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Audiogalaxy, en vías de extinción

Audiogalaxy nació como uno de los mejores clones de Napster y, fiel a su condición, morirá como su madre. El popular servicio de intercambio de música ha decidido prohibir todas las canciones protegidas con los derechos de autor que se intercambiaban sus más de 30 millones de usuarios.

La decisión ha sido adoptada después de que el pasado mes la Industria discográfica estadounidense (RIAA) interpusiera una demanda contra Audiogalaxy por violar los derechos de autor. Esta misma estrategia es que la obligó a cerrar sus puertas a Napster, el servicio peer to peer (P2P) que encendió la mecha de la revolución musical en la Red.

La prohibición de descargar temas protegidos va acompañado de un acuerdo con las principales discográficas estadounidenses que contempla el pago de una \”indemnización sustancial\” por los daños causados. La cuantía exacta no ha sido desvelada, aunque su fin sí está claro: zanjar cuanto antes el juicio en el que le ha metido la RIAA.

La RIAA ha añadido que el acuerdo permitirá a Audiogalaxy seguir funcionando, pero deberá instalar un sistema de filtro eficaz. A partir de ahora todas las canciones que distribuya el programa creado por la empresa con sede en Texas deberán recibir el consentimiento del autor, editor o la compañía de discos, lo que significa que su utilidad queda reducida prácticamente a cero.

Como era previsible, Hilary Rosen, consejera delegada de la RIAA, ha dado palmas con las orejas tras la nueva victoria que ha conseguido contra los programas que permiten bajar canciones sin coste alguno. A su juicio, este caso representa \”una victoria para todo aquel que le preocupe la protección de la música\” además de un aviso \”para el resto de las redes que facilitan la copia ilegal\” de discos.

El pleito que interpuso hace un mes la RIAA contra Audiogalaxy no es el único en el que está metida. También están en la lista de espera otras plataformas como Morpheus, Kazaa, Grokster, MP3-Board y Aimster.

El cierre de Audiogalaxy supone un revés para sus millones de usuarios, pero no representa más que un incoveniente similar al que sufrieron con el cierre de Napster. Casi de inmediato comenzaron a pulular por la Red toda un suerte de programas similares que contribuyeron a saciar su sed de música gratuita. Murió Napster y Audiogalaxy dando sus últimos estertores. ¿Qué será lo que llegue? Más programas piratas, sin duda. Es el cuento de nunca acabar, por mucho que a la RIAA le cueste asumirlo.


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