MP3.com y Napster pierden una batalla, pero no la Guerra
por
Iñaki I. Rojo
18/05/2000
00:00 GMT+1
La amenaza MP3 estaba tomando nuevas formas para asestar el golpe definitivo al arcaico modo de vida de la industria musical y a las primitivas leyes de copyright. Con los nuevos servicios de nodos tipo MP3.com y programas como Napster o Gnutella, parecía que sólo un despistado se gastaría la paga en la tienda de discos.
Como gatos panza arriba, pero dotados de armas poderosas, las discográficas y los autores han reaccionado con virulencia. De juzgado en juzgado, a base de querellas, intentan cerrar o prohibir todo lo que atenta contra lo que creen suyo.
La Recording Industry Association of America (RIAA) ha demandado a MP3.com y Napster, que también ha recibido denuncias de músicos como Metallica; el juez ha ordenado cerrar servicios de MP3.com, Napster ha echado a miles de usuarios, que se han levantado contra los demandantes... MP3 está en el ojo del huracán.
Llueven denuncias sobre MP3.com...
Para hacerse un hueco en el saturado mundo de la música online, MP3.com comenzó a añadir nuevos servicios que se situaban al borde de la legalidad. Sus abogados veían crecer la montaña de denuncias sobre sus mesas...
La RIAA, por su puesto, ya presentó su correspondiente demanda en enero de 2000. Su objetivo era MyMP3.com, una base de datos digital con 80.000 CDs comprados por la empresa y colgados del nodo a disposición de los oyentes. La RIAA argumenta que se trata de violación de copyright descarada, ya que MP3.com no posee los derechos sobre las canciones de su base de datos; el nodo musical se defiende alegando que MyMP3.com cuenta con la tecnología adecuada para asegurar que sólo los usuarios propietarios del CD, pueden escuchar su versión online.
En abril, MP3.com y un puñado de discográficas recibieron una querella de artistas que exigían royalties por la venta o difusión por la Red de su música; y poco después se unió a la fiesta MPL Communications, que cargó otra vez contra MyMP3.com, ya que no estaba dispuesta a compartir las canciones de Paul McCartney.
...pierde la primera batalla legal...
Tarde o temprano el juez tenía que decidirse. Y resultó que la industria musical se apuntó el primer -e importante- tanto en esta guerra de incierto final.
Sin paliativos: un juzgado federal declaró que MP3.com violaba los derechos de autor a través de 'MyMP3.com'. La decisión, seguida de cerca por el mundo de la música, sienta un precedente trascendental para determinar hasta dónde pueden llegar las empresas de Internet sin saltarse las leyes actuales de copyright.
El pleito interpuesto por la RIAA y las 'Big Five' -Sony Music, Warner Music, EMI Recorded Music, Universal Music y BMG Entertainment- exige a MP3.com de 750 a 150.000 dólares por cada CD copiado en su base de datos. Con unos 370 millones de dólares en 'cash', el presidente de la compañía, Robin Richards, ni se plantea la posibilidad de tener pagar varios miles de millones para reparar los daños. Para MP3.com, es imposible que la RIAA calcule el dinero que han dejado de ingresar.
El juzgado que lleva la causa afirma que MP3.com no se limitaba a almacenar la música de CDs comprados, sino que ofrecía canciones copiadas sin el permiso de las compañías de discos.
... y mete la marcha atrás
Evitando males peores, MP3.com decidió silenciar la música que se descargaba desde MyMP3.com.
En una escueta nota publicada en su web y enviada por correo a los 500.000 suscriptores explica su firme desacuerdo con la sentencia, pero reconoce la derrota parcial. 'Debido al proceso judicial en marcha', lamentan, 'nos vemos obligados a retirar de MyMP3.com el contenido de las grandes casas de discos' (siguen ofreciendo miles de CDs liberados de copyright).
El juez ha fijado el 28 de agosto como fecha para determinar la cuantía de los daños, que el demandante estima en 6.000 millones de dólares. Mientras, MP3.com sigue en conversaciones con la RIAA para tratar de suavizar su enfado y evitar la catástrofe económica.
De entrada, la movida judicial provocó una caída del 40% de las acciones de MP3.com, títulos que se pagan ahora a 12 dólares frente a los 105 de su máximo anual.
Napster contra todos
'MP3.com es Napster disfrazado de cordero', dice un ejecutivo de una discográfica. Eso es tanto como decir que Napster es el lobo feroz para la Industria.
La fama de Napster, un programa que permite intercambiar con gran facilidad canciones en MP3 entre computadoras, se extendió como un reguero de pólvora por los campus estadounidenses. Pronto comenzó a padecer de éxito: las universidades lo vetaron en masa porque saturaba sus redes y las discográficas lo miraban como un bicho muy peligroso.
Los estudiantes se agruparon en el movimiento 'Save our Napster', idearon virguerías para evitar la censura universitaria, montaron bronca y consiguieron llegar a acuerdos con los rectores para moderar la okupación de redes a cambio de mantener su Napster.
Pero no tardó la RIAA en demandarlo, poniendo sobre la mesa los mismos argumentos utilizados contra MP3.com: flagrante violación de los derechos de autor. El fondo del problema es el mismo pero la forma es bien distinta y la denuncia puede perderse en vericuetos legales.
Napster no copia MP3, no tiene una base de datos propia, no vende canciones piratas. Lo único que hace es prestar un servidor para centralizar las búsquedas de archivos entre computadoras situadas en cualquier lugar de la Red. Es el arma del delito.
Por eso los ataques le han llegado desde varios frentes (discográficas y autores) y las denuncias se han dirigido tanto a la empresa como a los usuarios.
Metallica y Dr. Dre, abanderados de la RIAA
Con o sin quererlo, unos cuantos músicos se han convertido en el ariete de la industria musical para derribar la piratería MP3. Viendo amenazada su forma de vida -'sólo queremos vender algún CD', gimen- se arriesgaron a ponerse del lado de las discográficas contra los clientes.
El caso del veterano grupo de heavy-rock Metallica es especialmente peculiar. En sus inicios, muy rebeldes ellos, lanzaron sus primeros temas regalando cintas e incitando a sus fieles a hacer copias piratas. Eran jóvenes.
El camino recorrido por el soporte musical, desde las cintas de hierro y cromo a los CD y la tecnología MP3, lo aprovechó Metallica para cambiar de chaqueta: ahora ven las cosas a través de un cristal de un color muy distinto, el verde de los dólares. Así, no dudaron en demandar a Napster junto a varias universidades que toleraban su uso.
Los ciberabogados de Metallica estuvieron tres días escrutando los ficheros MP3 trocados a través de Napster. Si escondían algún bit de Metallica, tomaban buena nota del nombre del usuario. Después se dirigieron a la empresa con una lista de 335.435 infractores exigiendo que fuesen inmediatamente expulsados.
Siguiendo el ejemplo, el rapero Dr.Dre se animó a denunciar a Napster junto a todos los universitarios que lo utilizaban, y ayer mismo presentó su lista negra.
Y Napster también cede, pero no mucho
Temiendo que el mazo del juez se desplomase sobre su servidor, Napster también se bajó los pantalones y desterró del ciberespacio a los usuarios marcados con la calavera de piratas. Una retirada tachada de traición por los usuarios, que han levantado sus voces contra la empresa.
Pero el arma lanzada por Metallica contra Napster ha resultado ser un boomerang que está punto de volver contra sus cabezas. Además de los gritos de ex-fans que incitan a levantar piras donde arrojar todos los CDs de Metallica y ataques a su web, el asunto legal tampoco lo tiene bien asido.
Napster se disfrazó de ISP (proveedor de acceso) para acogerse a la Digital Millennium Copyright Act y eludir su responsabilidad sobre las andanzas de los usuarios por sus redes. Pero la primera jugada no le salió bien.
Sin embargo, más de 30.000 de los desterrados se han dado la vuelta y han presentado sus contra-denuncias contra los rockeros, alegando que ellos no han hecho nada ilegal y si no que se demuestre.
A los abogados del grupo, que reconocen haber recibido por lo menos 17.000 alegatos de inocencia, sólo les queda contratar a todos sus colegas sobre la tierra para poder presentar una denuncia individual contra cada uno de los supuestos violadores de derechos. De lo contrario, deberán aceptar que sean reinsertados.
Una tendencia imparable
El vacío legal y los caminos que trazan las nuevas tecnologías cada día dibujan un final muy difuso de esta historia. Industria y autores deberían tratar de subirse al tren en vez de intentar detenerlo, antes de que sea demasiado tarde. Sus esfuerzos se deben dirigir hacia la búsqueda de alternativas viables, que seguro las hay, aunque les suponga una pequeña pérdida de status. No es un disparate decir que existen alternativas para utilizar Napster en su provecho.
La opinión general tiende a adjetivar las victorias contra MP3.com y Napster de pírricas. Aunque ganen más batallas como ésta es prácticamente seguro que perderán la Guerra.
Lo único que han conseguido hasta ahora es multiplicar la popularidad de todo lo que toca MP3. En la última semana de abril, las visitas a Napster aumentaron un 20%, hasta alcanzar los 553.000 usuarios únicos; MP3.com consiguió 328.000 visitantes (+4%) y FarmClub.com 213.000 (+52%), según Nielsen/Netratings. El éxito de Napster es tal que una reciente encuesta de Webnoize afirma que el 73% de los universitarios lo utilizan y que 'la gran mayoría' estarían dispuestos a pagar hasta 15 dólares mensuales por no perderlo (que tome nota la RIAA).
El problema de MP3.com y de Napster Inc. es que tienen una cara que poder partir. Pero, ¿cómo luchar contra Gnutella, que ya no tiene una empresa detrás y funciona a su libre albedrío? ¿Qué hacer contra Wrapster, Naphoria, Scour.net, Macster, Melallicster, OpenNap... y las infinitas ocurrencias por llegar de manos de programadores ingeniosos? ¿Cómo frenar los chats y grupos de noticias donde vuelan tantos emepetreses como palabras?
Tendrían que cerrar servidores, denunciar a proveedores de acceso, destruir los reproductores, prohibir el algoritmo de compresión de audio del MP3... Tendrían que acabar con la Red. Y por el momento lo tienen bastante complicado.
La limitación tecnológica actual sólo permite que paquetes pequeños, archivos de audio comprimidos por ejemplo, se muevan a sus anchas por la Red. Cuando Internet alcance la velocidad de la luz, el problema se extenderá hacia cualquier cosa que pueda tomar forma digital (películas enteras, juegos, todo tipo de software, etc).
El futuro de Napster importa poco, lo realmente importante es la idea, contra la que no se puede litigar. Esto es sólo el principio.