Si el formato MP3 se ha convertido en la pesadilla de las discográficas y de los protectores de los derechos de autor, Napster ha contribuido ha multiplicar sus dolores de cabeza.
La Recording Industry Association of America (RIAA) ha interpuesto una demanda multimillonaria contra la empresa que desarrolla el programa, que servirá de prueba para la nueva ley Digital Millennium Copyright Act.
Este programa permite intercambiar canciones entre ordenadores en el famoso formato, pero su mayor peligro es que, debido a su éxito, le han salido émulos por doquier.
De las universidades a los ISP
El MP3 logra reducir hasta doce veces el tamaño de un archivo de sonido sin que se pierda nada de calidad (que pueda ser percibida por el oído humano). Aún así, las canciones pesan más o menos 1Mb por minuto, lo que sigue siendo mucho para que las redes soporten un tráfico intenso de estos archivos.
Primero fueron las universidades estadounidenses las que empezaron a vetar en masa el uso de Napster: algunos rectores afirmaban que el 60% de la capacidad de sus redes lo ocupaban MP3 volando de un lado para otro.
Al grito de 'Save our Napster', los estudiantes se agruparon para defenderse de lo que consideran censura intolerable. Un par de alumnos de la Universidad de Indiana lanzaron el web 'Students against university censorship', desde el que tratan, además de seguir ahorrando al comprar discos, llegar a acuerdos con las universidades para que levanten el veto.
De hecho, los desarrolladores del programa, en colaboración con la propia Universidad de Indiana, han introducido modificaciones sobre el original para conseguir una versión menos dañina que además pueda usarse para otras aplicaciones.
Pero los MP3 resultan demasiado pesados incluso para las redes de banda ancha. Hace poco, el proveedor de Internet por cable Cox@Home se vio obligado a mandar una carta a sus clientes para advertirles que, o dejaban de utilizar Napster, o les cancelaban la cuenta.
Crece y crece
A ojos de los inversores, Napster no es pirata, es una mina de oro. El año pasado, antes de saltar a la fama, la empresa recibió dos millones de dólares de gente como Angel Investors y Exicte.
En la segunda ronda, que cierra estos días, recibirá 15 millones de dólares de inversores que permanecen en secreto por 'razones legales'.
Eramos pocos y se abrió el código fuente
Justin Frankel y Tom Pepper, fundadores de Nullsoft, ya eran famosos por haber creado el popular reproductor de MP3 WinAmp. Su empresa fue adquirida por AOL, pero ellos por su cuenta y riesgo desarrollaron Gnutella, una versión mejorada y open source (con el código fuente abierto) de Napster.
Horas de después de colocar Gnutella en Internet, se vieron obligados a retirarlo porque la numerosa demanda hacía peligrar los sistemas. Para colmo, a AOL no le hizo ninguna gracia y cerró el sitio web que permitía la descarga del programa.
A parte de curarse en salud por los más que probables problemas legales, America Online veía en el proyecto una amenaza para las discográficas EMI y Warner Music, que formarán parte de AOL.
A diferencia de Napster, que utiliza un único servidor para permitir a los usuarios intercambiar emepetreses, Gnutella fue diseñado para correr en diferentes máquinas a la vez, con lo que es mucho más difícil de bloquear el acceso.
Y siguen naciendo
La efímera vida de Gnutella en Internet no fue tal: pronto resucitó gracias a la comunidad 'open source'. En ese rato que estuvo colgado en la Red se produjeron muchas descargas, y, en las últimas semanas, han florecido varios 'unofficial Gnutella sites' que se encargan de seguir distribuyendo copias del programa.
Advirtiendo que no tienen nada que ver con Nullsoft, uno de esos sitios no oficiales, que se autodenomina el 'primer portal Gnutella', lanzó la versión .56 del programa a la vez que ofrece información sobre futuras
versiones.
Por si no era peligroso soltar un programa tipo Napster entre la comunidad de manitas 'open source', un hacker colocó en la Red el Wrapster, una modificación de Napster que dejaba a este en pañales: permite intercambiar cualquier tipo de archivos.
A cara descubierta, la empresa californiana Scour.net lanzó a principios de este mes Scour Exchange, cuya versión beta, que ya se puede descargar desde su web, promete localizar ficheros MP3, imágenes, vídeo y 'mucho más!'.
Ya no se trata sólo de la guerra MP3 vs. industria de la música, con estos nuevos clones de Napster, vídeos, documentos de texto, copias ilegales de programas... todo puede pasar de un ordenador a otro saltándose a la torera cualquier control.
Hay muchas otras aplicaciones con la misma cara que Napster, como Imesh o CuteMX, que permiten a los usuarios descargar ficheros multimedia de la Red. También hay programas open source en diversos estadios de desarrollo, como OpenNap o Gnap, que utilizan la licencia GNU; y una red en desarrollo para la libre distribución de información, Freenet, que al igual que Gnutella no funciona con una infraestructura centralizada.
No todos lo hijos son ovejas negras
El pecado de Napster y amigos no es su tecnología, es lo que los usuarios malvados hacen con ella. Es más, a esa tecnología se le pueden encontrar aplicaciones menos fútiles.
En ello está un profesor de bioinformática que trabaja en el Proyecto Genoma Humano, que investiga las formas de utilizar la tecnología del Napster para intercambiar sus hallazgos con el resto de la comunidad científica.
Esperemos que a la RIAA no le huela también mal esto de los genes y le dé por cerrar el Laboratorio neoyorquino Cold Spring Harbor, donde trabajan el Dr. Lincln Stein y su Napster.
La punta del Iceberg
Cójase el Napster, agréguense las decenas de réplicas que ya funcionan, las centenas por funcionar y todas aquellas aplicaciones parecidas que no alcanzan publicidad en los medios. Agítese bien, y el resultado será la milésima parte del tráfico ilegal de MP3 que circula por Internet.
Pasando por encima de la World Wide Web, entre cuyas páginas se cuentan por miles las que ofrecen 'free download' de todo tipo de música (95% ilegal), IRC (Internet Relay Chat) contiene cientos de canales dedicados en exclusiva a que los melómanos compartan sus discotecas.
Una búsqueda de algún álbum, digamos extraño, puede resultar ineficaz entre Napster y similares... ¿pero qué hay de un chat en el que el nombre de un canal es el del autor de ese disco? Sólo en DALnet, la tercera mayor red de chat por detrás de EFNet y UnderNet, hay 100 canales agrupados por estilos de música y autores.
En conclusión: por mucho que la Industria de la música trate de entorpecer el desarrollo de programas tipo Napster, reproductores como el Rio de Diamond o nodos tal que MP3.com... lo que harán se parecerá a tratar de frenar con un palo una rueda de molino.
Que vayan pensando en una manera más razonable de ganarse las habichuelas, en nuevas formas de entender los derechos de autor y de gestionar la cadena de ingresos, desde el creador al tendero.
Para saber más: