Sin lugar a dudas, Napster se ha convertido en todo un hito de la breve historia de Internet, esa maravilla que permite compartir los ficheros MP3 y convierte los discos duros de todos sus usuarios (incluido el mío) en una inmensa base de datos más de 2.000 gigabytes que explorar y compartir.
También se ha convertido en el campo de batalla en el que la RIAA (Recording Industry Association of America) y artistas excesivamente celosos de su Copyright se enfrentan a cientos de miles de usuarios con bastantes tablas en Internet. De momento Metallica ha perdido en su primer enfrentamiento con sus seguidores, a los que consiguió expulsar de Napster. Yo fui una de ellas, y esta es la crónica de cómo ganamos la contienda.
Napster VS Metallica
Los músicos se sienten amenazados y mientras la mayoría se quedan calladitos replanteándose su manera de ingresar dólares (al menos eso esperamos por su bien), algunos menos listos como Metallica, o el menos popular DrDre, se decidieron a combatir a Napster sin darse cuenta de que al mismo tiempo se estaban enfrentando a sus fans.
Sin lugar a dudas la opción más ocurrente ha sido la de The Offspring que, consciente de que Metallica se está equivocando, ha optado por hacer del símbolo de Napster su bandera e incluirlo en su sitio web y venderlo como merchandising. ¿Será que ellos son usuarios de Napster? Lo más bonito es que lo hicieron sin pedir permiso Napster y le han pusieron en un brete del que difícilmente podía salir por la vía legal;
estaría muy feo que el adalid de la libertad online se pusiera a pleitear por el Copyright de su logo. Muy diplomáticos, han llegado a un acuerdo de explotación según el cual todos los beneficios se destinarán a la caridad.
Caso aparte es el de Madonna, o mejor dicho el de la Warner Bros, que están pensando que acciones tomar después de encontrarse en Napster diferentes canciones de 'Music', el último álbum de la cantante, antes de estar en las tiendas. ¿Qué tal vigilar a la gente de la compañía que tiene acceso a esas grabaciones?
Los integrantes de Metallica han sido los que más ruido han hecho y los primeros en lanzarse al ruedo. Primero se dirigieron a Napster con 335.435 nicks (apodos) de gente que tenía en su disco duro canciones del veterano grupo y exigieron su expulsión. Napster les complació. DrDre les imitó poco después con el mismo éxito.
¿Qué es lo que consiguieron con todo esto? Desde luego que dejen de circular sus canciones por Napster no. El premio que han cosechado por batirse el cobre por su discográfica ha sido el encontrarse enfangados en un proceso legal sin solución, que proliferen los nodos y los chistes de Internet anti-Metallica, y ganarse a pulso que muchos de sus seguidores ahora los odien.
Cómo Metallica me expulsó de Napster...
En España y en Latinoamérica, como es la costumbre, tardamos algo más en enterarnos de que existía esta comuna musical de usuarios. Al principio era un milagro encontrar alguna canción en español, ahora las cosas han cambiado
y todo tipo de grupos y artistas latinos pueblan la comunidad de Napster, eso sí, con conexiones paupérrimas.
Como trabajo en Internet fui de las primeras en introducirme en la vorágine de esta discoteca online y uno de los primeros grupos que me dio por buscar ¡craso error! fue Metallica, por eso de recordar mi primera juventud.
Mientras el enfrentamiento entre Napster y Metallica protagonizaba parte de nuestras reuniones de redacción, reportajes y Zumos de Red, mis compañeros se preguntaban cuando caería la ira de James Hetfield sobre mí. Pues cayó en el mismo momento que decidí instalar la última beta de Napster, y al mismo tiempo que mi actualización cayó mi conexión a la comunidad Napster acompañada de un bonito mensaje que decía 'melisats proscrita: Proscrita por Metallica: Mirar http://infringe.napster.com/metallica.html'

El nodo en cuestión es, por una parte, la explicación de Napster de los motivos de la expulsión, en el que incluye un fragmento de la exigente carta que Metallica dirigió a Napster.
En segundo lugar Napster insta los usuarios excluidos a querellarse a su vez contra Metallica y pone a su disposición el documento legal para que lo completen asegurando de buena fe que no han infringido el Copyright de Metallica y que la banda debe estar en un error al haberlos incluido en su lista. Napster se encarga de gestionarlo, y si en el plazo de 10 días no reciben una notificación del grupo de música, el proceso se cierra y Napster se compromete a devolver el acceso a su servidor a dicho usuario.
Evidentemente Metallica no es capaz de luchar contra tal número de reclamaciones procedentes de todos los rincones de planeta, y aún en el caso de que quisiera hacerlo le resultaría imposible demostrar nada. Con esta estratagema legal alrededor de 30.000 expulsados recobraron su acceso a Napster. ¿Alguien es tan ingenuo como para creer que los otros 300.000 se han conformado con quedarse sin su Napster?

... y como volví a entrar
Pero esa solución, además de lenta, es demasiado fácil. Para quien, como a mí, no le apetezca rellenar un extenso formulario legal, o no le dé la real gana esperar esos 10 días, la madre Red le provee de soluciones alternativas.
La primera tentativa por supuesto consiste en borrar del disco duro todo rastro de Napster, reinstalarlo y entrar como un usuario nuevo. Intento inútil, los chicos de Napster saben hacer las cosas muy bien y su programa se introduce libidinosamente en el registro para evitar esta pequeña trampa.
La siguiente solución, algo más laboriosa, es entrar en el registro y cambiarlo a mano. En Internet hay numerosos nodos que instruyen al respecto.
Otra opción más fácil es obtener de la Red, o de muchos de esos sitios web, un ejecutable que lo hace solito, que es más rápido y más seguro, pero que proporciona menos satisfacción personal que conseguir hacerlo por uno mismo.
Más alternativas: instalar el Napigator y Wrapster, programas que parasitan el servidor de Napster. Mas aún: los hijos ilegítimos de Napster como Gnutella o Scour...
En definitiva, Metallica no es un buen ejemplo a seguir para el resto de los artistas preocupados por su negocio. Esperemos que hayan aprendido la lección e intenten emular con ingenio la actitud de The Offspring.
Otros enemigos de Napster
Los universitarios son los más fieles y entusiastas seguidores de Napster, una encuesta de Webnoize afirma que el 73% lo utiliza al menos una vez al mes y el 57% semanalmente. Como consecuencia lógica las redes de las universidades son las que soportan mayor tráfico de MP3 por sus venas.
Argumentando que el uso de Napster sobrecargaba las infraestructuras, las universidades pretendieron vetar el acceso a Napster. Por supuesto, y teniendo en cuenta que los universitarios son gente de recursos, el intento ha resultado del todo infructuoso.
En algunos campus se organizaron campañas proNapster del tipo Save our Napster, en otras se alzaron auténticas revueltas estudiantiles que forzaron a los rectores a negociar un acceso limitado. En cualquier caso, la Red está poblada de numerosos sucesores de Napster que se saltan estas barreras, y de soluciones que desarticulan los firewalls (cortafuegos en castellano) de las distintas facultades.
La hasta ahora poderosa RIAA no acaba de creerse que algo salido de Internet, eso que miraban como una tontería hasta hace muy poco, amenace su imperio.
Por supuesto para ellos Napster es simple y llanamente un engendro del demonio que habría que tirar al mar con los pies convertidos en un bloque de cemento, el problema es que, por primera vez en su historia no tienen la más remota idea de cómo hacerlo. Napster, que para acogerse a la Digital Millennium Copyright Act se camufló de ISP, no alberga, copia, piratea ni vende canciones, es simplemente un servidor.
Y si el objetivo final e inconfesable de la RIAA no era ganar la batalla legal, sino espantar a los inversores, tampoco lo está consiguiendo: Napster ha recibido recientemente 15 millones de dólares de los capitalistas aventureros Hummer Winblad y un nuevo jefe, Hank Barry que antes de ser inversor fue abogado especialista en el mundo del espectáculo. De momento Napster y su comuna de usuarios pueden respirar tranquilos.