Por si alguien todavía no se ha enterado, el mercado de trabajo ya no
es lo que era. La idea de un empleo fijo en la misma empresa durante décadas,
ascendiendo poco a poco hasta llegar al merecido retiro, ha muerto.
Se acabó. En todo el mundo el empleo, sobre todo del sector de la tecnología,
es mucho más voluble. Los ingenieros y programadores cambian de empresa
como de automóvil. La fidelidad es cosa del pasado.
Todo tiene que ver con la economía, incluso desde una perspectiva no
marxista de la historia. Los cambios en los diferentes sectores del mercado
determinan los cambios en la sociedad. Al fin y al cabo se trata de dinero.
En EEUU el cambio ya ha llegado y el catalizador es Internet. Basta con mencionar
esta palabra para que los inversores preparen la chequera.
La gran cantidad de empresas de Internet que han centuplicado su valor en la
bolsa ha dado lugar a una nueva horda de millonarios en Silicon Valley. En EEUU,
un país donde los sueldos más altos se miden por el número
de profesionales que son clientes de BMW, los ingenieros e informáticos
se acercan poco a poco a los reyes de la nómina abultada, los abogados
y los médicos.
Las empresas consolidadas, como IBM o Microsoft han hecho millonarios a aquellos
empleados que recibieron acciones en los años 80. Por su parte, Telefónica
lanzó un plan en 1997 destinado a fidelizar a cien altos ejecutivos de
la compañía, que ahora puede hacer que se repartan hasta 45.000
millones en plusvalías.
¿Pero qué ocurre con los que no llegan a tanto?
Oferta y demanda
El mercado de trabajo del sector de la tecnología y las comunicaciones
está muy caliente. Las empresas cada vez encuentran más dificultades
para contratar técnicos especializados y con experiencia, porque la demanda
es mucha. Una ley inexorable se cumple en este caso: el precio del ingeniero
sube.
Sin embargo, muchas de las empresas que comienzan en Internet y que confían
en triunfar en el futuro, no tienen la posibilidad de pagar tanto. Hay que buscar
nuevas formas de atraer a la mano de obra especializada para arrancarlos de
las garras de las grandes compañías, donde seguramente cobrarían
un 30% más cada mes. Pero las nuevas compañías no pueden
permitirse la tacañería, especialmente cuando sus beneficios dependen
en gran medida de la posición tecnológica en la que se encuentren.
Lo que se hace en estos casos es pagar con dinero virtual, o como dirían
en la sección CPPC, con dinero del Monopoly. Las palabras mágicas
son bonificaciones y opciones.
Las bonificaciones son cosa conocida. Si se cumplen determinados objetivos
empresariales o personales, se remunera al empleado con una paga extra que puede
llegar en ocasiones a duplicar su sueldo anual. Como cualquier tipo de incentivos,
el problema reside en especificar y valorar los objetivos cumplidos a gusto
de todos. Como se ha dicho, una práctica ya conocida, pero poco habitual
para los techies.
Acciones para todos
La otra posibilidad es más novedosa, ya que las empresas hasta el momento
eran bastante reticentes a conceder acciones a los empleados, exceptuando el
caso de los ejecutivos de la banca.
Según las nuevas tendencias, todos los empleados pueden disponer de
un porcentaje de la empresa en forma de opciones. Con estas medidas se consigue
además implicar al empleado en el proyecto, hacer que se sienta un socio
más, que se mantenga fiel a la compañía y de paso, ahorrarse
un dinero en sueldos. Las modalidades son dos: a los directivos se les proporciona
una participación real en la empresa en forma de acciones. El resto de
los empleados suelen recibir opciones de compra.
En palabras de Jorge Juan García, Director General de Operaciones de
Netjuice, una de las pocas empresas españolas que practican esta política,
"Actualmente es una formula muy utilizada en sectores que necesitan intensamente
capital intelectual (ideas, creatividad, estrategia, consultoria) o en puestos
concretos que requieren perfiles profesionales muy solicitados. Internet es
obvio que cumple las dos condiciones"
No acaban aquí los esfuerzos por mimar a los tecnoempleados. En EEUU aumentan los días de vacaciones que se conceden a los techies. En un
país donde las vacaciones son tradicionalmente escasas, si llegan a ser,
y donde el mes de agosto libre tradicional en España les suena a chino, el tiempo libre
es un incentivo muy valorado. También se permite a los empleados de algunas
empresas comprar vacaciones, renunciando al sueldo correspondiente.
La letra pequeña
El poner acciones en manos de los empleados no sólo es beneficioso para
la empresa. Si las cosas salen bien, esas acciones pueden aumentar su valor
en la salida a bolsa, y si el empleado ejerce sus opciones, proporcionarle jugosos
beneficios. Es la promesa no siempre cumplida de convertirse en millonario trabajando.
Pero no todo es tan bonito. En Silicon Valley, una medida común del
éxito de las empresas nacientes (startups) de Internet establece que
de cada diez, seis fracasan estrepitosamente, con lo que las acciones se convierten
en papel mojado. Estas y otras historias de terror sobre la verdadera naturaleza
de los negocios en el valle han sido reunidas en un magnífico artículo de Po Bronson en el San Francisco
Bay Guardian.
Aquí también se menciona que el éxito tampoco es siempre
una garantía. Otra práctica habitual es lo que en el particular diccionario de Netslaves se denomina 'Optionectomy', operación bursátil por la cual la compañía
realiza un 'split' inverso que reduce la participación del empleado a un infinitésimo.
Conviene informarse de las condiciones. Los contratos de los empleados suelen
además incluir cláusulas que les impiden ejercer sus opciones
antes de un plazo de tiempo determinado, o en el caso de las acciones, un contrato
de recompra automática si el empleado abandona la empresa antes de tiempo.
Una garantía exigible es la adición de cláusulas que evitan
la devaluación de las acciones del empleado en un plazo similar.
En cualquier caso el sistema parece tener éxito. "Es lo mismo que
un soldado mercenario que es contratado para luchar fuera de su país,
que básicamente cumplirá y tratara de salvar su vida. Si el soldado
defiende la casa donde vive su familia, luchará con uñas y dientes",
dice Jorge Juan García. "El grado de eficiencia que están
demostrando estas organizaciones hará que muchas empresas tengan que
evolucionar hacia este tipo de cultura si quieren ser competitivas."
Parece que el cambio llega también para la vetusta cultura empresarial
latina, donde los complementos, trienios, comisiones y vacaciones pagadas eran
las únicas alegrías a las que podía aspirar el sufrido
trabajador.