El sistema vigente en los Estados Unidos permite patentar casi cualquier programa
o sistema informático, por muy elemental que sea. Esta peculiaridad hace
que los casos de demandas por infringir patentes sean cada vez más frecuentes
en aquel país. Cada vez son más las voces que piden un cambio,
pero en su lugar, este sistema podría extenderse al resto del mundo.
¿Se puede patentar el software? En EEUU no está permitido a nadie
patentar las leyes de la Naturaleza. Esta prohibición fue extendida en
los 70 a los programas informáticos y los algoritmos. Pero en 1981 el
Tribunal Supremo falló a favor de la patente de un proceso industrial
controlado por un programa.
A través de este agujero legal se han producido desde entonces más
de 20.000 nuevos registros al año en la Oficina de Patentes, que no es
muy exigente en cuanto a lo innovador de las ideas propuestas. En muchos casos
se ha permitido formalizar la patente de fórmulas tan elementales que
incluso alumnos de informática podrían estar violando la ley sin
saberlo.
Una tentación poderosa
Con las patentes en la mano, los gabinetes legales de las empresas son utilizados
como una fuente de ingresos. Teniendo en cuenta que en el sistema judicial de
los EEUU la diferencia entre perder o ganar no está en la ley, sino en
el juicio, basta con ganar unos cuantas demandas para que el departamento resulte
rentable.
Incluso han surgido algunas compañías que actúan como
un broker de patentes, dedicadas a registrar, comprar y vender patentes. Las
patentes también son utilizadas por grandes compañías para
expulsar del negocio a las pequeñas.
Esto no es cierto siempre.
Muchas compañías se ven obligadas
a patentar para defenderse de una patente posterior por parte de la competencia.
Sin embargo la tentación de ejercer el poder es muy fuerte.
Patentar lo más básico
Nadie mejor que un programador sabe lo que cuesta producir un programa útil,
rápido y depurado. Cualquiera de ellos, leyendo un listado de código
puede decir con un vistazo si proviene de un programador bueno o de uno malo,
como quien lee una novela.
Las compañías del sector disponen de derechos sobre los programas
completos producidos, como cualquier otro producto intangible. Sin embargo,
en muchos casos se consigue patentar los algoritmos en los que se basan los
programas, algo más discutible, ya que puede tratarse de fórmulas
matemáticas elementales.
Para explicar esto con suficiente claridad hay que ponerse en el lugar del
programador y crear en un lenguaje imaginario un programa para hallar porcentajes,
al que llamaremos Descuentix:
comienza el programa Descuentix
- pregunta cantidad
- pregunta porcentaje
- escribe cantidad/100*porcentaje
termina el programa
Este programa se graba en un CD y se vende para su instalación. Ahora
bien, la compañía que vende Descuentix registra el código,
con lo que dispone de los derechos del programa completo, y además patenta
la fórmula del porcentaje: cantidad/100*porcentaje.
Si se trasladara al mundo editorial, sería como exigir derechos, no
sólo por una novela, sino por el uso de la metáfora como figura
literaria. ¿Es eso posible?
Sí lo es. Ya ha ocurrido varias veces, y algunos de los casos rozan
el surrealismo.
El caso Unisys
En 1987 la compañía Compuserve diseñó el formato
GIF (Graphics Interchange Format), que junto con JPEG es el formato de imagen
más utilizado en las páginas web. Las imágenes en formato
GIF utilizan un algoritmo de compresión llamado Lempel-Zev-Welch o LZW,
cuya patente consiguió Unisys en 1993.
Compuserve y Unisys llegaron a un acuerdo de distribución para el formato
GIF. Sin embargo, el pasado verano, un comunicado
de Unisys desató la tormenta.
La compañía pretendía ejercer sus derechos sobre el algoritmo
LZW y cobrar a todos los nodos web donde se emplearan las imágenes GIF
que no hubieran sido creadas con programas licenciados. Esto se aplicaba a miles
de utilidades shareware y freeware, como GIMP de Linux.
Es decir, si un webmaster decidía incluir una imagen GIF en sus páginas
debía utilizar un programa con licencia o pagar a Unisys 5000 $ al año.
La reacción no se hizo esperar, y asociaciones de programadores a favor
del fin de las patentes quemaron gráficos
GIF frente a las oficinas de Unisys. De forma más elegante, y demostrando
lo absurdo de la situación, Francois-René Rideau propuso
codificar una imagen en formato GIF a mano, con papel y lápiz. De este
modo un cerebro estaría infringiendo una patente de software.
Otros ejemplos sangrantes
Estos son algunos ejemplos más de patentes registradas en EEUU sobre
algoritmos, procesos e interfaces de usuario:
- Simular el tiempo de acceso en un CD-ROM haciendo más lento el acceso
a un disco duro.
- Usar diferentes colores para identificar unas expresiones de otras en un
lenguaje de programación.
- Cualquier programa de agenda que incluya gráficos de barra de las
duraciones de las citas.
- Cualquier procesador de texto que detecte las teclas que emplea el usuario
para abrir un comando y le sugiera un método más simple.
- Cualquier procesador de texto que muestre y permita editar al mismo tiempo
el contenido de la página, el pie y la cabecera.
- Cualquier procesador de texto que utilice dos colores para marcar las correcciones.
Estas son sólo las más inmediatas. Hay otras muchas que afectan
a los pasos más simples para la creación de un programa. Si es
descubierto, el creador del programa deberá pagar al dueño de
la patente o renunciar a su publicación.
Más recientemente, la compañía de aviación McDonell
Douglas patentó un sistema para evitar el fallo del año 2000 llamado
de ventana, consistente en considerar que hasta cierto año (por ejemplo
1970 ) las fechas son del siglo XXI. El código es muy simple.
if ((year += 1900) < 1970) year += 100;
En lenguaje humano, si el año es anterior a 1970 se añaden 100
años. Es casi la primera idea que viene a la mente de todo programador,
pero su uso es ilegal.
El peligro acecha
Las patentes se introdujeron en el siglo XVII en Inglaterra y otras partes
del mundo para fomentar el avance de la ciencia. Si no se protegían las
ideas, los inventores las habrían mantenido en secreto y nunca hubieran
llegado al público.
Sin embargo nadie podría esperar que a través de un fallo en
la ley las cosas llegaran a este extremo. Lo peor es que le Unión Europea
tiene en proyecto
legalizar las patentes de software, con lo que el mal se extendería.
Ya hay organizaciones dedicadas a luchar contra este sistema, como Freepatents
o The League for Programming Freedom. Otras compañías como Oracle
también se unen a la oposición.
Las patentes amenazan la viavilidad de la industria del software, como demuestra
con rigor y ciertas dosis de humor un análisis
de la LPF, ya que afectan al usuario, que no puede recibir los beneficios de
la innovación. Entre las soluciones propuestas se cuentan el endurecimiento
de los requisitos para patentar un programa y la reducción de la vigencia
de las patentes.
Por una vez hay que esperar que el sentido común se imponga.