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La vergüenza de ser camarero o donde todavia los hay buenos

¿No os ha pasado con creciente frecuencia, que comer sea una experiencia odiosa?. El camarero está de mala leche, lo comida es cara y no vale nada y el ambiente es deprimente. En un país como España en el que los mileuristas tienen titulación académica, un gremio clásico, de siempre, tradicionalmente bien pagado cuando se lo curra, está a la deriva y parece tener una crisis de identidad. Por eso, cuando se encuentra un restaurante como La Montería, en Lope de Rueda, 35, se agradece doblemente. Curiosamente, yo le tenía un poco en la lista negra. Está al lado de mi oficina y había intentado ir varias veces recibiendo siempre un \”está completo, lo siento\”, que me tenía bastante mosqueado. Por fin aprendimos que hay que reservar con 48 horas de antelación y ahora, que siempre consigo la reserva a tiempo, he comido con clientes, amigos y socios y nunca me ha defraudado. Todo es excelente a unos precios razonables -rara vez paso de 32 Euros por cubierto- dependiendo del vino. Pero lo más, más ha sido hoy que acabo de comer en la barra. En primer lugar, el sitio está, lógicamente, abarrotado pero he conseguido un pedazo de barra suficiente para comer de pié. Lo primero que me ha sorprendido es que TODOS los camareros están de buen humor, que los clientes están de buen humor y que el ambiente disfruta de vibraciones positivas por cada rincón, ni siquiera me ha molestado el ruido… El Maître del restaurante, en un momento que se ha pasado por la barra, me ha reconocido y me ha deseado inmediatamente un \”que aproveche\” sonriente como diciéndome, ya se que algún día tiene que comer en plan pobre… Al terminar de comerme media ración de rabo de toro -ya no hay muchos sitios en Madrid que den media ración y que ésta sea suficiente para una comida rápida- me quedaba un poco de vino y le he pedido al camarero un poco de queso para terminarme la copa, algo que, normalmente, merece el comentario \”no, señor solo tenemos raciones enteras\”. En una fracción de minuto me ha puesto dos pedacitos de queso que eran, exactamente, lo que necesitaba y, encima, no me los ha cobrado. ¿La factura? 7 Euros por todo (media ración de rabo de toro, una par de entremeses, dos copas de vino y dos pedacitos de buen quedo) Bueno, esto me reconcilia con el gremio durante meses. Tienen cliente para rato…:-) Si os queda a mano, no dejéis de probar. Ah! eso si, para el restaurante reservar con 48 horas o no habrá posibilidad alguna.


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