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Sobre la privacidad online y otras quimeras

por Juan Corredor
13/07/2000 00:00 GMT+1

Para los gobiernos y los empresarios, espiar a los internautas y a los empleados es una tentación demasiado golosa como para sustraerse a ella, sobre todo cuando pueden legitimar sus prácticas esgrimiendo argumentos del tipo 'no, si estamos buscando a un narcotraficante de Cali' o 'hay un administrador de redes obsesionado con el sexo'. Pero parte del problema radica también en la confusa frontera que separa los conceptos privacidad y anonimato.

De hecho, y como suele ocurrir, la realidad empieza a superar a la ficción. Véase el caso de Echelon, la supuesta red de superordenadores y satélites de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) que estaría situada, además de en ese país, en el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Se dice que esta red es capaz de espiar las comunicaciones electrónicas en forma de faxes, llamadas telefónicas y correo electrónico, espigando en busca de palabras malsonantes o sospechosas.

Los gobiernos estadounidense e inglés han negado repetidamente que esta red se use para realizar espionaje industrial, afirmando que el sistema fue creado para luchar contra el terrorismo, el blanqueo de dinero y el tráfico de drogas. Luego el sistema existe. ¿Existe? Parece materialmente imposible.

No para la BBC...

La cadena de televisión pública británica BBC cree haber probado la existencia de Echelon tras ser confirmada por el responsable de los sistemas de inteligencia australianos, Bill Blick, en una entrevista.

El tema ha irritado especialmente a algunos países europeos, como Francia.

La Fiscalía de París abrió a finales de mayo una investigación preliminar sobre Echelon que lleva a cabo la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST, el contraespionaje francés). El Parlamento Europeo también investiga la supuesta red de satélites, mientras Washington lo niega todo y desmiente que Echelon sea un instrumento de espionaje económico al servicio de sus empresas.

EEUU y Europa están muy lejos de ponerse de acuerdo respecto a las leyes sobre privacidad en Internet. La mayor discrepancia radica en la nueva policía de la Red, que para EEUU debería ser mundial y para Europa, local, si bien con el establecimiento de una auténtica cooperación internacional.

Como consecuencia del alejamiento de ambas posturas, el Parlamento Europeo acaba de tumbar un acuerdo con EEUU sobre privacidad online que, paradójicamente, garantizaba a los europeos un nivel de protección por parte de las compañías norteamericanas muy superior al que éstas proporcionan a sus propios ciudadanos. Pero entonces, ¿qué quieren los europeos?

Posturas irreconciliables

La UE aboga por el pan y circo para todos, y pide una ley que obligue a las empresas de EEUU a comunicar los datos de clientes que tienen fuera de sus fronteras para que los europeos puedan borrar o cambiar sus datos personales. Pero EEUU no quiere saber nada de leyes homogéneas y aboga porque todos se regulen a sí mismos.

Hipócritamente, el Ejecutivo estadounidense hace gala de defender a capa y espada la privacidad en la Red mientras, simultáneamente, controla férreamente a los internautas. Porque lo de Echelon parece inviable desde el punto de vista técnico, pero las cookies sí son más que reales. La propia Casa Blanca ha reconocido que los visitantes de Freevive (página web de la Agencia Antidrogas) recibían uno de estos mínimos archivos de texto que permite identificarles.

Y mientras los prebostes del planeta discuten y discuten, ¿quiénes son los grandes perjudicados? Pues, como siempre, los consumidores, en este caso los internautas. Unos internautas que, a juzgar por las estadísticas, parecen tenerlo muy claro. Setenta y dos de cada cien norteamericanos conectados a Internet aseguran que, aunque haber accedido a la Red ha mejorado su existencia, ahora viven mucho más preocupados por su privacidad y por la potencial utilización indebida de sus datos.

¿Ejemplos? Los que quieran

Casos concretos los empieza a haber a patadas. El FBI ha inventado un sistema llamado Carnívoro para rastrear correos electrónicos de posibles criminales, y los grupos defensores de las libertades civiles ya han puesto el grito en el cielo. Pero, teniendo en cuenta que el FBI (como la CIA, como la UE) no tiene ni idea de Internet y que todavía se desenvuelve con ordenadores de los años 70, los ciudadanos pueden estar tranquilos... hasta cierto punto.

Algunas empresas están más puestas y son más peligrosas, más que nada por lo sibilino de su proceder. Como Netscape, demandada por emplear su programa SmartDownload para espiar las actividades de los usuarios de Internet con objeto de lograr información sobre las páginas preferidas por los navegantes o tipos de ficheros que se descargan.

Pero si alguien se lleva la palma, esa es DoubleClick. Distintas denuncias que obran en poder de la Federal Trade Commission acreditan que el gigante de la publicidad usa sus banners para recabar datos sobre hábitos de navegación, y algunos clientes tiemblan: AltaVista ha limitado los datos a los que puede acceder DoubleClick, y Kozmo busca un nuevo socio.

DoubleClick no cesa

Por si fuera poco, una empresa de ciberseguridad desveló que los datos financieros que los internautas ponían en Quicken.com, la web financiera de Intuit, se filtraban a DoubleClick. Además, Buy.com remitía a DoubleClick los títulos de los vídeos más buscados en su página. La Comisión Federal de Comercio (FTC) y el Fiscal General de Nueva York están investigando a DoubleClick.

Toysmart.com también tiene problemas con la FTC.

A la empresa no se le ha ocurrido nada mejor que vender las bases de datos de sus clientes para sacar algún beneficio después de pasar a engrosar la ya abultada nómina del cementerio.com.

A Yahoo se le vino encima una demanda de 4.500 millones de dólares, presentada por una compañía texana, por vigilar los movimientos de las personas que entran en sus páginas. De cualquier manera, este caso es más discutible, dado que, en el mundo real, cualquier establecimiento comercial tiene videocámaras. Otros, como Virgin Entertaiment, intentan cambiar regalos por privacidad, obsequiando con diez mil gadgets para conectarse gratis a Internet a quienes permitan que sus movimientos queden registrados.

Territorio sin ley

Intel también se ha visto obligado a recular. El fabricante de microchips dejó de incluir en sus microprocesadores el chip con número de serie que registraba a sus clientes, ante el enfado de miles de internautas.

Respecto a los empleados, cada día pierden algo de la privacidad que les queda, ya de por sí bastante escasa. Un estudio de la American Management Association demuestra que casi la mitad de las empresas de EEUU cuentan con complejos programas para supervisar no sólo los mensajes de correo electrónico enviados y recibidos por sus trabajadores, sino también las páginas de la Red por las que navegan. Productividad, productividad...




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