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Tan fácil que un niño puede usarlo

Hay para mí una deriva inquietante en una de las películas de Disney de los últimos años, Wal-E. Para los que no la hayan visto, y sin entrar en demasiado detalle, baste con comentar que se sitúa en un futuro donde el ser humano ha arruinado la tierra. Lo inquietante para mí es cómo se caricaturiza al ser humano: Gracias a todos los adelantos tecnológicos, se ha vuelto incapaz de moverse y prácticamente incapaz de pensar.

Wall-e-humans

A pesar de lo grotesco de la imagen, esta aproximación de los guionistas de Disney refuerza mi idea de que tenemos que tener cuidado con que los adelantos tecnológicos no nos hagan la vida demasiado fácil. Es muy posible que hayáis recibido algún tipo de video con niños muy pequeños que manejan una Tablet sin problemas (¡o vuestros propios hijos!), incluso que intentan agrandar una imagen de una revista física al estilo de las pantallas táctiles. Todo eso está muy bien, pero lo asociamos con nativos digitales, niños “avanzados” (tecnológicamente hablando) cuando yo me permito poner en duda que esos ejemplos sea sinónimo de “cualificación”. Confundimos ser usuarios de algo con dominar algo.

Hay avances tecnológicos donde más es siempre mejor, ya que no impactan en la esencia del ser humano (por ejemplo, la evolución de las lavadoras; que por cierto llevan decenas de años sin cambios significativos al menos desde el punto de vista de usuario); pero los cambios en las tecnologías de la información conllevan una nueva forma de relacionarnos y de acceder a la información. Un cambio en la forma de comunicarse entre personas. Y la comunicación está en la base del ser humano, y por lo tanto de la sociedad.

Noticias de nuestro alrededor como la polémica del control de la NSA, o el fenómeno BitCoin, o incluso la potencialidad viral del Gangman Style nos deberían hacer reflexionar sobre el nivel de control o descontrol que existe en estos nuevos mecanismos, y cuál es el rol que jugamos en ellos como meros usuarios. Porque gran parte de nuestro pensamiento e ideales se van a nutrir de la información que obtengamos vía las nuevas tecnologías.

Otro problema relevante es que los nuevos mecanismos de comunicación, que parecen tan convenientes, requieren en algunos casos una evolución en la forma de comunicarse y aprender este nuevo ‘idioma’, que usa el mismo lenguaje que el idioma hablado pero requiere aprender sus modos sociales. Me comentaba hace poco un sicólogo escolar que muchos de los problemas de relación de los adolescentes en su colegio están siendo agravados y amplificados por el mal uso de los nuevos mecanismos de comunicación, ya que no se les ha enseñado las diferencias que hay entre una comunicación individual, verbal, espontánea y personal, frente a una comunicación escrita, con público y además permanente como puede ocurrir en una red social. Me refiero a las redes sociales y a los fenómenos cada vez más frecuentes de ciberbullying.

Pongámonos ahora en modo fantástico y supongamos, al más propio estilo de un argumento de James Bond, que varias empresas de IT se reúnen en secreto (¿quizá en Sillicon Valley? ¿O en Corea?) para sembrar el caos en el mundo, derrocar gobiernos y tomar el control del planeta, del cual ellos tendrán todo el poder. Analicemos ahora con qué medios reales contarían gracias al uso de su tecnología por millones y millones de usuarios. Yo diría que son más potentes que los que han tenido a su alcance la mayoría de los regímenes autoritarios.

Por ello, tenemos que ir más allá de ser usuario, avanzado o nativo, de las nuevas tecnologías. Tenemos que adentrarnos más, entenderlas, analizarlas y si es posible colaborar en su creación. Y a nivel de sociedad, debemos hacer un esfuerzo mayor para que nosotros, nuestros hijos o al menos algunos miembros de nuestro entorno sean parte activa en lo que se crea, además de formarnos con espíritu crítico en los beneficios y amenazas que las nuevas tecnologías aportan en campo social, político, y humano. ¿Quizá un propósito para el nuevo año?

 


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