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OPVs: carrera con obstáculos

por Rosa Herranz
17/07/2000 00:00 GMT+1

Los acontecimientos de los últimos meses no han sido los más halagüeños, al menos para las empresas de Internet que han lanzado una Oferta Pública de Venta (OPV). Son muchos los ejemplos de compañías que han decidido dar marcha atrás en el último momento o de las que se lanzan al mercado sin que los inversores muestren demasiado entuasiasmo.

Desde el pasado mes de abril el mercado de las OPVs dejó de estar al rojo vivo para entrar en un periodo más aletargado que se prolongó durante mayo, mes en el que continuaron los malos tiempos para las empresas de Internet que tenían entre sus planes más inmediatos cotizar en Bolsa. Ahora, el mercado remonta y los inversores comienzan a perder cierto recelo que han sentido en los últimos momentos hacia las puntocom más atrevidas.

Por qué ahora una OPV

Pero, ¿qué lleva a las empresas a lanzar una OPV, cuál es el camino correcto, por qué fracasan o tienen un éxito abrumador, cuáles son las ventajas y desventajas de una OPV, en qué momento hay que decidir salir a bolsa y en qué mercado cotizar?

Muchas empresas consideran que la solución al problema de la falta de liquidez es salir a Bolsa e interpretan este paso como el último de su gran carrera hacia la consolidación. Nada más lejos de la realidad. Anunciar una OPV es el inicio de un camino lleno de obstáculos, que puede terminar, al mínimo tropezón, con una brillante carrera.

Cuestión de prestigio

Cotizar en Bolsa se identifica en el mercado como una garantía de solvencia, transparencia y prestigio. En teoría, una empresa está preparada para salir a Bolsa cuando ha alcanzado un alto grado de organización y gestión. Esta premisa es aceptada no sólo por los inversores, sino también por los clientes e interlocutores financieros de la compañía. La empresa puede encontrar en el mercado bursátil numerosas ventajas que puede aprovechar, pero ha de saber hacerlo.

La OPV permite a las empresas ampliar sus fuentes de financiación para acometer nuevos proyectos de inversiones. Además, el hecho de presentar una OPV no significa que no se pueda volver a lanzar una segunda. Dependiendo de la demanda que se calcule que va a tener la OPV, las empresas deciden qué porcentaje de acciones sacan a Bolsa y puede ampliarlo o reducirlo según se considere que se van a cumplir las expectativas.

Un riesgo elevado

Tradicionalmente las empresas se han financiado con capital personal, solicitando a familiares y amigos o se pidiendo créditos al banco. Internet ha conseguido que esta actividad se convierta en agua pasada. Cada vez son menos los que pueden permitirse el lujo de financiar su propia compañía con préstamos de amigos. Las sociedades de capital riesgo, los inversores privados y las OPVs se han convertido en las únicas vías de financiación de las empresas de Internet, que generalmente no sobreviven con una pequeña cantidad de dinero, sino con una cuantía acompañada por un montón de ceros.

Las inversiones en empresas de Internet suponen un riesgo elevado.

Hay quien considera que sólo una de cada diez inversiones ven el esfuerzo recompensado con altos ingresos. Y si a esta estadística le añadimos la poco favorable situación del mercado, incapaz de absorber semejante aluvión de empresas que cotizan en los mercados, la respuesta a los continuos retrasos y cancelaciones de OPV parece ser evidente.

¿Qué razones llevan a una empresa a cotizar en Bolsa? Son muchas entre ellas financiar su crecimiento, lograr el prestigio y la imagen de marca y obtener una base de accionistas más amplia y estable. Pero hasta que llegue el momento de lanzar la OPV, la empresa debe salvar una serie de obstáculos y costes que no todas pueden asumir, por razones propias o de las circunstancias del mercado.

Pero dependiendo de la lectura que cada uno quiera hacer, lanzar una OPV también implica una serie de desventajas como la pérdida del control absoluto de la compañía y de la confidencialidad de sus cuentas. Además estas ofertas públicas conllevan muchos gastos.

El hecho de anunciar una próxima OPV y a última hora, dar marcha atrás demuestra, en el mejor de los casos, que las condiciones del mercado no son las más favorables; y en el peor caso, que la compañía no está preparada para cotizar en Bolsa o que los inversores no confían en la empresa y que, por tanto, no van a respaldar su puesta en el mercado.

Acontecimientos recientes

Tal y como estaba el mercado, muchas ciberempresas decidieron dar marcha atrás en su intención inicial de entrar en Bolsa. Desalentadas por la situación del mercado y el escepticismo y la desconfianza de los inversores, en sólo dos meses, 15 compañías cancelaron su OPV.

Y no es extraño puesto que cada vez más, los inversores son muy selectivos a la hora de elegir la empresa por la que apostar.

Aún así, y a pesar de la evidencia, hay quien se atreve con todo. Este fue el caso del gigante de las telecomunicaciones AT&T, que a finales de abril lanzó la mayor OPV que había realizado una empresa norteamericana, más de 10.000 millones de dólares (un 15,6% de la compañía) y eso que su presidente, Dan Hesse, había abandonado su cargo dos semanas antes de la gran fecha. Y así, recientemente descabezados, la OPV de AT&T fue un éxito, también a pesar de las circunstancias del mercado.

La última semana el mercado ha dado un giro positivo y ha destacado por la buena racha en los negocios de Internet y el B2B. Los resultados anunciados por Yahoo y Ariba, que superaron las previsiones, han conseguido que los inversores recuperen el interés por las empresas online. Aunque no todas han sido buenas noticias, el clima general de optimismo vuelve a reinar entre quienes apuestan fuerte por la Red.

La que no tuvo demasiada suerte en su primer día de cotización fue la incubadora Divine InterVenture, que tras retrasar en varias ocasiones su Oferta Pública de Venta (OPV), hasta tres veces en una sólo semana, pasó con más pena que gloria y vio como sus acciones eran ignoradas por la mayor parte de los inversores una vez materializada.

Una de las últimas en anunciar que retrasa su salida a Bolsa ha sido iOwn que tenía pensado sacar 54 millones de dólares en acciones. La razón que alegó es que el accionariado no estaba realmente interesado en lanzar una OPV.

Algunos analistas acusan a los bancos de inversión de animar a las compañías a presentar su OPV aún cuando el mercado no se encuentra en la situación más favorable o las empresas no están suficientemente consolidadas como para comenzar a cotizar.

Pero como no hay mal que cien años dure el mercado ha comenzado a recuperarse y los inversores se muestran menos escépticos a la hora de invertir en nuevos valores y respaldar a sus OPVs.

Aunque se tengan las ideas muy claras, hay que pensárselo mucho antes de lanzar una OPV. Las compañías no entran en Bolsa para dar un paseo. Los riesgos antes, durante y después de la OPV son muchos y pueden llevar al traste a alguna empresa poco precavida que decide tirarse de cabeza a una piscina vacía.




OPVs: carrera con obstáculos


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OPVs: carrera con obstáculos

por Rosa Herranz
17/07/2000 00:00 GMT+1

Los acontecimientos de los últimos meses no han sido los más halagüeños, al menos para las empresas de Internet que han lanzado una Oferta Pública de Venta (OPV). Son muchos los ejemplos de compañías que han decidido dar marcha atrás en el último momento o de las que se lanzan al mercado sin que los inversores muestren demasiado entuasiasmo.

Desde el pasado mes de abril el mercado de las OPVs dejó de estar al rojo vivo para entrar en un periodo más aletargado que se prolongó durante mayo, mes en el que continuaron los malos tiempos para las empresas de Internet que tenían entre sus planes más inmediatos cotizar en Bolsa. Ahora, el mercado remonta y los inversores comienzan a perder cierto recelo que han sentido en los últimos momentos hacia las puntocom más atrevidas.

Por qué ahora una OPV

Pero, ¿qué lleva a las empresas a lanzar una OPV, cuál es el camino correcto, por qué fracasan o tienen un éxito abrumador, cuáles son las ventajas y desventajas de una OPV, en qué momento hay que decidir salir a bolsa y en qué mercado cotizar?

Muchas empresas consideran que la solución al problema de la falta de liquidez es salir a Bolsa e interpretan este paso como el último de su gran carrera hacia la consolidación. Nada más lejos de la realidad. Anunciar una OPV es el inicio de un camino lleno de obstáculos, que puede terminar, al mínimo tropezón, con una brillante carrera.

Cuestión de prestigio

Cotizar en Bolsa se identifica en el mercado como una garantía de solvencia, transparencia y prestigio. En teoría, una empresa está preparada para salir a Bolsa cuando ha alcanzado un alto grado de organización y gestión. Esta premisa es aceptada no sólo por los inversores, sino también por los clientes e interlocutores financieros de la compañía. La empresa puede encontrar en el mercado bursátil numerosas ventajas que puede aprovechar, pero ha de saber hacerlo.

La OPV permite a las empresas ampliar sus fuentes de financiación para acometer nuevos proyectos de inversiones. Además, el hecho de presentar una OPV no significa que no se pueda volver a lanzar una segunda. Dependiendo de la demanda que se calcule que va a tener la OPV, las empresas deciden qué porcentaje de acciones sacan a Bolsa y puede ampliarlo o reducirlo según se considere que se van a cumplir las expectativas.

Un riesgo elevado

Tradicionalmente las empresas se han financiado con capital personal, solicitando a familiares y amigos o se pidiendo créditos al banco. Internet ha conseguido que esta actividad se convierta en agua pasada. Cada vez son menos los que pueden permitirse el lujo de financiar su propia compañía con préstamos de amigos. Las sociedades de capital riesgo, los inversores privados y las OPVs se han convertido en las únicas vías de financiación de las empresas de Internet, que generalmente no sobreviven con una pequeña cantidad de dinero, sino con una cuantía acompañada por un montón de ceros.

Las inversiones en empresas de Internet suponen un riesgo elevado.

Hay quien considera que sólo una de cada diez inversiones ven el esfuerzo recompensado con altos ingresos. Y si a esta estadística le añadimos la poco favorable situación del mercado, incapaz de absorber semejante aluvión de empresas que cotizan en los mercados, la respuesta a los continuos retrasos y cancelaciones de OPV parece ser evidente.

¿Qué razones llevan a una empresa a cotizar en Bolsa? Son muchas entre ellas financiar su crecimiento, lograr el prestigio y la imagen de marca y obtener una base de accionistas más amplia y estable. Pero hasta que llegue el momento de lanzar la OPV, la empresa debe salvar una serie de obstáculos y costes que no todas pueden asumir, por razones propias o de las circunstancias del mercado.

Pero dependiendo de la lectura que cada uno quiera hacer, lanzar una OPV también implica una serie de desventajas como la pérdida del control absoluto de la compañía y de la confidencialidad de sus cuentas. Además estas ofertas públicas conllevan muchos gastos.

El hecho de anunciar una próxima OPV y a última hora, dar marcha atrás demuestra, en el mejor de los casos, que las condiciones del mercado no son las más favorables; y en el peor caso, que la compañía no está preparada para cotizar en Bolsa o que los inversores no confían en la empresa y que, por tanto, no van a respaldar su puesta en el mercado.

Acontecimientos recientes

Tal y como estaba el mercado, muchas ciberempresas decidieron dar marcha atrás en su intención inicial de entrar en Bolsa. Desalentadas por la situación del mercado y el escepticismo y la desconfianza de los inversores, en sólo dos meses, 15 compañías cancelaron su OPV.

Y no es extraño puesto que cada vez más, los inversores son muy selectivos a la hora de elegir la empresa por la que apostar.

Aún así, y a pesar de la evidencia, hay quien se atreve con todo. Este fue el caso del gigante de las telecomunicaciones AT&T, que a finales de abril lanzó la mayor OPV que había realizado una empresa norteamericana, más de 10.000 millones de dólares (un 15,6% de la compañía) y eso que su presidente, Dan Hesse, había abandonado su cargo dos semanas antes de la gran fecha. Y así, recientemente descabezados, la OPV de AT&T fue un éxito, también a pesar de las circunstancias del mercado.

La última semana el mercado ha dado un giro positivo y ha destacado por la buena racha en los negocios de Internet y el B2B. Los resultados anunciados por Yahoo y Ariba, que superaron las previsiones, han conseguido que los inversores recuperen el interés por las empresas online. Aunque no todas han sido buenas noticias, el clima general de optimismo vuelve a reinar entre quienes apuestan fuerte por la Red.

La que no tuvo demasiada suerte en su primer día de cotización fue la incubadora Divine InterVenture, que tras retrasar en varias ocasiones su Oferta Pública de Venta (OPV), hasta tres veces en una sólo semana, pasó con más pena que gloria y vio como sus acciones eran ignoradas por la mayor parte de los inversores una vez materializada.

Una de las últimas en anunciar que retrasa su salida a Bolsa ha sido iOwn que tenía pensado sacar 54 millones de dólares en acciones. La razón que alegó es que el accionariado no estaba realmente interesado en lanzar una OPV.

Algunos analistas acusan a los bancos de inversión de animar a las compañías a presentar su OPV aún cuando el mercado no se encuentra en la situación más favorable o las empresas no están suficientemente consolidadas como para comenzar a cotizar.

Pero como no hay mal que cien años dure el mercado ha comenzado a recuperarse y los inversores se muestran menos escépticos a la hora de invertir en nuevos valores y respaldar a sus OPVs.

Aunque se tengan las ideas muy claras, hay que pensárselo mucho antes de lanzar una OPV. Las compañías no entran en Bolsa para dar un paseo. Los riesgos antes, durante y después de la OPV son muchos y pueden llevar al traste a alguna empresa poco precavida que decide tirarse de cabeza a una piscina vacía.