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No empezar con mal pie

Si cuando empiezas un negocio tienes roces importantes con tus inversores, es mejor que no les dejes entrar en tu proyecto. Si te están queriendo sacar las tripas nada más empezar a negociar su inversión y todo son pegas por las que te das cuenta de que quieren controlar todo lo que pasa en la empresa. Mal vas.

Los inversores deben dejar espacio de gestión al emprendedor, si con una inversión pequeña inicial quieren ya controlar al “management” luego será mucho peor y, a medida que necesitas nuevas rondas, las condiciones serán cada vez peores. Mejor no empezar.

Hay que dar información al inversor y explicarle lo que está pasando pero dejando claro que ellos invierten y tu lideras la empresa. Información si, intromisión constante, no.

Si el proyecto merece la pena, encontrarás al inversor que te conviene y no hay que precipitarse con el primero que te solucione la papeleta financiera. Puedes empezar a arrepentirte al día siguiente. Esto es especialmente problemático con inversores industriales que entran ya con ganas de “integrar” la nueva empresa en su negocio principal.


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