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Adios, teletienda. Hola, compras del futuro

Aunque pueda parecer algo muy novedoso, hace ya años que los pagos móviles han estado presentes en nuestras vidas. Basta con remontarnos a aquellos días en los que enviábamos un SMS a precio de oro para descargar en nuestro móvil un logo, un fondo de pantalla o uno de esos ruidosos politonos de los que tanto presumíamos hace menos de una década. Eso ya era pago móvil, o al menos los primeros pasos hasta llegar al concepto al que hoy en día estamos acostumbrados.

Poco después llegaron las aplicaciones y con ellas la posibilidad de comprarlas desde nuestro teléfono móvil. Sin duda, esto fue un paso decisivo en la historia de los pagos móviles. A penas unos años más tarde, dimos el salto y pasamos de adquirir bienes digitales exclusivamente ligados al teléfono móvil, a aprovechar este mecanismo para comprar todo tipo de productos.

Aunque la compra de productos y servicios por Internet desde los ordenadores es ya una práctica extendida por todo el mundo, la penetración de los dispositivos móviles en nuestras vidas han obligado a los comercios a buscar nuevas alternativas para la compra virtual. Mientras que comprar desde nuestro PC resulta algo sencillo y atractivo (sacamos nuestra tarjeta de crédito, tecleamos unos cuantos dígitos y listo), el proceso se vuelve algo más complejo desde una tablet o un smartphone, y mucho más si no nos encontramos en un ambiente cómodo donde poder apoyar nuestro dispositivo mientras buscamos nuestras tarjetas, localizamos el CVV, la fecha de caducidad, etc.

Precisamente para eso existen los pagos móviles: para conseguir una mayor comodidad y usabilidad en estas operaciones. Además, para las empresas se trata de un mecanismo ideal para evitar perder a los clientes que, a pesar de estar atraídos por sus productos, acaban echándose atrás por pereza, o deciden retrasar la compra para cuando lleguen a casa, olvidándolo finalmente. Cada vez existen más soluciones de pagos móviles que permiten al usuario almacenar todos sus datos (tarjetas de crédito, dirección, etc), mantenerlos a salvo añadiendo mayor seguridad a las transacciones y confirmar el pedido con una buena contraseña y un solo clic.

Además, el avance de los pagos móviles ha hecho posibles cosas impensables hasta hace tan sólo unos años. Por ejemplo, comprar directamente ojeando un catálogo o a través de un anuncio de TV. Por otro lado, los pagos móviles no necesariamente se reducen a las compras online o las tiendas físicas (con el archiconocido sistema NFC que tanto ha dado que hablar en los últimos meses). La fusión entre estos sistemas de pago y los códigos QR han dado lugar a infinitas posibilidades.

Los códigos QR son utilizados para capturar información, por lo que son una opción ideal para identificarnos en los pagos. Con ellos podemos pagar físicamente con el móvil sin necesidad de disponer de un terminal con tecnología NFC. Por este motivo se trata de un método con más posibilidades en un futuro cercano, ya que la implantación del NFC en todos los dispositivos y comercios tiene aún un largo camino por delante.

Anuncios de TV y prensa, marquesinas y flyers (¿recuerdas el artículo de los supermercados Sorli Virtual?), o incluso vínculos entre una tienda física y su tienda online para evitar que un cliente se quede sin el producto que desea por que éste está agotado en la tienda física. Estas y muchas otras posibilidades están al alcance de muchas empresas gracias a los códigos QR. Además, incorporar el pago por móvil a la publicidad permitiría saber a las empresas la rentabilidad de estas campañas.

¿Son los códigos QR la forma de pago móvil del presente? ¿Serán pronto desbancadas por otras tecnologías como NFC? Algo muy probable, en mi opinión, es que el dinero efectivo está abocado a desaparecer en más o menos años, y que la forma en la que compramos y pagamos registrará una auténtica revolución. Y tú, ¿cómo crees que serán las compras del futuro?
 


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