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Ser o no ser… transparente

Está claro que el concepto de privacidad que teníamos la gente del siglo XX poco tiene que ver con la capacidad de exposición y falta de recato de las generaciones del siglo XXI. ¿Es mejor, peor? Simplemente, es diferente. Cada uno toma el riesgo que quiere asumir. 

En el siglo XX, por ejemplo, los tatuajes eran cosa de ciertas clases sociales, y a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido hacerse un tatuaje para cubrir toda su espalda. Hoy, los famosos más conocidos los lucen como enseña y muestran a sus seguidores el camino hacia sus propias interpretaciones de este ¿arte?

Lo comparo porque, en ambos casos, exposición y tatuaje, hay un acto de voluntad consciente del que, en algunos casos, se arrepienten luego sus practicantes. Ya es demasiado tarde para corregirlo. Ni la memoria digital se puede borrar, ni es nada sencillo borrar para siempre un tatuaje.

Hay que explicar la consecuencias, pero hay que dejar que cada cual marque los límites que quiere o no cruzar. Las costumbres, buenas o malas, lo son con el paso del tiempo según nuevas percepciones que no podemos prever.


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