La industria cinematográfica se enfrenta ahora al mismo tipo de 'shock' que lleva padeciendo años la discográfica: Internet. Hasta ahora miraban, interesados pero lejanos, protegidos por los enormes tamaños que alcanza una película en formato digital y la lentitud de la Red. Pero primero vino DeCSS, el reventador de las protecciones instaladas a los DVDs. Y ahora ha llegado Scour, un programa muy similar a Napster (intercambio de ficheros entre usuarios) que permite el intercambio de películas. Enteras. Al poco de su estreno. En cuanto se han enterado, Hollywood a puesto manos a la obra, y ha atacado con su artillería más pesada: abogados. Scour, uno de cuyos inversores es Michael Ovitz (legendario agente de la meca del cine), está ante los tribunales.
Hollywood demanda a Scour, en TheStandard
Y es que estar en la onda no libra a uno de las iras de sus antiguos amigos, cuando en juego hay miles de millones de dólares. Con lo bien organizadito que lo tenían, cobrando miles de veces por cada film, explotando a todo aquel explotable (no a las estrellas, que a su vez sacaban el máximo partido), incluso retocando la historia a voluntad, como en El Patriota y U-571... llega esa cosa y les roba. Encima, con la colaboración de uno de los suyos. La idea de que su sistema se ha venido abajo no consigue penetrar sus espesos cráneos. Peor para ellos.
Con amigos como éstos... en Salon
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