente, la vacuna cuesta 40 rupias (menos
de un euro) y ha salvado millones de vidas en el país.
Si la India se ha beneficiado de sus biomedicamentos, también lo han
hecho otros países, ya que el 60% de la producción
se destina a la exportación. De hecho, esta es una de
las principales fuentes de financiación del sector. A medida que los
medicamentos en el “primer mundo” se liberan de las patentes (es
decir, pueden ser producidos por cualquiera), la India se prepara para comercializar
sus genéricos producidos biotecnológicamente. Por ejemplo, el
mercado mundial de la insulina se estima en 3.000 millones
de dólares; Biocon tiene previsto lanzar un tratamiento revolucionario
para combatir la diabetes, y de paso situarse como una de las 10 primeras empresas
biotecnológicas del mundo.
Pero más allá de la copia sistemática y la producción
masiva, el desafío al que esta industria debe enfrentarse es el de la
innovación. Aquí los avances son lentos: no es
fácil exigir resultados rápidos a una industria que se caracteriza
por largos periodos de gestación (se estima que el periodo medio de investigación
y trabajo para lanzar al mercado un producto innovador es de cinco años),
por lo que hasta hace poco, las empresas de capital indias han dado la espada
a este sector. Esta situación ha ido cambiado en los dos últimos
años, con inversiones en el sector biotecnológico (fundamentalmente
de capital privado, aunque también con el apoyo del sector público)
rondando los 2.000 millones de euros.
Sólo una traba puede enturbiar el avance de este sector: la regulación
institucional, que por el momento, al margen de los debates morales
relacionados con la manipulación genética, no avanza al paso ligero
con que lo hace la industria, algo que tampoco debe sorprender en un país
donde el sector público marcha a paso de elefante.
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