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La adicción y los negocios digitales

Cuando hablamos de las costumbres de los usuarios en Internet, cuando se analiza el comportamiento, cómo se utiliza el tiempo, antes o después palabras como adicción, cibercrastinación, frustración u otras relacionadas surgen en la conversación. Lo cierto es que Internet, las consolas o el juego online no son el problema, son parte del mismo, sin lugar a dudas, pero el elemento fundamental son los individuos.

En un artículo anterior que trataba sobre los extrovertidos e introvertidos digitales, me refería a los grandes actores de la tecnología que han creado todo un universo de servicios a los que quieren que prestemos constante atención. Son gigantes, empresas que necesitan crecer y superar a sus competidores, fomentando un consumo constante, hasta llegar a la dependencia, sin medir las consecuencias. Desde el punto de vista empresarial tiene un coste, pero ese es otro tema que afecta fundamentalmente a sus empleados y accionistas. Pero no es sólo eso: a mí me preocupan más sus usuarios, soy uno más.

Adicto

El nivel de sofisticación de los juegos en las consolas, de las historias o productos que nos ofrecen las web de porno o la dinámica de las redes sociales, logrando que estemos todo el día pendientes del ordenador y el móvil -es su mayor logro-, habla de lo bien que lo hacen. Pero su objetivo principal es conseguir mayores ingresos, al obtener más de tu tiempo y multiplicarlo por cientos de millones de usuarios; el tuyo es entretenerte, relacionarte, un medio más de pasar el rato.

La adicción ocasionada por estos medios digitales, por sus productos y servicios, es uno de los efectos más graves, ocasionado por la cibercrastinación. En su vertiente más benigna la cibercrastinación no es nada del otro mundo y que no llevemos haciendo desde siempre, aunque sin móviles o televisores: se trata de perder el tiempo, sin hacer lo que deberíamos haber hecho. En el mundo físico se la llamaba intercrastinación. La cibercrastinación se manifiesta con síntomas como la falta de control de impulsos, la búsqueda de recompensas a corto plazo, la pérdida de habilidades comunicativas y muchos otros, que conduce a trastornos serios del comportamiento, por ejemplo, la sustitución de las relaciones reales por las virtuales.

¿Es grave que alguien reemplace el contacto directo por otro meramente virtual? De primeras diríamos que no, pero considerando cómo ha estado ocurriendo y cuál es la tendencia, creo que desde luego es algo para tomarnos muy en serio. En cualquier caso, sería importante, si afecta a muchos individuos, no estamos solos, pero sobre todo si los afectados son tu familia o las personas de tu entorno.

Si este uso representa un problema para ti o alguien cercano, pero no tienes la voluntad para dejarlo, posiblemente necesites ayuda profesional, búscala. Pero dejemos las cosas claras, aunque a los grandes monstruos de la tecnología pueda interesarles que hagamos un determinado uso de la Red o de sus productos, la última palabra es de cada uno. Tenemos la capacidad para levantarnos de la mesa, apagar el ordenador y salir a pasear con nuestros hijos; de dejar la partida de póker en el móvil e ir a jugar con nuestros amigos unas manitas de verdad; o pasar la noche con nuestra pareja y dejar a los \”partners\” virtuales para otro momento, porque como decía uno de esos dichos populares, tan sabios ellos, hacer el amor es mejor, porque además conoces gente. Para empezar, posiblemente, a ti mismo.

Hasta pronto y buena suerte.


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