Las nuevas tecnologías son nuestras aliadas. Ayudan a que llevemos una vida más cómoda y facilitan el trabajo diario. Pero también permiten que todos estemos un poco más controlados. En el email, el producto estrella de Internet, se puede colar el Gran Hermano.
Gracias a sencillos programas, como LittleBrother, los empleados deben trabajar como si tuviesen al jefe todo el día mirando por encima del hombro. Qué tipo de mensajes y a quién los mandan, por dónde navegan, que guardan en sus discos duros... todo está al alcance de más de un par de ojos.
Las empresas alegan controlar el rendimiento, las asociaciones para la defensa de la privacidad se llevan las manos a la cabeza ante flagrante violación del derecho a la intimidad y por en medio cientos empleados pierden el empleo por holgazanear, desperdiciar recursos o tener aficiones que atentan contra la imagen de la compañía.
A calle por mandar mensajes 'inapropiados'
A principios del año pasado, el prestigioso rotativo New York Times despidió a 23 empleados por enviar mensajes que la dirección del periódico consideró inapropiados. Desde entonces se han sucedido casos similares: Xerox echó a 40 trabajadores por violar las normas sobre el uso de las computadoras, la Marina de EEUU llamó al orden a 500 empleados de Pennsylvania por enviar 'mensajes de contenido sexual explícito', el propio NYT volvió a despedir a 20 empleados en diciembre que mandaban 'e-mails ofensivos' y Boeing ha echado a otros tantos por el mismo motivo.
Y no es extraño que cada vez más trabajadores caigan en las garras del ojo que todo lo ve: una encuesta de la American Managment Association revela que el 45% de las grandes empresas estadounidenses controlan las
comunicaciones y el rendimiento de sus empleados.
Para esas empresas nadie debería cuestionar tal atribución, ya que toda la información enviada o recibida por la computadora de un empleado, al igual que la propia computadora, es propiedad de la compañía.
'Big Brother's watching you'
Ese control incluye el almacenamiento y revisión de correos electrónicos, de los archivos, de las conversaciones telefónicas, etc. Las compañías orwellianas se defienden argumentando que sólo utilizan herramientas para medir la productividad de sus empleados. Después de todo, dicen, están en su puesto de trabajo para trabajar, y sus jefes tienen un interés legítimo en sus actividades.
Pero hasta dónde pueden llegar para comprobar que su plantilla es fiel a sus tareas es un tema muy espinoso. Algunas se limitan revisar el buzón de un empleado cuando han recibido un soplo sobre sus actividades ilícitas; muchas otras, sin embargo, controlan rutinariamente las computadoras para identificar a los que remolonean en el trabajo o ponen en peligro a la compañía al navegar por mares demasiado cálidos o enviar mensajes de contenido pornográfico.
'Nuestra política esencialmente dice que el email es una herramienta para la comunicación de la empresa y, al igual que cualquier otro sistema de comunicación aquí, debe ser coherente con las normas de comportamiento y educación', afirma Nancy Nielsen, portavoz del NYT. Aunque no da pistas sobre las violaciones de la política de la empresa que los despedidos cometieron con sus cuentas de correo, alguna publicación apuntó que se trataba de mensajes X, con una mezcla de chistes picantes y fotos de famosas en paños menores.
La compañía es muy dueña de utilizar tal inocente afición para finiquitar a parte de su plantilla; a fin de cuentas puede alegar que perdían miserablemente el tiempo, no importa en qué. Es la forma en que esa compañía averigua que tal empleado no es lo rentable que debiera -violando su computadora- lo que es más que cuestionable.
El problema se complica cuando entra en juego el spam, el correo no solicitado. Alguno de los expulsados del NYT afirma que jamás en su vida ha visitado un nodo pornográfico, aunque puede haber recibido el material de algún desconocido vía email.
Los apologistas de la privacidad, como el Electronic Privacy Information Center (EPIC), defienden con contundencia y hasta ira que se trata de una flagrante violación de la intimidad y que nadie tiene el derecho a vigilar a un empleado a no ser que tenga evidencias de que está desperdiciando los recursos de la empresa.
A nadie se le ocurriría abrir sin permiso un sobre que no es suyo. El correo es algo personal que hay que respetar... ¿Por qué hacer diferencias con el email, que es exactamente lo mismo con otro formato?
Con la ley de su parte
Hay una línea muy delicada que separa la legítima defensa de los intereses de una compañía del derecho a la privacidad de sus empleados.
Pocas leyes cuestionan el derecho de las empresas a meter mano en su propiedad privada: en los equipos que manejan sus empleados. En EEUU, sólo la legislación del estado de Connecticut obliga a revelar las prácticas de control de los directivos hacia su plantilla.
De hecho, la batalla se traslada desde el hecho en sí de fiscalizar al personal a quién y cómo lo hace.
La ACLU (American Civil Liberties Union) afirma que la vilgilancia se ha intensificado en los últimos años, gracias al desarrollo de un 'monitoring software' cada vez más asequible y sencillo de utilizar. Incluso esta organización tolera cierto grado de control: 'Si se tienen supervisores bien preparados, éstos deberían darse cuenta cuando se reduce drásticamente la rentabilidad de un empleado y sólo entonces es aceptable que el empresario le monitorice su actividad'. Sin embargo, el control aleatorio sin causa justificada, es una vulgar agresión contra la privacidad.
Programas espía
Hay empleados a los que les delatan los callos en el pulgar e índice de la mano izquierda, los dedos que se utilizan para las teclas ALT - TABULADOR con las que se cambia de programa cuando unos ojos peligrosos acechan por detrás de la pantalla.
Pero que nadie les pille 'físicamente' realizando tareas extras, desde jugar al Tetris a enviar chistes o deleitarse con fotos eróticas, no significa que estén a salvo. Sus movimientos -hábitos de navegación y envío de mensajes- dejan un rastro muy fácil de seguir por quien esté interesado. Sofisticados programas se encargan de vigilar cada segundo las actividades del personal.
'Es un hecho: todos los empleados con acceso a Internet lo utilizan alguna vez para razones personales; tiempo que usted [el empresario] está pagando'. Así de contundente se anuncia LittleBrother 4.0, un programa para controlar el acceso a Internet y los mensajes. Su web incluye una calculadora para que el jefe estime cuanto dinero tira a la basura por culpa de los haraganes.
Telmate.Net ofrece al ejecutivo con vocación de Gran Hermano toda una serie de instrumentos para monitorizar a sus empleados. Tablas y gráficas de todos los colores le informan del abuso de Internet (identifica a los empleados que 'ponen en riego' a la empresa, los nodos que visitan y la frecuencia y duración de esas visitas). Promete mejorar la productividad comprobando si el uso de Internet está o no relacionado con el trabajo.
Son sólo dos ejemplos, pero es evidente que está al alcance de cualquiera hacerse con un software con el que averiguar cada 'despiste' de un empleado. Los costes para meter en cintura a 500 trabajadores, van desde los 7.000
dólares de SuperScout, hasta los 20.000 de vXmail o los 25.000 del Messaging Management System.
Del otro lado, los usuarios pueden contar con un pequeño arsenal, proporcionado por los abogados de la privacidad y el anonimato, para defenderse de los curiosos.
Email: una de cal y otra de arena
Se estima que más de la mitad de los mensajes enviados y recibidos en el trabajo son de carácter personal, lo que se traduce en tiempo y dinero perdidos por una empresa. Pero el email también contribuye, y mucho, a mejorar el rendimiento laboral.
Un estudio elaborado por Ferris Research afirma que del uso del correo electrónico resulta un aumento de la productividad de 9.000 dólares por empleado y año. Y eso que se analizan los beneficios que se pueden medir, como el tiempo y el dinero que se ahorra al no tener que manejar sobres, sellos, mensajeros, fax, etc; y no se tienen en cuenta otros difíciles de cuantificar, como la mejora en la cadena de toma de decisiones.
Cada empleado ahorra una media de 326 horas anuales, lo que se traduce en un aumento de la productividad del 15 al 20% (13.000 dólares). A esto hay que restar el tiempo perdido con el spam y el correo personal, 115 horas (4.000 dólares), con lo que quedan esos 9.000 dólares de beneficios.
Pero la conclusión del estudio es para echarse a temblar: las compañías que incitan a los empleados a limitar el uso personal de su correo pueden lograr un notable incremento de su productividad.
La tendencia a ver en el empleado un 'elemento productivo' al que controlar todavía no se ha extendido mucho fuera de Estados Unidos. Pero todo llegará. Las nuevas empresas, sobretodo las de Internet, imitan en todo lo que pueden el 'modelo USA' (¡no dejan fumar!) y nadie debe descartar que algún día el jefe le palmee el hombro para comentar las fotos del emilio que mandó a su primo de Australia. ¡Ojo avizor!