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La reinvención del e-commerce

Cada vez que comprar algo es como un dolor de muelas, sabes que está mal concebido y que, en el Siglo XXI, nadie debería pasar por ello. Tiene que ver con las formas de pago, la distribución, las garantías, las ofertas especiales, la redención de cupones descuento, la fabricación de series que no se adaptan al ser humano como individuo -a ti, vamos- donde tienes que escoger entre un pantalón largo que luego tendrás que cortar o uno ancho que deberás estrechar.

La tecnología nos debe servir para reducir al mínimo las fricciones. Comprar debería ser un proceso sencillo y automático, personalizable, a la medida exacta de cada ser humano, sin adaptaciones posteriores y con recomendaciones de expertos para que nos siente mejor.

Pasar de un siglo industrial -el XX- a otro de la Economía de la Atención -el SIGLO XXI- exige de mentes abiertas, sistemas abiertos, medidas accesibles, fabricaciones de unidades personales y servicio a la medida que cada cual quiera pagar.

Antes, si tenías un pequeño problema casero, te ponías el mono de trabajo y ala, a intentar arreglarlo aunque no supieras como, hoy puedes pedirle a un experto que te lo haga -de manera más eficaz- y dejas de tener que hacer algo para lo que no tienes preparación ni disposición alguna.

Pasa con todo. No hay trabajo pero no nos damos cuentas que el trabajo que desaparece es del Siglo XX y que, si concebimos el XXI, faltan puestos de trabajo por todos los sitios. El problema es que seguimos gastando una buena parte de nuestros recursos en mantener sistemas obsoletos, pretender salvar lo insalvable y mucho menos de lo necesario en reinventar el futuro.

Tiene también que ver con que los partidos políticos provienen del siglo XVIII, XIX y XX y siguen sin plantearse como deben cambiar en el nuevo milenio.


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