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Nos hacen falta buenos comunicadores

En el mundo anglosajón, los niños de cinco años salen a "presentar" a sus compañeros de parvulario lo que han hecho el fin de semana. Desde la más tierna infancia, hablar en público es algo natural y frecuente. No lo es en España. Muchos alumnos de escuelas de negocio me reconocen que, hasta llegar a ellas, no han tenido nunca que hacer presentaciones oficiales y que no tienen costumbre.

Por supuesto que se puede aprender con 30 años a presentar bien, pero como con los idiomas o el tenis, nunca se tendrá la fluidez ni el estilo de quien lo lleva haciendo desde niño. Lo malo es que esa capacidad es clave para un emprendedor que debe estar todo el día vendiendo su proyecto. No solo a inversores, muchas veces la venta más difícil es a su propio equipo.

Quizás lo más difícil sea la capacidad de síntesis. Resumir un largo y aburrido discurso de dos horas en 20 minutos de charla dinámica y convincente es la parte más compleja de este trabajo. Merece la pena "currárselo".


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