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Hacer enemigos sin querer

La mejor forma de no tener enemigos es pasar desapercibido. Cuando alguién, como yo, lleva casi 20 años haciendo presentaciones en público, es probable que tenga, entre un 5 y un 10% de personas que me odien a muerte. Si hacemos unas matemáticas conservadoras, en 20 años habré hecho una media de 50 presentaciones año a una media de 50 personas por presentación.

Me sale que aproximadamente 50.000 personas me han escuchado en público. Solo hablo de temas en lo que tengo criterio -que estoy siempre dispuesto a discutir con mi audiencia- pero no tengo pelos en la lengua y digo lo que siento. En realidad estas cifras son conservadoras si tenemos en cuenta que, por ejemplo, cuando SIEBEL vino a España fuí el que presentó el concepto de CRM ante una audiencia de más de 2.000 personas.

¿Me preocupa tener entre 2.500 y 5.000 enemigos? La verdad es que, ahora que lo pienso, si me produce algún escalofrío pero, por otra parte, eso confirma el que, de vez en cuando, perciba una sensación de odio en interlocutores que yo no creo conocer de nada y en los que no entiendo su postura agresiva contra mí. ¿Os imagináis que cada uno de ellos/ellas me diera simplemente un ligera bofetada? Moriría abofeteado de gravedad…

También he sido a veces muy tajante y he dejado heridas que me hubiera gustado evitar pero, desgraciadamente, como he dicho al inicio, a menos que no digas nunca nada, tendrás enemigos. En algunos casos ya ni es cuestión de lo que digas, es la propia química del individuo que te ve en el escenario y piensa “que se habrá creído este petardo, le odio”…

Nobody is perfect y así es la vida. No puedes contentar a todos.


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