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Su sueldo en acciones: ¡Hagan juego!

por Darío Pescador
27/10/1999 00:00 GMT+1

Por si alguien todavía no se ha enterado, el mercado de trabajo ya no es lo que era. La idea de un empleo fijo en la misma empresa durante décadas, ascendiendo poco a poco hasta llegar al merecido retiro, ha muerto.

Se acabó. En todo el mundo el empleo, sobre todo del sector de la tecnología, es mucho más voluble. Los ingenieros y programadores cambian de empresa como de automóvil. La fidelidad es cosa del pasado.

Todo tiene que ver con la economía, incluso desde una perspectiva no marxista de la historia. Los cambios en los diferentes sectores del mercado determinan los cambios en la sociedad. Al fin y al cabo se trata de dinero. En EEUU el cambio ya ha llegado y el catalizador es Internet. Basta con mencionar esta palabra para que los inversores preparen la chequera.

La gran cantidad de empresas de Internet que han centuplicado su valor en la bolsa ha dado lugar a una nueva horda de millonarios en Silicon Valley. En EEUU, un país donde los sueldos más altos se miden por el número de profesionales que son clientes de BMW, los ingenieros e informáticos se acercan poco a poco a los reyes de la nómina abultada, los abogados y los médicos.

Las empresas consolidadas, como IBM o Microsoft han hecho millonarios a aquellos empleados que recibieron acciones en los años 80. Por su parte, Telefónica lanzó un plan en 1997 destinado a fidelizar a cien altos ejecutivos de la compañía, que ahora puede hacer que se repartan hasta 45.000 millones en plusvalías.

¿Pero qué ocurre con los que no llegan a tanto?

Oferta y demanda

El mercado de trabajo del sector de la tecnología y las comunicaciones está muy caliente. Las empresas cada vez encuentran más dificultades para contratar técnicos especializados y con experiencia, porque la demanda es mucha. Una ley inexorable se cumple en este caso: el precio del ingeniero sube.

Sin embargo, muchas de las empresas que comienzan en Internet y que confían en triunfar en el futuro, no tienen la posibilidad de pagar tanto. Hay que buscar nuevas formas de atraer a la mano de obra especializada para arrancarlos de las garras de las grandes compañías, donde seguramente cobrarían un 30% más cada mes. Pero las nuevas compañías no pueden permitirse la tacañería, especialmente cuando sus beneficios dependen en gran medida de la posición tecnológica en la que se encuentren.

Lo que se hace en estos casos es pagar con dinero virtual, o como dirían en la sección CPPC, con dinero del Monopoly. Las palabras mágicas son bonificaciones y opciones.

Las bonificaciones son cosa conocida. Si se cumplen determinados objetivos empresariales o personales, se remunera al empleado con una paga extra que puede llegar en ocasiones a duplicar su sueldo anual. Como cualquier tipo de incentivos, el problema reside en especificar y valorar los objetivos cumplidos a gusto de todos. Como se ha dicho, una práctica ya conocida, pero poco habitual para los techies.

Acciones para todos

La otra posibilidad es más novedosa, ya que las empresas hasta el momento eran bastante reticentes a conceder acciones a los empleados, exceptuando el caso de los ejecutivos de la banca.

Según las nuevas tendencias, todos los empleados pueden disponer de un porcentaje de la empresa en forma de opciones. Con estas medidas se consigue además implicar al empleado en el proyecto, hacer que se sienta un socio más, que se mantenga fiel a la compañía y de paso, ahorrarse un dinero en sueldos. Las modalidades son dos: a los directivos se les proporciona una participación real en la empresa en forma de acciones. El resto de los empleados suelen recibir opciones de compra.

En palabras de Jorge Juan García, Director General de Operaciones de Netjuice, una de las pocas empresas españolas que practican esta política, "Actualmente es una formula muy utilizada en sectores que necesitan intensamente capital intelectual (ideas, creatividad, estrategia, consultoria) o en puestos concretos que requieren perfiles profesionales muy solicitados. Internet es obvio que cumple las dos condiciones"

No acaban aquí los esfuerzos por mimar a los tecnoempleados. En EEUU aumentan los días de vacaciones que se conceden a los techies. En un país donde las vacaciones son tradicionalmente escasas, si llegan a ser, y donde el mes de agosto libre tradicional en España les suena a chino, el tiempo libre es un incentivo muy valorado. También se permite a los empleados de algunas empresas comprar vacaciones, renunciando al sueldo correspondiente.

La letra pequeña

El poner acciones en manos de los empleados no sólo es beneficioso para la empresa. Si las cosas salen bien, esas acciones pueden aumentar su valor en la salida a bolsa, y si el empleado ejerce sus opciones, proporcionarle jugosos beneficios. Es la promesa no siempre cumplida de convertirse en millonario trabajando.

Pero no todo es tan bonito. En Silicon Valley, una medida común del éxito de las empresas nacientes (startups) de Internet establece que de cada diez, seis fracasan estrepitosamente, con lo que las acciones se convierten en papel mojado. Estas y otras historias de terror sobre la verdadera naturaleza de los negocios en el valle han sido reunidas en un magnífico artículo de Po Bronson en el San Francisco Bay Guardian.

Aquí también se menciona que el éxito tampoco es siempre una garantía. Otra práctica habitual es lo que en el particular diccionario de Netslaves se denomina 'Optionectomy', operación bursátil por la cual la compañía realiza un 'split' inverso que reduce la participación del empleado a un infinitésimo.

Conviene informarse de las condiciones. Los contratos de los empleados suelen además incluir cláusulas que les impiden ejercer sus opciones antes de un plazo de tiempo determinado, o en el caso de las acciones, un contrato de recompra automática si el empleado abandona la empresa antes de tiempo. Una garantía exigible es la adición de cláusulas que evitan la devaluación de las acciones del empleado en un plazo similar.

En cualquier caso el sistema parece tener éxito. "Es lo mismo que un soldado mercenario que es contratado para luchar fuera de su país, que básicamente cumplirá y tratara de salvar su vida. Si el soldado defiende la casa donde vive su familia, luchará con uñas y dientes", dice Jorge Juan García. "El grado de eficiencia que están demostrando estas organizaciones hará que muchas empresas tengan que evolucionar hacia este tipo de cultura si quieren ser competitivas."

Parece que el cambio llega también para la vetusta cultura empresarial latina, donde los complementos, trienios, comisiones y vacaciones pagadas eran las únicas alegrías a las que podía aspirar el sufrido trabajador.




Temas relacionados:
  • Netslaves
  • Salary zone
  • Tech Jobs
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    por Darío Pescador
    27/10/1999 00:00 GMT+1

    Por si alguien todavía no se ha enterado, el mercado de trabajo ya no es lo que era. La idea de un empleo fijo en la misma empresa durante décadas, ascendiendo poco a poco hasta llegar al merecido retiro, ha muerto.

    Se acabó. En todo el mundo el empleo, sobre todo del sector de la tecnología, es mucho más voluble. Los ingenieros y programadores cambian de empresa como de automóvil. La fidelidad es cosa del pasado.

    Todo tiene que ver con la economía, incluso desde una perspectiva no marxista de la historia. Los cambios en los diferentes sectores del mercado determinan los cambios en la sociedad. Al fin y al cabo se trata de dinero. En EEUU el cambio ya ha llegado y el catalizador es Internet. Basta con mencionar esta palabra para que los inversores preparen la chequera.

    La gran cantidad de empresas de Internet que han centuplicado su valor en la bolsa ha dado lugar a una nueva horda de millonarios en Silicon Valley. En EEUU, un país donde los sueldos más altos se miden por el número de profesionales que son clientes de BMW, los ingenieros e informáticos se acercan poco a poco a los reyes de la nómina abultada, los abogados y los médicos.

    Las empresas consolidadas, como IBM o Microsoft han hecho millonarios a aquellos empleados que recibieron acciones en los años 80. Por su parte, Telefónica lanzó un plan en 1997 destinado a fidelizar a cien altos ejecutivos de la compañía, que ahora puede hacer que se repartan hasta 45.000 millones en plusvalías.

    ¿Pero qué ocurre con los que no llegan a tanto?

    Oferta y demanda

    El mercado de trabajo del sector de la tecnología y las comunicaciones está muy caliente. Las empresas cada vez encuentran más dificultades para contratar técnicos especializados y con experiencia, porque la demanda es mucha. Una ley inexorable se cumple en este caso: el precio del ingeniero sube.

    Sin embargo, muchas de las empresas que comienzan en Internet y que confían en triunfar en el futuro, no tienen la posibilidad de pagar tanto. Hay que buscar nuevas formas de atraer a la mano de obra especializada para arrancarlos de las garras de las grandes compañías, donde seguramente cobrarían un 30% más cada mes. Pero las nuevas compañías no pueden permitirse la tacañería, especialmente cuando sus beneficios dependen en gran medida de la posición tecnológica en la que se encuentren.

    Lo que se hace en estos casos es pagar con dinero virtual, o como dirían en la sección CPPC, con dinero del Monopoly. Las palabras mágicas son bonificaciones y opciones.

    Las bonificaciones son cosa conocida. Si se cumplen determinados objetivos empresariales o personales, se remunera al empleado con una paga extra que puede llegar en ocasiones a duplicar su sueldo anual. Como cualquier tipo de incentivos, el problema reside en especificar y valorar los objetivos cumplidos a gusto de todos. Como se ha dicho, una práctica ya conocida, pero poco habitual para los techies.

    Acciones para todos

    La otra posibilidad es más novedosa, ya que las empresas hasta el momento eran bastante reticentes a conceder acciones a los empleados, exceptuando el caso de los ejecutivos de la banca.

    Según las nuevas tendencias, todos los empleados pueden disponer de un porcentaje de la empresa en forma de opciones. Con estas medidas se consigue además implicar al empleado en el proyecto, hacer que se sienta un socio más, que se mantenga fiel a la compañía y de paso, ahorrarse un dinero en sueldos. Las modalidades son dos: a los directivos se les proporciona una participación real en la empresa en forma de acciones. El resto de los empleados suelen recibir opciones de compra.

    En palabras de Jorge Juan García, Director General de Operaciones de Netjuice, una de las pocas empresas españolas que practican esta política, "Actualmente es una formula muy utilizada en sectores que necesitan intensamente capital intelectual (ideas, creatividad, estrategia, consultoria) o en puestos concretos que requieren perfiles profesionales muy solicitados. Internet es obvio que cumple las dos condiciones"

    No acaban aquí los esfuerzos por mimar a los tecnoempleados. En EEUU aumentan los días de vacaciones que se conceden a los techies. En un país donde las vacaciones son tradicionalmente escasas, si llegan a ser, y donde el mes de agosto libre tradicional en España les suena a chino, el tiempo libre es un incentivo muy valorado. También se permite a los empleados de algunas empresas comprar vacaciones, renunciando al sueldo correspondiente.

    La letra pequeña

    El poner acciones en manos de los empleados no sólo es beneficioso para la empresa. Si las cosas salen bien, esas acciones pueden aumentar su valor en la salida a bolsa, y si el empleado ejerce sus opciones, proporcionarle jugosos beneficios. Es la promesa no siempre cumplida de convertirse en millonario trabajando.

    Pero no todo es tan bonito. En Silicon Valley, una medida común del éxito de las empresas nacientes (startups) de Internet establece que de cada diez, seis fracasan estrepitosamente, con lo que las acciones se convierten en papel mojado. Estas y otras historias de terror sobre la verdadera naturaleza de los negocios en el valle han sido reunidas en un magnífico artículo de Po Bronson en el San Francisco Bay Guardian.

    Aquí también se menciona que el éxito tampoco es siempre una garantía. Otra práctica habitual es lo que en el particular diccionario de Netslaves se denomina 'Optionectomy', operación bursátil por la cual la compañía realiza un 'split' inverso que reduce la participación del empleado a un infinitésimo.

    Conviene informarse de las condiciones. Los contratos de los empleados suelen además incluir cláusulas que les impiden ejercer sus opciones antes de un plazo de tiempo determinado, o en el caso de las acciones, un contrato de recompra automática si el empleado abandona la empresa antes de tiempo. Una garantía exigible es la adición de cláusulas que evitan la devaluación de las acciones del empleado en un plazo similar.

    En cualquier caso el sistema parece tener éxito. "Es lo mismo que un soldado mercenario que es contratado para luchar fuera de su país, que básicamente cumplirá y tratara de salvar su vida. Si el soldado defiende la casa donde vive su familia, luchará con uñas y dientes", dice Jorge Juan García. "El grado de eficiencia que están demostrando estas organizaciones hará que muchas empresas tengan que evolucionar hacia este tipo de cultura si quieren ser competitivas."

    Parece que el cambio llega también para la vetusta cultura empresarial latina, donde los complementos, trienios, comisiones y vacaciones pagadas eran las únicas alegrías a las que podía aspirar el sufrido trabajador.




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  • Tech Jobs
  • Su sueldo en acciones: ¡Hagan juego!


    Baquía > Gente > Artículo


    Su sueldo en acciones: ¡Hagan juego!

    por Darío Pescador
    27/10/1999 00:00 GMT+1

    Por si alguien todavía no se ha enterado, el mercado de trabajo ya no es lo que era. La idea de un empleo fijo en la misma empresa durante décadas, ascendiendo poco a poco hasta llegar al merecido retiro, ha muerto.

    Se acabó. En todo el mundo el empleo, sobre todo del sector de la tecnología, es mucho más voluble. Los ingenieros y programadores cambian de empresa como de automóvil. La fidelidad es cosa del pasado.

    Todo tiene que ver con la economía, incluso desde una perspectiva no marxista de la historia. Los cambios en los diferentes sectores del mercado determinan los cambios en la sociedad. Al fin y al cabo se trata de dinero. En EEUU el cambio ya ha llegado y el catalizador es Internet. Basta con mencionar esta palabra para que los inversores preparen la chequera.

    La gran cantidad de empresas de Internet que han centuplicado su valor en la bolsa ha dado lugar a una nueva horda de millonarios en Silicon Valley. En EEUU, un país donde los sueldos más altos se miden por el número de profesionales que son clientes de BMW, los ingenieros e informáticos se acercan poco a poco a los reyes de la nómina abultada, los abogados y los médicos.

    Las empresas consolidadas, como IBM o Microsoft han hecho millonarios a aquellos empleados que recibieron acciones en los años 80. Por su parte, Telefónica lanzó un plan en 1997 destinado a fidelizar a cien altos ejecutivos de la compañía, que ahora puede hacer que se repartan hasta 45.000 millones en plusvalías.

    ¿Pero qué ocurre con los que no llegan a tanto?

    Oferta y demanda

    El mercado de trabajo del sector de la tecnología y las comunicaciones está muy caliente. Las empresas cada vez encuentran más dificultades para contratar técnicos especializados y con experiencia, porque la demanda es mucha. Una ley inexorable se cumple en este caso: el precio del ingeniero sube.

    Sin embargo, muchas de las empresas que comienzan en Internet y que confían en triunfar en el futuro, no tienen la posibilidad de pagar tanto. Hay que buscar nuevas formas de atraer a la mano de obra especializada para arrancarlos de las garras de las grandes compañías, donde seguramente cobrarían un 30% más cada mes. Pero las nuevas compañías no pueden permitirse la tacañería, especialmente cuando sus beneficios dependen en gran medida de la posición tecnológica en la que se encuentren.

    Lo que se hace en estos casos es pagar con dinero virtual, o como dirían en la sección CPPC, con dinero del Monopoly. Las palabras mágicas son bonificaciones y opciones.

    Las bonificaciones son cosa conocida. Si se cumplen determinados objetivos empresariales o personales, se remunera al empleado con una paga extra que puede llegar en ocasiones a duplicar su sueldo anual. Como cualquier tipo de incentivos, el problema reside en especificar y valorar los objetivos cumplidos a gusto de todos. Como se ha dicho, una práctica ya conocida, pero poco habitual para los techies.

    Acciones para todos

    La otra posibilidad es más novedosa, ya que las empresas hasta el momento eran bastante reticentes a conceder acciones a los empleados, exceptuando el caso de los ejecutivos de la banca.

    Según las nuevas tendencias, todos los empleados pueden disponer de un porcentaje de la empresa en forma de opciones. Con estas medidas se consigue además implicar al empleado en el proyecto, hacer que se sienta un socio más, que se mantenga fiel a la compañía y de paso, ahorrarse un dinero en sueldos. Las modalidades son dos: a los directivos se les proporciona una participación real en la empresa en forma de acciones. El resto de los empleados suelen recibir opciones de compra.

    En palabras de Jorge Juan García, Director General de Operaciones de Netjuice, una de las pocas empresas españolas que practican esta política, "Actualmente es una formula muy utilizada en sectores que necesitan intensamente capital intelectual (ideas, creatividad, estrategia, consultoria) o en puestos concretos que requieren perfiles profesionales muy solicitados. Internet es obvio que cumple las dos condiciones"

    No acaban aquí los esfuerzos por mimar a los tecnoempleados. En EEUU aumentan los días de vacaciones que se conceden a los techies. En un país donde las vacaciones son tradicionalmente escasas, si llegan a ser, y donde el mes de agosto libre tradicional en España les suena a chino, el tiempo libre es un incentivo muy valorado. También se permite a los empleados de algunas empresas comprar vacaciones, renunciando al sueldo correspondiente.

    La letra pequeña

    El poner acciones en manos de los empleados no sólo es beneficioso para la empresa. Si las cosas salen bien, esas acciones pueden aumentar su valor en la salida a bolsa, y si el empleado ejerce sus opciones, proporcionarle jugosos beneficios. Es la promesa no siempre cumplida de convertirse en millonario trabajando.

    Pero no todo es tan bonito. En Silicon Valley, una medida común del éxito de las empresas nacientes (startups) de Internet establece que de cada diez, seis fracasan estrepitosamente, con lo que las acciones se convierten en papel mojado. Estas y otras historias de terror sobre la verdadera naturaleza de los negocios en el valle han sido reunidas en un magnífico artículo de Po Bronson en el San Francisco Bay Guardian.

    Aquí también se menciona que el éxito tampoco es siempre una garantía. Otra práctica habitual es lo que en el particular diccionario de Netslaves se denomina 'Optionectomy', operación bursátil por la cual la compañía realiza un 'split' inverso que reduce la participación del empleado a un infinitésimo.

    Conviene informarse de las condiciones. Los contratos de los empleados suelen además incluir cláusulas que les impiden ejercer sus opciones antes de un plazo de tiempo determinado, o en el caso de las acciones, un contrato de recompra automática si el empleado abandona la empresa antes de tiempo. Una garantía exigible es la adición de cláusulas que evitan la devaluación de las acciones del empleado en un plazo similar.

    En cualquier caso el sistema parece tener éxito. "Es lo mismo que un soldado mercenario que es contratado para luchar fuera de su país, que básicamente cumplirá y tratara de salvar su vida. Si el soldado defiende la casa donde vive su familia, luchará con uñas y dientes", dice Jorge Juan García. "El grado de eficiencia que están demostrando estas organizaciones hará que muchas empresas tengan que evolucionar hacia este tipo de cultura si quieren ser competitivas."

    Parece que el cambio llega también para la vetusta cultura empresarial latina, donde los complementos, trienios, comisiones y vacaciones pagadas eran las únicas alegrías a las que podía aspirar el sufrido trabajador.




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