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Adaptarse a los smartphones o morir

Por Iván Guillen Cano

Por lo general, definimos el marketing como la capacidad de satisfacer las necesidades de los usuarios y obtener ganancias a la vez. Son muchos los que han alzado su voz para defender que el departamento de marketing es el timón de la empresa. De ahí su importancia.

Sin embargo, y en una época como la actual, también son importantes la innovación y la tecnología, pues éstas evidencian las necesidades de los consumidores. De ahí que sean, al menos, tan importantes como el marketing, y que funcionen al unísono. Así lo pone de relieve William Qualls, profesor de marketing de la Universidad de Illinois:

“Si innovación y marketing no reciben la misma atención, las buenas ideas pueden no alcanzar su lugar en el mercado o las firmas pueden enterrar millones de dólares en innovaciones que, finalmente, no tendrán ningún atractivo para los consumidores. Sin buenas ideas, no se pueden crear nuevos productos innovadores. Las empresas necesitan saber cómo generar el mayor número de nuevas ideas posibles y cómo proyectarlas para que tengan la mayor posibilidad de ser exitosas”.

Estamos acostumbrados, como empresa, a trabajar con el marketing, pero ¿sabemos trabajar con las tecnologías que se van imponiendo? Recordemos que los usuarios se están acostumbrando poco a poco a estas nuevas tecnologías que las empresas deben conocer, e incluso -si cabe- adelantarse.

Las estadísticas son claras: las activaciones de nuevos dispositivos iOS y Android se han multiplicado en los últimos meses, aumentado en diciembre un 353% las activaciones con respecto al mismo periodo del año anterior. Este crecimiento es parejo al desarrollo de nuevas tecnologías, tales como aplicaciones de realidad aumentada, reconocimiento de objetos y geolocalización, que marcarán un punto de inflexión en los próximos años y contribuirán progresivamente a una mayor virtualización del mundo real.

Este nuevo aspecto favorece a consumidores y a empresas. Por un lado, los primeros recibirán impactos publicitarios relativos a sus intereses. Y en este sentido, las empresas (marcas) adaptarán mucho mejor la oferta y la harán mucho más individual, aumentando las posibilidades de éxito en el proceso de compra.

Del mismo modo, con el tiempo, estaremos más capacitados como usuarios para estar conectados en cualquier sitio, en cualquier momento, pudiendo saber de dónde procede cada uno de los productos que nos rodean (y nos interesen). Y podremos comparar. Por ello, las comparativas a tiempo real harán que la ubicación física de los establecimientos, por ejemplo, como herramienta de competitividad, acabe por desaparecer: si somos una zapatería ya no competimos con las zapaterías de nuestro barrio. La competencia es global. Los clientes podrán comparar a tiempo real el precio de mi zapatería con respecto a la de otra zapatería ubicada en otro lugar del mundo.

Una tendencia que ya ha puesto de manifiesto Amazon con la promoción efectuada a través de su aplicación Amazon Price Check, que permite recopilar información de precios de competidores a través de la función de geolocalización, activada en el teléfono móvil. Esta promoción ha desatado la ira de muchos comercios tradicionales que han acusado a Amazon de pagar a los clientes por ser sus “espías” de precios.

De cualquier forma, la aplicación de Amazon no es más que la punta del iceberg de un desarrollo tecnológico que se hará efectivo en el próximo lustro. Y depende de nosotros, como empresa, aprovechar estas tecnologías para posicionarnos en un mercado muy competitivo que está por llegar.

Artículo original publicado en Marketingdireco.com


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