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Patentes imposibles

por Darío Pescador
19/11/1999 00:00 GMT+1

El sistema vigente en los Estados Unidos permite patentar casi cualquier programa o sistema informático, por muy elemental que sea. Esta peculiaridad hace que los casos de demandas por infringir patentes sean cada vez más frecuentes en aquel país. Cada vez son más las voces que piden un cambio, pero en su lugar, este sistema podría extenderse al resto del mundo.

¿Se puede patentar el software? En EEUU no está permitido a nadie patentar las leyes de la Naturaleza. Esta prohibición fue extendida en los 70 a los programas informáticos y los algoritmos. Pero en 1981 el Tribunal Supremo falló a favor de la patente de un proceso industrial controlado por un programa.

A través de este agujero legal se han producido desde entonces más de 20.000 nuevos registros al año en la Oficina de Patentes, que no es muy exigente en cuanto a lo innovador de las ideas propuestas. En muchos casos se ha permitido formalizar la patente de fórmulas tan elementales que incluso alumnos de informática podrían estar violando la ley sin saberlo.

Una tentación poderosa

Con las patentes en la mano, los gabinetes legales de las empresas son utilizados como una fuente de ingresos. Teniendo en cuenta que en el sistema judicial de los EEUU la diferencia entre perder o ganar no está en la ley, sino en el juicio, basta con ganar unos cuantas demandas para que el departamento resulte rentable.

Incluso han surgido algunas compañías que actúan como un broker de patentes, dedicadas a registrar, comprar y vender patentes. Las patentes también son utilizadas por grandes compañías para expulsar del negocio a las pequeñas.

Esto no es cierto siempre.

Muchas compañías se ven obligadas a patentar para defenderse de una patente posterior por parte de la competencia. Sin embargo la tentación de ejercer el poder es muy fuerte.

Patentar lo más básico

Nadie mejor que un programador sabe lo que cuesta producir un programa útil, rápido y depurado. Cualquiera de ellos, leyendo un listado de código puede decir con un vistazo si proviene de un programador bueno o de uno malo, como quien lee una novela.

Las compañías del sector disponen de derechos sobre los programas completos producidos, como cualquier otro producto intangible. Sin embargo, en muchos casos se consigue patentar los algoritmos en los que se basan los programas, algo más discutible, ya que puede tratarse de fórmulas matemáticas elementales.

Para explicar esto con suficiente claridad hay que ponerse en el lugar del programador y crear en un lenguaje imaginario un programa para hallar porcentajes, al que llamaremos Descuentix:

comienza el programa Descuentix
- pregunta cantidad
- pregunta porcentaje
- escribe cantidad/100*porcentaje
termina el programa

Este programa se graba en un CD y se vende para su instalación. Ahora bien, la compañía que vende Descuentix registra el código, con lo que dispone de los derechos del programa completo, y además patenta la fórmula del porcentaje: cantidad/100*porcentaje.

Si se trasladara al mundo editorial, sería como exigir derechos, no sólo por una novela, sino por el uso de la metáfora como figura literaria. ¿Es eso posible?

Sí lo es. Ya ha ocurrido varias veces, y algunos de los casos rozan el surrealismo.

El caso Unisys

En 1987 la compañía Compuserve diseñó el formato GIF (Graphics Interchange Format), que junto con JPEG es el formato de imagen más utilizado en las páginas web. Las imágenes en formato GIF utilizan un algoritmo de compresión llamado Lempel-Zev-Welch o LZW, cuya patente consiguió Unisys en 1993.

Compuserve y Unisys llegaron a un acuerdo de distribución para el formato GIF. Sin embargo, el pasado verano, un comunicado de Unisys desató la tormenta.

La compañía pretendía ejercer sus derechos sobre el algoritmo LZW y cobrar a todos los nodos web donde se emplearan las imágenes GIF que no hubieran sido creadas con programas licenciados. Esto se aplicaba a miles de utilidades shareware y freeware, como GIMP de Linux.

Es decir, si un webmaster decidía incluir una imagen GIF en sus páginas debía utilizar un programa con licencia o pagar a Unisys 5000 $ al año.

La reacción no se hizo esperar, y asociaciones de programadores a favor del fin de las patentes quemaron gráficos GIF frente a las oficinas de Unisys. De forma más elegante, y demostrando lo absurdo de la situación, Francois-René Rideau propuso codificar una imagen en formato GIF a mano, con papel y lápiz. De este modo un cerebro estaría infringiendo una patente de software.

Otros ejemplos sangrantes

Estos son algunos ejemplos más de patentes registradas en EEUU sobre algoritmos, procesos e interfaces de usuario:

  • Simular el tiempo de acceso en un CD-ROM haciendo más lento el acceso a un disco duro.
  • Usar diferentes colores para identificar unas expresiones de otras en un lenguaje de programación.
  • Cualquier programa de agenda que incluya gráficos de barra de las duraciones de las citas.
  • Cualquier procesador de texto que detecte las teclas que emplea el usuario para abrir un comando y le sugiera un método más simple.
  • Cualquier procesador de texto que muestre y permita editar al mismo tiempo el contenido de la página, el pie y la cabecera.
  • Cualquier procesador de texto que utilice dos colores para marcar las correcciones.

Estas son sólo las más inmediatas. Hay otras muchas que afectan a los pasos más simples para la creación de un programa. Si es descubierto, el creador del programa deberá pagar al dueño de la patente o renunciar a su publicación.

Más recientemente, la compañía de aviación McDonell Douglas patentó un sistema para evitar el fallo del año 2000 llamado de ventana, consistente en considerar que hasta cierto año (por ejemplo 1970 ) las fechas son del siglo XXI. El código es muy simple.

if ((year += 1900) < 1970) year += 100;

En lenguaje humano, si el año es anterior a 1970 se añaden 100 años. Es casi la primera idea que viene a la mente de todo programador, pero su uso es ilegal.

El peligro acecha

Las patentes se introdujeron en el siglo XVII en Inglaterra y otras partes del mundo para fomentar el avance de la ciencia. Si no se protegían las ideas, los inventores las habrían mantenido en secreto y nunca hubieran llegado al público.

Sin embargo nadie podría esperar que a través de un fallo en la ley las cosas llegaran a este extremo. Lo peor es que le Unión Europea tiene en proyecto legalizar las patentes de software, con lo que el mal se extendería.

Ya hay organizaciones dedicadas a luchar contra este sistema, como Freepatents o The League for Programming Freedom. Otras compañías como Oracle también se unen a la oposición.

Las patentes amenazan la viavilidad de la industria del software, como demuestra con rigor y ciertas dosis de humor un análisis de la LPF, ya que afectan al usuario, que no puede recibir los beneficios de la innovación. Entre las soluciones propuestas se cuentan el endurecimiento de los requisitos para patentar un programa y la reducción de la vigencia de las patentes.

Por una vez hay que esperar que el sentido común se imponga.




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