La tarifa plana es una reivindicación básica de los usuarios de
Internet en Europa desde hace años. Los operadores dominantes se refieren
a ella como un utopía mientras que las asociaciones de internautas lo
ven como la solución para convertir a Internet en el servicio público
que no es. Al mismo tiempo que insisten en que las excusas técnicas y
económicas de las telefónicas son falsas. ¿Quién
tiene razón?
Son estos tiempos de bullicio económico. Los mercados hierven, calentados
por la expansión de Internet. Miles de millones de dólares cambian
de manos, compañías se consolidan como líderes de un sector
en meses. Incluso negocios relacionados de forma tangencial con la Red, como
el envío de mercancías, ganan puestos arrastrados por el tren
del comercio electrónico.
En Europa en general y en España en particular, el tren está
pasando de largo. La peculiar estructura de costes de los operadores dominantes,
como Telefónica, hace que el acceso a Internet sea muy caro, tanto para
las empresas como para los particulares. Si no aumenta el número de usuarios
no hay masa crítica para hacer negocios en la Red. Todo el mundo pierde.
Hay otros mundos, pero están conectados
La envidia de los usuarios europeos hacia los norteamericanos es lógica:
en EEUU las computadoras son más baratas, otras tecnologías como
el cable y ADSL llevan años en funcionamiento y, sobre todo, existe la
Tarifa Plana. Allí Internet tiene hoy una enorme penetración,
casi la mitad de la población está conectada. Con un mercado potencial
de 110 millones de usuarios accesibles, el comercio electrónico es un
hecho.
Las operadoras locales de telefonía de EEUU cobran una tarifa única
mensual, escandalosamente baja (entre 10 y 20 dólares), con la cual se
pueden realizar llamadas locales sin límite. Esto incluye los accesos
a Internet por módem, con lo que quien quiera puede estar conectado a
Internet las 24 horas del día sin coste adicional. El único que
cobra es el ISP (Proveedor de Servicios de Internet). En definitiva, el americano
paga una vez, el europeo dos veces.
Por ese precio, más o menos, en España se puede mantener una
línea de teléfono en comunicación las 24 horas del día,
pero durante un solo día. El crecimiento de Internet en España
es alto, pero sin medidas reales para fomentarlo puede llegar a estancarse.
No obstante los ciudadanos parecen dispuestos a superar las numerosas dificultades
para entrar en la Red, incluso a precios abusivos.
Subidas y bajadas
Agosto de 1998 fue un mes negro para los usuarios de telefonía en España, y en especial para los de Internet. Las tarifas para llamadas locales se duplicaron de la noche a la mañana. Llovía sobre mojado, ya que Telefónica llevaba tiempo cobrando los accesos fallidos al defectuoso Infovía Plus.
La subida se producía además a partir del tercer minuto. De esta
forma el grueso de los usuarios (no conectados), que hablan poco tiempo, no
notaría la subida. El IPC tampoco. Las víctimas eran los internautas.
En junio de este año una propuesta de tarifa plana del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) fue rechazada
por segunda vez por el gobierno en el congreso. Sí se aprobó sin
embargo la implantación de ADSL.
Este año, el Ministerio de Fomento, temiendo una escalada en la inflación,
obligó a Telefónica a una bajada de las tarifas por Real
Decreto Ley, con un ahorro del 8,4% para los usuarios, y una rebaja en las
tarifas de ADSL y los bonos de Internet, BonoNet. Pero hay una trampa. La rebaja
se acompaña, con menos bombo, por un aumento en la cuota mensual previsto
para el año siguiente, con el ejercicio cerrado y después de las
elecciones.
Parches, excusas y desinformación
Así pues, la
situación sigue siendo dramática. Hay sin embargo inciativas
destinadas a mejorar el acceso a Internet.
Una de las primeras alegrías para los usuarios de Internet en España
vino de la mano de los accesos gratuitos, ofrecidos por las otras operadoras
de telefonía primero, y finalmente por Telefónica, y que como
ya se explicó en Baquía, se financian con las cuotas de interconexión.
Sin embargo, una hora diaria de conexión a Internet cuesta 10.000 ptas.
(60 $) en llamadas al mes, aproximadamente lo que cuesta un acceso de pago
durante un año. Por tanto, el mayor coste es por la llamada. El acceso
gratuito no supone un gran avance.
La solución (y la excusa) de Telefónica es ofrecer tarifa plana
a través de las líneas digitales, como RDSI y ADSL. La introducción
de ADSL, un sistema por el cual se obtienen altas velocidades utilizando líneas
convencionales, tuvo como efecto secundario el que la compañía
también comenzase a ofrecer tarifa plana a través de RDSI, un
sistema ya obsoleto.
Sin embargo los costes, tanto de la instalación como de la cuota mensual,
no son asumibles por economías domésticas. La instalación,
alta en la línea y compra del módem suponen un desembolso mínimo
de unas 50.000 ptas. (300 $). La cuota mensual para la tarifa plana RDSI
más baja es de 16.000 ptas. (96 $). Ambas soluciones están
claramente dirigidas a empresas.
En muchos medios de comunicación, el Ministerio de Fomento anunciaba
con satisfacción que las tarifas de ADSL eran las más baratas
de Europa, 4.000 ptas. No contaban, claro, que esa es la tarifa para los ISP,
el usuario tiene que pagar cerca del doble, unas 8.000 ptas. (48 $).
Ni siquiera con bonos el acceso es asequible, como demuestra un informe
de la OCDE, donde España queda muy por encima de México, donde también disfrutan de tarifa plana.
Demasiado caro. Además, la cobertura de RDSI y ADSL es muy limitada,
y no se prevé que pueda extenderse a medio plazo, tanto por razones económicas
como técnicas.
¿Es posible o no?
El ministro de Fomento Rafael Arias Salgado, afirmó en septiempre de
1998 que la implantación de una tarifa plana no era un problema técnico
sino de riesgo empresarial. En menos de dos meses declaraba que era imposible
porque colapsaría la red. Los ministerios no parecen fuentes fiables
cuando se trata de cuestiones técnicas.
Los argumentos de Telefónica son técnicos, pero también
éticos. Según la compañía la tarifa plana perjudicaría
a los usuarios con menor consumo. Además está el hipotético
colapso de la red. Esto se justificaba apoyándose en un informe de Bell
Atlantic que predecía tal colapso en la telefonía de los EEUU.
Curiosamente tal informe había sido redactado para apoyar las peticiones
de las operadoras Americanas para imponer un cargo por volumen transmitido a
los proveedores de Internet, dado el impacto que su uso tenía en las
redes. Un caso completamente distinto, ya que en EEUU la tarifa plana es un
hecho. Otro informe
posterior demuestra sin embargo que el aumento del tráfico es perfectamente
asumible, al menos allí.
Los absurdos minutos
El problema de la compañía Telefónica de España,
como el de otras muchas operadoras, es más profundo: su modelo de negocio
comienza a quedar obsoleto. En un futuro cercano las redes de conmutación
de paquetes, como Internet, sustituirán a las redes de conmutación
de circuitos, como la del teléfono. Son más fiables, las interconexiones
son más sencillas y pueden transmitir tanto voz como datos o imágenes.
Sería absurdo que el proveedor de acceso facturase por mensajes de correo
electrónico enviados, por la distancia al ordenador de destino, e incluso
por los minutos de conexión. En una hipotética red mundial de
paquetes, lo mismo ocurrirá con una llamada de voz.
Las compañías de telecomunicaciones deben comenzar a preocuparse
por aquellos factores que realmente les cuestan dinero, como la cantidad de
ancho de banda ocupado por un usuario. No es lo mismo enviar un archivo de texto
que un archivo de vídeo digital en tiempo real. Parece lógico
que la facturación se realice por volumen, como el agua corriente.
Y esto es lo que hace Sprint, uno de los mayores operadores en EEUU. Cobrar
por paquetes de datos, es decir, por bits enviados. El coste por bit es ridículo
excepto para aquellos usuarios que realicen transmisiones de gran envergadura.
Mientras tanto, otros operadores europeos como BT bajan sus tarifas hasta
acercarse al ideal. La solución puede estar cerca, pero en tiempo Internet,
España está en la prehistoria y el daño ya está
hecho.