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Pendientes de un cable submarino

por Darío Pescador
26/11/1999 00:00 GMT+1

Los cursos de introducción a Internet suelen explicar por qué la Red es tan maravillosa: los datos son inteligentes y viajan en forma de paquetes por una malla que no está centralizada. De este modo si una parte de la red falla, siempre se puede utilizar una ruta alternativa para llegar al destino.

Con esta idea se diseñó el proyecto militar que más tarde se convertiría en Internet. Una red casi invulnerable a los ataques, frente a las redes de telefonía que dependen de centrales de conmutación: si falla la central, millones de usuarios se quedan sin teléfono.

Pero esto es sólo una verdad a medias. En Estados Unidos, donde líneas de alta capacidad (los famosos backbones) atraviesan el país de parte a parte puede que el sistema funcione. Pero cuando Internet tiene que unir continentes sólo hay una vía posible: los cables submarinos.

Los cables submarinos son pocos, caros y con capacidad limitada. Lo que es peor, están bajo el control de unas pocas compañías. Las comunicaciones mundiales, incluida toda la Internet, están en sus manos.

Cables bajo el mar

Las comunicaciones vía satélite se han quedado atrás hace tiempo. Los proyectos de redes de gran capacidad con satélites de baja órbita, como Iridium o Teledesic no son viables por el momento. Los datos viajan a una velocidad mucho mayor por los cables submarinos de fibra óptica.

Hay algo más de 300 cables submarinos en el mundo.

Los antiguos cables coaxiales son progresivamente retirados y sustituidos por cables de fibra óptica, con una capacidad miles de veces superior.

Los cables de fibra óptica de tercera generación pueden alcanzar 5.3 Gpbs, equivalente a 60.000 conversaciones telefónicas simultáneas, es decir, 20.000 veces más que un cable coaxial.

Tender un cable submarino es casi tan complicado como poner un satélite en órbita. El cable y los repetidores son muy caros, el tendido lo realizan barcos especiales en una operación controlada al centímetro por computadora. Pocas compañías en el mundo, como por ejemplo Cable&Wireless Global Marine, son capaces de hacerlo.

Además los cables son frágiles. Un fallo en el aislamiento puede inutilizar los repetidores o deteriorar las fibras. Las corrientes submarinas, terremotos, anclas y las redes de arrastre son un peligro constante. Barcos de reparación están en constante estado de alerta en todo el mundo.

Es un escenario propicio para los monopolios, aunque las cosas están cambiando.

En las manos de unos pocos

Los cables submarinos siempre han sido propiedad de las operadoras dominantes, que hasta hace poco también eran monopolios, estatales o no, y que forman lo que en estos círculos se llama el club. No es de extrañar que el poder sobre las comunicaciones entre continentes estuviera en manos de la mayor de todas: AT&T.

El gigante de las comunicaciones en EEUU teóricamente negociaba con otras compañías telefónicas el tendido de cables.

En realidad imponía su criterio sin oposición. Sólo hay que mirar la gran capacidad de comunicación entre Europa y EEUU y entre EEUU y Asia, mientras que unas pocas líneas con diez veces menos capacidad unen Asia y Europa. AT&T controlaba el paso.

Sin embargo ese vacío en la red mundial resultaba una oportunidad demasiado buena para ser pasada por alto.

El proyecto FLAG

La compañía KMI (Kessler Marketing Intelligence Corp.), especializada en producir informes sobre la red de cables submarinos, pudo ver la oportunidad mejor que nadie.

Con el dinero de una compañía de Arabia Saudí, KDD de Japón y Nynex, una Baby Bell, inició el proyecto FLAG (Fiberoptic Link Around the Globe). La idea era muy simple: un cable de fibra óptica desde el Reino Unido a Oriente Medio que resultaría rentable en un periodo entre 2 y 5 años.

El proyecto FLAG está operativo desde 1997, y consta de dos pares de cables de fibra óptica de tercera generación que pueden transmitir unos 8 Gbps efectivos. El siguiente paso es FLAG Atlantic, que unirá Nueva York con Londres y París.

Una tímida apertura

Con el proyecto FLAG, por primera vez una compañía privada hizo frente al gigante AT&T, rompiendo el monopolio de los cables submarinos.

Este fue el principio del cambio. Con el aumento de la capacidad de las fibras, los enlaces por satélite no pueden soportar el tráfico de un cable submarino. La única solución es mantener acuerdos con la competencia para utilizar su cable en caso de rotura.




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