Si se realiza una búsqueda en google.com con la palabra "satan",
el primer resultado es:
Is Microsoft the Great
Satan?. Hay otros que insisten en que sumando el código ASCII de
las letras de su nombre "William Gates III" resulta 666. Puede que
sea el hombre más rico del mundo, pero está claro que no el más
querido.
En muchos casos Bill Gates ha sido injustamente vituperado. Microsoft
es una empresa que genera riqueza y que la reparte con sus empleados en forma
de acciones. Sus productos han acercado a la informática a personas que
huían de ella. Todo eso debería compensar las ideas robadas, los
competidores aniquilados o los productos deficientes.
Bill Gates no es un innovador, pero eso no quiere decir que no sea inteligente.
Deja que los emprendedores luchen, experimenten, fracasen, y finalmente compra,
copia y mejora sus ideas. De esta forma se ha convertido en el hombre más
rico del mundo.
Es indudable que Gates es un tipo brillante: excelente programador, un hombre
de negocios al que los más curtidos tiburones temen. Ya lo temían
cuando era menos poderoso.
Pero su verdadero don es el de la oportunidad. Sabe estar en el lugar preciso
en el momento adecuado y conseguir de paso unos cuantos millones de dólares
más. Quizá sea esto lo que la gente no le perdona.
El joven William Gates, con gafas y flequillo, consiguió entrar en Harvard,
pero lo dejó en 1975 porque tenía cosas más importantes
que hacer, como fundar Microsoft con su amigo Paul Allen, hoy un inversor multimillonario.
Después de abrirse camino con una versión del lenguaje de programación
BASIC, llegó MS-DOS, el primer bombazo de Microsoft: En 1981 IBM decidió
incorporar este sistema operativo a su nuevo producto, el IBM PC. Habían
nacido dos estándares por el precio de uno.
De todas formas, MS-DOS no era suyo. Se llamaba Q-DOS (Quick and Dirty Operating
System, sistema operativo rápido y sucio) y lo había desarrollado
una compañía de Seattle. Su socio Paul Allen fue quien lo mejoró,
pero fue Bill se lo vendió al gran IBM. Por eso Allen terminó
con un tercio de la compañía y Bill con el resto. Definitivamente,
el hombre es un genio.
El sistema MS-DOS era horrible. Tenía todo lo malo de los grandes sistemas
de la época (como UNIX), con comandos de texto difíciles de aprender,
y ninguna de sus ventajas, como la estabilidad el proceso paralelo. Pero triunfó.
¿Por qué no? ya lo había hecho el VHS, el peor sistema
de vídeo doméstico.
Cuando Apple presentó el Macintosh en 1984, las ventanas y con ellas
el concepto de ordenadores fáciles de manejar, llegaron a las masas.
Otra nueva oportunidad para que Gates lo hiciera peor, pero más barato.
Windows 3.0 volvió a ganar, como ganaría Windows 95.
En 1994 Internet comenzó su actual crecimiento explosivo. Microsoft
no estaba preparada para ello, y se quedó atrás. Florecieron entonces
compañías como Netscape y Sun, hasta que el gigante despertó.
En 1996 Bill Gates entra en una sala de la sede de MS en Redmond llena de programadores
y les ordena que formateen el disco duro para trabajar en Internet Explorer.
Cosa que debieron hacer enseguida, Mr. Gates es un caballero capaz de gritar
a un empleado hasta hundirlo en la moqueta.
La inversión (a fondo perdido, IE se regalaba) pronto dio resultados
diversos: una cuota de mercado que no paraba de crecer y un juicio antimonopolio
que se prolongaría hasta hoy.
El juicio, según los cronicones, fue un duro golpe para Bill Gates.
Él no es un malvado que quiere dominar el mundo. Él cree realmente
que está haciendo un bien a la raza humana con su trabajo. Simplemente
no podía creer tanta ingratitud.
Microsoft perdió el caso, pero ganó la guerra. Netscape ha sido
barrido literalmente. No obstante, Internet evoluciona en nuevos frentes en
los cuales el PC tiene cada vez menos protagonismo. Microsoft no tiene ningún
plan claro al respecto.
Quizá esa es la razón por la que Bill Gates se retira de su cargo
a maquinar nuevos negocios mientras Steve Ballmer adelgaza a fuerza de disgustos
llevando el timón. Y por qué no, también se retirará
para dedicar más tiempo a su esposa y dos hijos en su casa inteligente
de Seattle y correr con alguno de los Porsches de su colección.
En cualquier caso, su anuncio de hace algunos años de retirarse y donar
el 90% de su fortuna a la beneficiencia parece cada vez menos creíble.
Que no nos pase nada.