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China continúa la guerra contra Internet

La Red sigue siendo un elemento desestabilizador para los Gobiernos de regímenes totalitarios, que la ven como una ventana abierta e incontrolable que puede contaminar las almas de sus ciudadanos, que tan estrechamente vigilan. China se ha caracterizado por ser uno de los países que más en serio se ha tomado el control de Internet, tratando de imponer leyes que de alguna manera mermen la potencia de la Red.

Empezó adoptando medidas para limitar la inversión extranjera en las puntocom locales —lo que ahogaba a las muchas que dependían de financiación externa—, incrementar la vigilancia sobre los contenidos de las páginas web y cerrar cualquier empresa que careciese de la correspondiente licencia.

Ese control sobre lo que se publicaba en la Red llegó al extremo de obligar a que las noticias publicadas online procediesen de los medios de comunicación oficiales. El State Council Information Office se encarga de supervisar las informaciones de medios extranjeros e impone estrictas condiciones a todos aquellos que quieran generar sus propias noticias. Además, el ministerio de Seguridad Pública desarrolló un software, \’ Internet Police 110\’, para bloquear el acceso a contenidos de sexo, violencia o religiones no autorizadas.

Pronto, su objetivo fueron los cibercafés, desde donde acceden a Internet la mayoría de los internautas chinos. Intentando limitar el uso de la Red entre los más jóvenes, comenzó cerrando las puertas de varios cibercafés ubicados en la avenida principal de Pekín, alrededores de los edificios de Gobierno y colegios. El anonimato con el que se navega desde estos centros, desde los que se puede \’delinquir\’ impunemente le llevó a inspeccionar masivamente a los cibercafés, clausurando decenas de miles con la excusa de que permitían el acceso a sitios web considerados por el Gobierno subversivos o pornográficos.

La batalla continúa. Alrededor de 200 Internet cafés sin licencia han sido cerrados recientemente en Shangai, según la agencia Xinhua. La campaña se centra ahora en los suburbios de esta ciudad del Este, y se sigue basando en el contenido \”perjudicial\” y en los esfuerzos del Gobierno por proteger a los jóvenes de la corrupción. La actividad de regentar un cibercafé es de alto riesgo, ya que sus propietarios se enfrentan a fuertes sanciones si sus clientes acceden a contenidos prohibidos por el Gobierno.

China, según el último estudio de AC Nielsen, cuenta con 56,6 millones de internautas, un escaso 5,5% sobre una población de más de 1.300 millones de habitantes.


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