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Caso Microsoft, la historia interminable

La disputa de Microsoft con los tribunales comienza a asemejarse a una suerte de historia interminable judicial. Han desfilado ya varios años (el proceso se inició en 1997) y un buen número de sentencias dictadas por diversos tribunales, pero el proceso parece que no acaba de concluir nunca.

No es necesario ser demasiado valiente para apostar el sueldo de un año a que la mayor parte del común de los mortales no tiene la menor idea de como se está desarrollando este culebrón del software, y un buen número de aquellos interesados en las noticias tecnológicas pasan por alto, o leen con extrema pereza, las nuevas del caso Microsoft. Pero la verdad es que durante las últimas semanas las cosas se están moviendo bastante, y aunque aún queda bastante lejos el final de esta historia, lo cierto es que ya se empiezan a entrever los títulos de créditos al final del túnel.

En este momento en el que la empresa de Bill Gates está preparando el inminente lanzamiento de su polémico sistema operativo Windows XP, conviene volver a elaborar un retrato de la situación incluyendo las últimas novedades. Pero para retomar el affaire entre Microsoft y los tribunales donde lo dejamos, antes se hace imprescindible dar unas cuantas pinceladas de los antecedentes para situar a aquellos que hayan perdido el norte.

Arqueología judicial

Estos son los antecedentes, a muy grandes rasgos eso sí. En septiembre de 1997, con el prácticamente extinto Netscape Navigator imperando a sus anchas en las computadoras personales con conexión a Internet, Microsoft lanza su navegador Microsoft Internet Explorer. Apenas un mes más tarde, el Departamento de Justicia (DoJ) demanda a Microsoft acusándole de violar un decreto de 1994 al forzar a los fabricantes y distribuidores de equipos informáticos a incluirlo para poder vender el sistema operativo Windows.


El juez Thomas Penfield Jackson

En diciembre de 1997, el juez Thomas Penfield Jackson se hace cargo del caso, pasando a la historia como el mayor azote que ha conocido el gigante de Redmond.

Durante 1998, 1999 y gran parte de 2000, se suceden los encontronazos entre Microsoft y la justicia norteamericana, representada la mayor parte de las veces por el juez Jackson. De todo este tiempo destacan sucesos como el interrogatorio exhaustivo (30 horas en 3 días) al que fue sometido Gates en agosto de 1998, la renuncia de su puesto de CEO en favor de Steve Ballmer a poco de iniciar el año 2000, la adquisición de Netscape por parte de America Online en octubre de 1998 en una operación valorada en la friolera de 10.000 millones de dólares…

Los dimes y diretes tuvieron un importante punto de inflexión el 31 de mayo de 2000, cuando Jackson condenó al coloso del software a partirse en dos. Una decisión que Microsoft apeló inmediatamente. Ahora sabemos que tuvo éxito.

Recién iniciado este verano, la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia decidió que la partición no tendría que llevarse a cabo, pero coincidió con el juez Jackson en que el gigante de Redmond había abusado de su posición dominante. Es decir, le dio la razón en que Microsoft es un monopolio y debía ser sancionado de alguna manera por ello.

Las decisiones de la juez Colleen Kollar-Kotelly

Aquí es donde aparece la juez Colleen Kollar-Kotelly, el nombre propio que ha sustituido al juez Thomas Penfield Jackson en el caso Microsoft. El nombramiento de esta juez federal a finales del pasado mes de agosto preocupó a distintos analistas ya que, aunque cuenta con grandes logros a sus espaldas, carece de experiencia en casos similares.

La juez estrenó el mes de octubre compeliendo al culpable Microsoft y al gobierno estadounidense a alcanzar un acuerdo amistoso antes del 2 de noviembre. Concedió dos semanas para que ambas partes negociaran sin interferencias las sanciones a adoptar, en caso de que el diálogo no llegara a buen puerto, sería nombrado un mediador.

\”Desde mi punto de vista, si todo el mundo se muestra razonable, se podría alcanzar un acuerdo amistoso\” aseguró la juez Kollar-Kotelly, que añadió que esperaba que las partes dedicarán a este objetivo \”siete días a la semana, 24 horas al día\”. Una declaración que ya se ha hecho más que popular para los que siguen de cerca este caso.

Una de nones

Y tras transcurrir poco más de una semana, en la que es de suponer que Microsoft y el gobierno yanqui dialogaron sin descanso, el Tribunal Supremo de este país rechazó la apelación del gigante del software. Según este tribunal, que no se dignó a dar explicaciones, el veredicto emitido el pasado 28 de junio por la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia, que encontraba a Microsoft culpable de prácticas monopolísticas pero que desaconsejaba su partición, es más que correcto.

Los abogados de Microsoft habían basado su defensa en que todo el caso estaba viciado por la inquina que les tenía el juez Thomas Penfield Jackson, que realizó comentarios negativos sobre el gigante informático y algunos de sus directivos. \”No se debería permitir el profundo cinismo que resultaría si el poder judicial da la espalda a la mala conducta demostrada por el juez de distrito\”, alegó inútilmente la compañía.

De todas maneras, teniendo en cuenta que, según un buen número de especialistas, el principal motivo de esta apelación era retrasar el proceso lo suficiente como para presentar su polémico Windows XP (su lanzamiento oficial es el próximo 25 de octubre) libre de todo castigo, la negativa del Tribunal Supremo tampoco debe haber escocido demasiado.

El nuevo mediador

A última hora del viernes 12 de octubre, poco después de que el Tribunal Supremo estadounidense insistiera en la culpabilidad de Microsoft, y expirado estérilmente el plazo que la empresa de software y el gobierno estadounidense tenían para aclarar sus diferencias sin la intervención de terceros, la juez Kollar-Kotelly designó al mediador (y pacificador) que tendrá que ayudar a que sus negociaciones lleguen a buen puerto.

Este intermediario es Eric Green, un profesor de derecho de la universidad de Boston que ejerce eso tan bonito de la enseñanza desde 1977. El mediador que precedió a Green, cuando el caso aún estaba vinculado al juez Jackson, fue el juez Richard Posner, que renunció a esta labor el 1 de abril de 2000 después de más de 4 meses de fútiles intentos de conciliar posiciones.


La juez Colleen Kollar-Kotelly y el profesor Eric Green

¿Con qué se va a encontrar el profesor Green? Con una empresa que se niega a extender las conversaciones más allá de Explorer y Windows 95 y 98 y con unos representantes estatales empeñados en buscarle las cosquillas al nonato Windows XP, sobre todo en lo relativo a nuevas tecnologías como la mensajería instantánea, las interfaces que conectan máquinas Windows con otras que no lo sean (ya sean computadoras, handhelds, teléfonos…), o el contenido streaming.

Si Green cosecha los mismos resultados que Posner, algo muy posible pese a que hoy en día tanto Microsoft como el gobierno parecen más inclinados a dialogar que hace año y medio, la juez Kollar-Kotelly ha fijado que sea el 11 de marzo el día que se inicien los debates que determinarán las sanciones contra Microsoft.

Pero no conviene fijar esta fecha en la mente como la del inicio del fin de este culebrón judicial, porque una vez la juez haya dictado sentencia, Microsoft podrá volver a apelar de nuevo ante el Tribunal Supremo. Y visto el comportamiento previo de esta compañía, lo más seguro es que se presente de nuevo ante la corte suprema estadounidense.

Problemas recientes en el Viejo Continente

Cabe destacar llegado a este punto que las preocupaciones de los europeos corren parejas a las de los representantes de los estados de EEUU que ahora están negociando con Microsoft. De hecho, hace menos de una semana la Comisión Europea acusó al mayor fabricante de software del mundo de intentar dificultar la investigación sobre su posible abuso de posición dominante.

Pero parece que la compañía de Gates está destinada a salirse con la suya por muchos procesos que pierda: durante los años de litigios se ha seguido haciendo de oro, Netscape ya no es competencia, Windows XP irrumpirá en las tiendas de la mano de una empresa indivisible, y aunque Microsoft tuviera que pagar a la Unión Europea una multa colosal (puede que de 2.500 millones de dólares, el 10% de sus ingresos anuales), lo cierto es que tiene ahorros de sobra para afrontarla.

 

Más información sobre los encontronazos de Microsoft con la justicia en Baquía.com:


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