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Freenet, la anarquía pide paso

por José Cervera
06/07/2000 00:00 GMT+1

A medida que la Red se convierte en un arma poderosa para comerciar e intercambiar información, más manos quieren caer sobre ella para controlarla.

Pero entre una amplia comunidad de internautas todavía hay sitio para la utopía: una Red libre, sin fronteras, anónima, lejos de la censura y del control de empresas y gobiernos. Ian Clarke, un programador londinense de 23 años, ha ideado FreeNet para acercar ese sueño a la realidad. La anarquía, como en los albores de Internet, vuelve asomar entre las computadoras conectadas a la Red.

El sueño del hacker

Chavales encarcelados por jugar desde sus casas, informaciones (odiosas, sí, pero informaciones) eliminadas en virtud de leyes caducas, control centralizado de recursos básicos (nombres de dominio, direcciones IP), uso ineficiente de los recursos... Internet no está a prueba de censura o intervención gubernamental. Hasta ahora. Clarke junto a una comunidad de hackers cada vez más numerosa está creando una nueva forma de utilizar los cables de la Red, una especie de Internet sobre Internet que es intrínsecamente imposible de censurar, eficaz e incontrolable. Además de gratis.

Y es que a muchos 'hackers' la actual Internet les desagrada. No es que no la encuentren útil: no es perfecta, es francamente mejorable y podría funcionar de otra manera. Por ejemplo, con su estructura actual todo lo que se hace en la Red va dejando un rastro de forma automática, aunque las huellas no sean muy fáciles de seguir.

Otra cosa bastante molesta es la costumbre que han cogido determinados gobiernos (todos los gobiernos) de periódicamente prohibir/limitar/cerrar determinados nodos de la Red, incluso encarcelando a algún incauto que pasaba por allí. Por no mencionar a los grupos musicales (con nombres: Metallica, DrDre) que llevan la

defensa de su caduca concepción de la propiedad intelectual hasta actuar contra sus propios fans que les escuchan en MP3. Ahí es donde encuentra sentido el proyecto FreeNet de Ian Clarke.

¿En qué consiste la idea de Clarke?

El diseño original de Freenet era el proyecto de final de carrera (Artificial Intelligence and Computer science en la Universidad de Edimburgo) de Ian Clarke, finalizado en junio de 1999, fecha en que lo colgó en la Red con la esperanza de que la comunidad internauta comprobase su potencial y lo utilizase para convertirlo en realidad.

Según la definición que se encuentra en su web, Freenet es una red 'peer-to-peer' (de igual a igual; de amigo a amigo) diseñada para distribuir la información en Internet de una manera eficaz y sin temor a la censura. Está completamente descentralizada, lo que significa que ninguna persona, computadora o organización se encuentra detrás, por lo que no puede ser atacada como otros sistemas tipo Napster, que tienen un servidor central.

Freenet pretende crear un sistema de publicación parecido a la World Wide Web, basado en el protocolo descrito por Clarke en 'A Distributed Decentralised Information Storage and Retrieval System'. La información se introduce asociada a una clave (una especie de descripción, como /text/philosophy/marx/capital), y cualquiera puede acceder a ese contenido utilizando la clave apropiada. Al igual que en la WWW, se requiere una URL para solicitar un documento, pero a diferencia de ésta no se almacena en un sitio fijo y se distribuye en función de la demanda.

Servidores de una causa común

Freenet es una mezcla entre las herramientas para acelerar la navegación desarrolladas por Inktomi y la tecnología de programas tipo Napster o Gnutella. Cada ordenador es a la vez cliente (receptor) y servidor (almacenamiento/emisión) de información, pero con interesantes añadidos.

La Red se construye con el esfuerzo de una legión de voluntarios, que crean los nodos para almacenar los contenidos - archivos encriptados que ni siquiera ellos saben lo que contienen- en sus propias computadoras. Una vez que una texto (una canción, un vídeo, etc.) se transfiere al sistema, se distribuye entre las computadoras conectadas y se guarda automáticamente cerca de los usuarios que la requieren, a la vez que desaparece de donde no interesa. Así, la información se 'mueve' hacia donde más se necesita, convirtiéndose en un sistema tremendamente eficaz.

Además, cualquier intento de 'cerrar' información (bloquear el acceso a ella) provoca, automática e inevitablemente, la generación de copias de esta información por todo el sistema. Es decir, cuanto más se intenta censurar una información, más se extiende. Y por si fuera poco, nadie sabe quién es quién.

Una Red muy seductora

En el universo online de Clarke está prohibido prohibir, los navegantes son seres anónimos y el contenido se mueve libremente hacia donde hace falta. Su atractivo, para cualquiera que no lleve una placa en el bolsillo interior de la chaqueta, es incuestionable:

  • No tiene ninguna forma de control centralizado o administración.
  • La información se distribuye de tal forma que no es posible determinar dónde está almacenada.
  • Es prácticamente imposible forzar la eliminación de contenidos.
  • Cualquiera se puede convertir en autor: no hace falta comprar un nombre de dominio ni tener una conexión permanente a Internet.
  • Los autores y lectores de la información guardada en el sistema permanecerán en el anonimato si así lo quieren.
  • La disponibilidad de la información aumentará en función de su demanda; ésta se moverá desde las zonas donde no interesa hacia las que sí.

¿Qué significa todo esto?

La libre distribución de contenidos tendrá consecuencias inmediatas y desiguales sobre autores, industria y consumidores. Centrándose en las música, que gracias al MP3 constituye uno de los contenidos (antiguamente de pago ;-) que más transitan por la Red actual, los efectos son demoledores.

Al margen del debate sobre la venta de CDs (hay estudios que aseguran que este tipo de programas contribuye a su venta y otros que afirman que las tiendas cercanas a los campus cerrarán en breve), los analistas dibujan un futuro en que los músicos se ganarán la vida con los conciertos y el 'merchandising' (vendiendo gorras). Las casas discográficas, aunque la distribución online las puede transformar de una forma impredecible, seguirán desempeñando un papel importante gracias a la importancia del marketing: sin publicidad, los Beatles nunca hubiesen salido de la caverna.

Los amantes de la música y consumidores en general sólo pueden esperar algo bueno. O mejor.

Quiero ser revolucionario

Freenet es una forma de darle otra oportunidad a Internet. De devolverle la libertad e inocencia perdidas. Aquél que quiera formar parte de esta nueva Red sólo tiene que conectarse a http://freenet.sourceforge.net/ y descargar un programa de apenas 154 Kb en su versión para Windows.

Eso basta para convertirse en revolucionario. Porque desde el momento en que uno entra en FreeNet está:

a) Pasando por encima de cualquier tipo de censura de cualquier país del planeta: ninguna información estará vedada.
b) Redefiniendo, de facto, los principios de la llamada 'propiedad intelectual', concepto escabroso donde los haya y en urgente necesidad de revisión.
c) Provocando serios dolores de cabeza a aquellos gestores de empresas de albergue de páginas de Internet lo bastante inteligentes como para darse cuenta de lo que 'un humano, un ordenador, un servidor' puede hacer con su negocio.

Todos somos Gutemberg, pero esta vez de verdad.

¿Refugio de pedófilos y demás seres malignos?

Los críticos a este tipo de proyectos que se escapan de las garras del poder -la prensa ya está llamando 'anarquistas hackers' a los miembros de Freenet- se echan las manos a la cabeza clamando al cielo: ¡A dónde iremos a parar! Para ellos, ese paraíso anónimo protegerá la distribución de material del todo ilegal, como pornografía infantil o copias piratas de programas.

Y es que hay un hecho incuestionable: una Freenet en funcionamiento permitirá el intercambio de MP3, fotos, vídeos, texto... libremente, sin que ningún ciberpolicía ni autor frustrado pueda presentarse a la puerta de ningún organismo ni empresa responsable (FreeNet Inc. nunca existirá) con una lista de malhechores. Los infractores no tendrán cara, ni nombre, ni dirección.

Entones, esto parece algo intrínsecamente malo, un engendro del maligno. El propio 'Lucifer', Ian Clarke, que parece tener algo más que un cerebro 'techie', da la respuesta: 'Freenet no se puede meter en juicios de valor sobre sus contenidos; la Red juzga la información según su popularidad: si la humanidad está muy interesada en la pornografía, la pornografía será una gran parte de Freenet'. Más claro, agua.

Tras el sueño... el despertar

Aunque es imposible saber cuánta gente está usando este sistema, más de 20.000 personas han descargado la última versión del programa en las últimas semanas, según Clarke. En cualquier caso, todavía está muy lejos de ser una verdadera amenaza contra el orden cibernético mundial.

Para algún observador, Freenet simplemente consiste en transferir los costes del ancho de banda y el almacenamiento hacia los esforzados voluntarios de la Red. Pero, si bien todos somos solidarios de boquilla, es muy difícil arrastrar a la gente para que participe, convencerles de que compartan un trozo de su disco duro y sacrifiquen la velocidad de conexión para que los 'amigos' internautas descarguen sus archivos.

'Para los técnicos puede ser muy sexy', dice Gene Kam, programador que desarrolla Gnutella, 'pero para un consumidor no es tan bueno y sencillo como Napster o Gnutella, donde basta con poner el nombre de usuario para empezar a descargar MP3 gratis'.

Si Freenet sale de la placenta y consigue madurar, puede ser la puntilla para las organizaciones que tratan de impedir la piratería online. Y el fin de cualquier intento de controlar el crecimiento y el contenido de Internet. Y si su uso se extiende, la industria musical y del cine se encontrarán en un mundo donde no tendrán la más remota esperanza de frenar lo que para ellos es un flagrante abuso de la tecnología, utilizada para violar derechos y acabar con su forma de vida.

Y si esta iniciativa no cuaja, porque asesinan a todos sus desarrolladores o porque su tecnología no acaba de ganar la aceptación popular, seguro que surgen otras nuevas. Entonces a los poderes fácticos, para sofocar la revuelta, sólo les quedará una solución: desenchufar la Red. Cerrar Internet. Apaga y vámonos.




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