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¿Es lo mismo ser emprendedor que fundar una startup?

En los últimos años, la palabra startup ha pasado ha convertirse en uno de los términos más escuhados en todo lo que a actividad empresarial se refiere. Para muchos, se trata únicamente de una forma más “chic” de denominar al emprendedor de toda la vida. No obstante, el término startup va mucho más alla de eso, y a menudo tiende a generar mitos y falsas creencias.

El debate sobre stratups vs negocios tradicionales está cada vez más presente en diversos círculos. Mientras que muchos emprendedores se sienten atraídos por el glamour de la startup y no dudan en colgar esta etiqueta a su negocio (despreciando la falta de ambición y originalidad de aquellos que siguen inclinándose hacia los negocios más tradicionales), muchos otros critican la actitud tan ligera y despreocupada de los primeros.

Sin embargo, a pesar de que los más startuperos se consideren a sí mismos una especie de subgrupo selecto de emprendedores y se dediquen a mirar por encima del hombro al resto de empresarios con iniciativas más tradicionales (o menos guais), debemos tener presente que no todos los fundadores de startups son emprendedores, tal y como asegura Daniel Tenner, cofundador de varias empresas como GrantTree, en un artículo del blog Swombat.

Para empezar a debatir sobre las diferencias entre ambos bandos es buena idea refrescar las definiciones reales de los términos “emprendedor” y “startup”. Por un lado, un emprendedor es una persona que busca oportunidades de negocio y crea modelos que permiten explotar estas oportunidades para generar un beneficio.

Una de las principales características de los emprendedores es la búsqueda de negocios viables, excluyendo de esta definición a todo aquel que, aun teniendo una iniciativa o grandes ideas (características muy útiles para un emprendedor, pero insuficientes por sí solas), no cuentan con la seguridad de que su negocio resultará lo suficientemente rentable. Teniendo esto en cuenta, podríamos decir que un bloguero no es un emprendedor (pensar que obtendrás unos ingresos desde tus inicios en la blogosfera es algo totalmente utópico), y que es tan emprendedor puede ser el panadero de tu calle como aquel diseñador novel con una tienda de bolsos en plena calle Serrano.

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Por otro lado, la traducción literal de la palabra startup sería “puesta en marcha de algo”. Las principales características asociadas a una startup son la base tecnológica y un modelo de negocio con muy alta proyección, algo fundamental para atraer a los inversores del sector tecnológico y/o Business Angels, que prestarán a la empresa una ronda de financiación inicial o capital semilla. Sin embargo, entre los principales objetivos de los fundadores de startups, no suele encontrarse el de ganar dinero o hacer que su negocio sea lo más rentable posible desde sus inicios. Para los fundadores de startups, la rentabilidad del negocio es en muchos casos secundaria, y entre sus prioridades podemos encontrar el éxito, la fama, o incluso la intención de cambiar el mundo -o una parte de él- con ideas novedosas.

Si bien existen fundadores de startups que pueden considerarse perfectamente emprendedores, muchos otros simplemente viven con esa creencia, resguardados bajo el manto del dinero (relativamente) fácil de sus inversores y ajenos por completo a la realidad financiera de su negocio. Mientras tanto, el resto de emprendedores miran perplejos cómo estos inversores dan apoyo a productos inviables inyectando dinero a raudales o comprándolos por cifras astronómicas.

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Sin embargo, rompiendo una lanza a su favor, tampoco es fácil ser fundador de una startup. Lógicamente, el dinero no viene solo, y ante la creciente oferta de startups los inversores son cada vez más selectivos. Además, los fundadores de startups se someten a una gran desventaja: el riesgo y la presión. Cualquier startup en la que haya que levantar grandes sumas de dinero y tratar de cumplir las promesas hechas a los inversores será una olla de presión para el fundador hasta que finalmente pueda demostrar su éxito.

La conclusión de todo esto es que la creación de una startup no debería verse como una panacea o la primera opción a elegir a la hora de empezar un negocio. Debemos elegir esta opción con conocimiento, y no olvidarnos de que la búsqueda de oportunidades y la explotación de las mismas para conseguir dinero, técnica que lleva utilizándose durante siglos para la creación de empresas, sigue siendo una opción muy viable, con menos riesgo y con grandes recompensas.

También debemos descartar la creencia de que emprender de manera tradicional implica crear negocios pequeños. Muchas empresas que comenzaron de forma totalmente local y sin garantía de llegar a tener una dimensión y una escalabilidad brutal han llegado a convertirse en grandes gigantes tecnológicos (es el caso de Apple, Microsoft, HP…).

Cualquier camino es viable y no debemos restringirnos sólo a uno de ellos. Ni ser emprendedor o fundador de una startup es mejor o peor, simplemente marcará una gran diferencia en cuanto a la cantidad de riesgo y presión que habrá que afrontar.

Y tú, ¿eres emprendedor o startupero?


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