El sector editorial lleva ya un tiempo bajo el acoso de las nuevas tecnologías, que amenazan con revolucionar la relación de los lectores con los libros. Sus partidarios y detractores se enfrentan en enconadas batallas y glosan incansables las virtudes y los defectos de los nuevos soportes y productos.
Mientras que en Estados Unidos los libros electrónicos comienzan lentamente a ganar la aceptación del público (empujados por campañas de marketing como la de Stephen King), en Europa las grandes editoriales todavía se muestran algo recelosas ante las supuestas ventajas que traen bajo el brazo las nuevas tecnologías.
Por eso todavía sorprenden -y agradan- iniciativas como la de Planeta y Xerox, desvelada durante la última Feria del Libro de Madrid, que tiene por objetivo divulgar e implantar la impresión digital en el sector editorial. Este proyecto y otros en los que ambas trabajan por separado son una muestra de que la tecnología puede y debe acabar redundando en beneficio de todos los lectores.
La impresión digital, el primer paso
La Feria del Libro de Madrid ha sido el lugar elegido por Planeta, la editorial más importante de España y la séptima del mundo, para presentar junto con Xerox la impresión digital bajo demanda ("print on demand").
Para esta última compañía, famosa por inventos como la impresora láser, el ratón, los iconos de Windows o el primer prototipo de ordenador personal, la experiencia no es nueva. En la feria de Francfort de octubre de 1999, la compañía firmó un acuerdo con la editorial alemana Bertelsmann, la más grande del mundo, para divulgar e implantar la impresión digital en el sector editorial.
La impresión digital es "una salida más al comercio electrónico", como afirma Joan Badía, especialista en impresión digital para el sector de las Artes Gráficas de Xerox España. Para él, Xerox ha dejado de ser una simple compañía de fotocopiadoras para empezar a ofrecer soluciones globales a sus clientes, entre los que se encuentran las editoriales.
Y es que Badía lo tiene claro: "La tecnología permite una serie de ventajas que antes no eran accesibles. Todo esto abre nuevas puertas y mercados a colectivos como editores, público, librerías, etc."
El manuscrito llega a la editorial, se digitaliza y luego se envía para ser impreso digitalmente o vía offset en cualquier lugar del mundo. El proceso, para todos aquéllos que han presenciado una demostración -con impresoras que pueden llegar a alcanzar las 1.300 páginas por minuto-, es casi instantáneo y el libro resultante de una calidad equiparable a los libros impresos por medios tradicionales.

Sus ventajas, bien a la vista
La impresión digital presenta numerosos beneficios frente a la impresión tradicional. Por un lado, permite a los escritores menos conocidos -que no son rentables para las editoriales al no generar ingresos suficientes para cubrir los costes de impresión- acceder al mercado.
Los costes de preimpresión y acabado se reducen y se consigue que el coste unitario por libro se mantenga constante, independientemente del número de libros editados.
Por su parte, los lectores más avezados o más nostálgicos pueden acceder a los fondos de libros descatalogados, que en muchos casos las editoriales
terminan arrojando a la hoguera ante la imposibilidad de darles salida (lo que no genera beneficios no es comercialmente viable).
La impresión digital permite vender primero e imprimir después y no al revés, suavizando uno de los principales dolores de cabeza de las editoriales, los elevados costes de almacenamiento. En 1998, el 40% de los libros publicados fueron devueltos a las editoriales, según un estudio de la Asociación Americana de Editores (AAP). Las editoriales junto con los lectores deciden así qué, cuándo y dónde publicar.
Esto último es otra de las grandes ventajas de la impresión digital. No tiene porqué editarse un libro en España para luego enviarlo a Latinoamérica; puede enviarse únicamente el fichero para luego imprimirlo en algún centro de impresión homologado.
Una ventaja que parece evidente, y que según los involucrados en el proyecto no lo es tanto, es el precio. En principio, éste debería ser menor que el del libro impreso a través del proceso tradicional, ya que los costes de impresión son muy bajos. Sin embargo, ninguno de los entrevistados se atrevió a adelantar cómo afectará la impresión digital al bolsillo del lector.
Todos beneficiados
Muchos editores temen a la tecnología tanto como a la peste. Sin embargo, este temor nace más bien del desconocimiento que de la realidad. Ni tienen razón los que aborrecen de la tecnología ni tampoco los que piensan que los libros de papel están condenados a un museo.
Como sostiene Xavier Gassió, responsable de Desarrollo de Planificación Estratégica del Grupo Planeta, las nuevas tecnologías no acabarán con el sistema tradicional de impresión ni con los libros de papel. El que así piensa no
no suele tener un libro entre sus manos.
Se trata más bien de un elemento complementario que puede acabar beneficiando a todos las partes involucradas en el sector, incluidos autores, editores, libreros y consumidores. "Si se beneficia al cliente se acaba por beneficiar a toda la cadena en dirección inversa", afirmó Gassió.
Para él, la impresión digital es un híbrido que cubre las deficiencias de la impresión tradicional (escasa personalización, lentitud de la distribución, etc.)
Planeta, pionera de los libros digitales
Pese a sus evidentes ventajas, la impresión digital acaba siendo letra impresa sobre una hoja de papel. El verdadero reto al que se enfrentan tanto las editoriales como las empresas de tecnologías son los libros electrónicos, que despiertan aún mayores reticencias entre el público y los profesionales.
En este campo, Planeta también parece haber sido algo más atrevida que sus competidoras nacionales. En enero de este año, la compañía española llegó a un acuerdo con Microsoft -que en Estados Unidos ya cuenta con alianzas similares con editoriales y distribuidores como Simon & Schuster, Barnesandnoble.com, Time Warner o Random House- para crear y desarrollar contenidos en formato eBook.
El acuerdo se firmó varios meses antes de que la compañía de Bill Gates presentara en sociedad (mayo de 2000) el muchas veces anunciado Pocket PC, el sistema operativo de Microsoft para dispositivos portátiles. Éste incorpora el programa Microsoft Reader, que permite manipular textos y ofrece una calidad de imagen (ClearType) muy superior a la de las pantallas normales.
Con estas iniciativas Microsoft pretende recuperar parte del terreno perdido en un sector donde compañías como Palm, NuvoMedia o SoftBook Press marchan ya unos cuantos pasos por delante.
En España, sin embargo, todavía tendremos que esperar unos cuantos meses antes de poder disponer del Pocket PC. Mientras eso sucede, Planeta aprovecha para solucionar los problemas legales asociados al lanzamiento de libros digitales (contratos con los autores, protección de los derechos de autor, etc.) y digitaliza todos sus contenidos editoriales en un mismo formato. Esto permitirá, como afirma Ricard Dalmau, director de Internet de Planeta Actimedia, distribuir los contenidos a cualquiera de los soportes elegidos (PDAs, dispositivos electrónicos de lectura, impresión digital, etc.)
La introducción de los libros digitales en el mercado doméstico será lenta y difícil. No es lo mismo leer 2 hojas en una pantalla que 500, y el lector tendrá que aprender a convivir con los dispositivos electrónicos. En principio, su utilidad quedará confinada a sectores profesionales y educativos.
Si algo es necesario para el éxito de los libros electrónicos es la colaboración de los propios autores. Nadie quiere utilizar un dispositivo que puede costar cientos de dólares para leerse un libro del siglo XXIII. Alguno de los escritores jóvenes, como Espido Freire -una de las autoras que ha participado en el proyecto piloto de impresión digital-, y no tan jóvenes, como Corín Tellado -que edita su última novela amorosa capítulo a capítulo en Internet-, parecen menos reacios a permitir que un día sus libros se editen directamente en formato digital. Pero hace falta el apoyo de muchos más.

Xerox no se duerme en los laureles
Para Xerox, el acuerdo con Planeta es sólo uno de los esfuerzos de la compañía americana por lograr que libros y tecnología acaben siendo inseparables.
En España Xerox colabora con la Universidad de Alicante en la biblioteca virtual Miguel Cervantes. Este proyecto forma parte del esfuerzo conjunto que realizan todos los países europeos por digitalizar sus fondos literarios, especialmente aquéllos cuya antigüedad supera los cientos de años.
La tecnología -en este caso denominada Digibook- permite digitalizar libros antiguos - en muchos casos muy deteriorados- sin apenas necesidad de manipularlos, limpiar el fondo de las páginas, centrar el texto, etc.
Libros o textos que antes sólo estaban al alcance de historiadores -como el Archivo de Indias- podrán ahora descansar sobre la mesilla del resto de los mortales.
Pero esto sólo es la punta del iceberg de una compañía que desarrolla nuevas tecnologías como el que saca conejos de una chistera. Xerox creó recientemente una filial independiente llamada Contentguard para comercializar el programa del mismo nombre que gestiona los derechos de contenidos digitales y protege su integridad y su distribución. Uno de los principales interesados en el programa es Microsoft, que quiere incorporarlo en el Windows Media Player y el Microsoft Reader.
Mientras tanto Xerox Parc, el laboratorio de investigación de Xerox, sigue trabajando en el desarrollo de la tinta electrónica que dará lugar a soportes digitales similares a los libros de papel y que serán más fácilmente aceptados por los lectores. Lamentablemente, "habrán de pasar 10 años antes de que soportes así puedan comercializarse", según Badía.
La impresión bajo demanda y los primeros pasos en el mundo de la edición electrónica de una editorial como Planeta no son un hecho accidental; al contrario, siguen la estela de las grandes editoriales norteamericanas que, como se vio en la BookExpo America que tuvo lugar a comienzos de junio en Chicago, apuestan con fuerza por las nuevas tecnologías.
Es de celebrar que, por una vez, los españoles no seamos los últimos en enterarnos.