Un ejemplo de pundonor e innovación
por
Redacción de Baquía
13/01/2005, 09:02 GMT+1
En Estados Unidos existe una gran tradición de mentes brillantes que
no han terminado sus estudios, lo que no les impidió triunfar en sus
diferentes campos de actividad. El propio Bill
Gates o el famoso Stephen
Wozniak, cofundador de Apple http://www.apple.com, encabezan la lista de
genios de la tecnología incapaces de aguantar la rigidez del sistema
universitario.
El diario The
New York Times nos trae la historia de Jeri Ellsworth,
una mujer capaz de emular a esos personajes que han marcado la historia reciente
de la tecnología.
Jeri es una chica de 30 años nacida en el estado noroccidental de Oregon,
en el que apenas existía posibilidad alguna de conseguir elementos electrónicos.
A pesar de ello, esta muchacha ha sido capaz de realizar varios experimentos
de ingeniería inversa con viejos ordenadores y programas
que adapta para nuevos usos, lo que le ha hecho ganar el respeto del sector,
especialmente de los apasionados de la primera ola de ordenadores, que reconocen
su capacidad para simplificar diseños antiguos y convertirlos en nuevos
productos.
Uno de estas creaciones ha sido el Commodore 64, un joystick
que permite jugar a 30 juegos y que lleva integrado un chip que sintetiza todos
los circuitos del ordenador del mismo nombre, aparecido hace casi dos décadas.
Con un precio de 30 dólares, el invento se ha convertido en un éxito
que ha vendido 70.000 unidades el primer día a la venta las pasadas navidades.
Jeri, que actúa como consultora, por lo que no se beneficia directamente
de las ventas de su aparato, dispone de una fuerza interna y capacidad de invención
que no es corriente en un ingeniero tradicional. Su trabajo es un delicado equilibrio
entre ciencia, arte y diseño, y demuestra que en tiempos en los que se
imponen la globalización y el outsourcing,
todavía es posible revivir el espíritu emprendedor que llevó
de los garajes de sus creadores a Silicon Valley a empresas como HP
o Apple.
La formación es importante, pero a veces, los mejores se forman a sí
mismos.
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