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Un trol te acompaña

Una vez estuve manteniendo una conversación con lo que yo creía eran siete lectores enfadados conmigo y poniéndome a caldo, hasta que me di cuenta que, con diferentes nombres, todos venían de la misma IP. Después de un tiempo sin saber de él –no creo que sea un "ella", por el vocabulario que usa– ha vuelto y está de nuevo amenizando mis apariciones con comentarios insultantes y, todo sea dicho, con poco sentido para cualquiera que me conozca o haya seguido mi trayectoria.

Ha usado medio centenar de nombres, todos anónimos claro, pero ahora, con la costumbre de ponerle fotos a las personas, ha reaparecido con la cara de…un chimpancé. Nada podía haber sido mejor elegido.

Precisamente, creo que fue un artículo mío sobre el anonimato lo que le ganó para mi causa. No estaba en absoluto de acuerdo. Entendedme, acepto el anonimato, pero cuando tengo una discusión abierta con un lector me gusta saber quién es, sobre todo porque las razones para el anonimato (que lo lea el jefe, que se den cuenta en la empresa, etc.) no tienen nada que ver con el tipo de conversaciones sobre Internet y sus modelos de negocio que suelo mantener yo.

En fin, que tarde o temprano, casi cualquiera que tenga una presencia intensa en Internet termina teniendo uno o varios troles.


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