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Introversión, extroversión digital y la búsqueda de la felicidad

Este artículo es el primero de una nueva etapa en Baquía. No prometo nada, en cuanto a la frecuencia, pero voy a intentar compartir experiencias que tienen que ver con todo esto de lo digital, pero poniendo el acento en la forma en que las tecnologías influyen en todos nosotros. Probablemente no te descubra nada nuevo, pero si consigo despertar alguna sonrisa o una breve reflexión, habrá sido útil.

Los seres humanos tenemos un objetivo principal: ser felices. Así a bocajarro, sin más consideraciones. Es un objetivo declarado o no, inconsciente o lo contrario, pero es algo que está en lo más íntimo de cada uno. Internet, en principio, no es algo que debiera afectar en gran medida a la consecución de este objetivo, pero si tenemos en cuenta como se utiliza y como vivimos, parece que si debiéramos prestarle algo más de atención.

Por ejemplo, pensemos en las personas introvertidas. Si en la vida real habían ido construyendo sus espacios, en el mundo digital los introvertidos han encontrado el nirvana. Mantener a raya a toda la humanidad, controlar cuál es el nivel de interacción que quieres tener, decidir lo que deben o no saber de ti, es el no va más en gestión de las relaciones, un salto cuántico en el control de lo que queremos compartir con los demás. Todo un festín para los profesionales de la psicología.

Pero si esto es así para los introvertidos digitales ¿qué pasa con los extrovertidos? Pues que también han encontrado la forma de dar rienda suelta a una de sus características más notables: su capacidad de consumir energía de terceros. Con la ventaja de que si antes podían llegar a unas pocas decenas de personas, ahora pueden hacerlo con miles. Estos simpáticos y atractivos vampiros energéticos, multiplican sus encantos por el número de likes del Facebook o los retweets que consiguen con cada aparición.

Entonces, si ambos están felices con la situación, ¿de qué preocuparnos? Pues porque cualquier comportamiento que no es sano y es exacerbado por el uso de las tecnologías, se convierte en una auténtica bomba de relojería, desde el punto de vista de la salud. Está bien que los psicólogos se ganen la vida -si aún no has elegido carrera préstale atención porque tiene un futuro impresionante-, pero recomponer algunas personalidades -desde las tocadas, hasta las devastadas por un uso tecnológico inadecuado-; caer en las garras de la temida cibercrastinación, no es algo que debiera promoverse, desde ningún ámbito. Y en esto creo que los principales responsables no son las autoridades, no se les espera en esta fiesta, son aquellos que crean los mecanismos que forman parte del origen de estos comportamientos: redes sociales, industria del juego o el sexo online… Son solo algunos de ellos, pero la lista sería mucho más larga. Todos han encontrado un filón, que deberían ser los primeros interesados en proteger. Hay que ser un camello muy profesional y conciendiado, para racionar las dosis que proporcionamos a los adictos. Acabar con los que consumen nuestros productos, además de desconsiderado, es muy poco práctico. Así que antes o después llegará alguno con la tijera, a regular lo irregulable. Así que si unos no ayudan a moderar el consumo y los otros regularán cuando sea tarde, probablemente mal, parece que cada uno deberá ocuparse de lo que le toque cerca: familia, amigos, trabajo… La conciencia de cada uno, nuestra capacidad de actualización y movilización es lo que realmente puede representar una diferencia.

El potencial del ser humano es enorme, ha quedado demostrado que somos capaces de cualquier cosa. Como colectivo de lo mejor y de lo peor, como individuos también, pero siempre depende de cada uno lo que hagamos, por más excusas que busquemos. Y para ese fin tan poco prosaico, que es la búsqueda de la felicidad, creo que puede ser el momento de que nos vayamos tomando en serio como afectan tantos trompazos de tipos en monopatín, en Youtube, a nuestros hijos. A partir del topetazo 10.000 creo que tiene que quedar inutilizada la mitad del cerebro, neurona arriba o abajo. A cien diarios es una cifra que se alcanza en menos de 3 años ¿cómo va el contador? O podríamos interesarnos por la productividad de nuestro compañero de despacho. Sí ese que se pasa más tiempo viendo pelotas o la vida de los famosetes que trabajando. Por muy majo o maja que pueda ser, ya debería tocarte la… moral, que siga chupando tu energía o la de otros compañeros, porque pone en juego tu puesto de trabajo. Está en tu mano ayudarles.

Aunque no puedas cambiar el universo, es muy grande y da muchísima pereza, puedes formar parte de los que van sumando, los que hacen algo y, como mínimo, te sentirás mejor.

Hasta pronto y buena suerte. 


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