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Contra la crisis, paraísos fiscales

Los paraísos fiscales, caracterizados principalmente por la escasa o nula fiscalidad y la discreción económica que ofrecen tanto a empresas como a particulares, empiezan a estar en el punto de mira de muchas empresas de Internet que quieren rentabilizar su modelo de negocio y, al mismo tiempo, ahorrarse una parte importante de los costes valiéndose de las ventajas financieras que ofrecen determinados países.

La movilidad de los negocios en la Red y la posibilidad de acceder desde Internet a cualquier país del mundo permite a las puntocom instalar sus servidores y hasta su propia web en los países con mejores condiciones fiscales. Y nada hay que objetar a esta práctica: beneficiarse de los paraísos fiscales no es delito, ya que lo que hacen estas empresas no es evasión (sencillamente, no pagar impuestos), sino elusión fiscal. Es decir, aprovechan al 100% los recursos legales disponibles para soportar la mínima carga fiscal o diferir su impacto en el tiempo.

Los ejemplos empiezan a multiplicarse. Playcentric.com es una empresa dedicada a la venta online de música y vídeos. Creada en septiembre del año pasado, apenas cuenta con 10 trabajadores, pero su estructura es la de una auténtica multinacional. Aún no ha alcanzado la rentabilidad, pero sus servidores están situados en Barbados.

Playcentric tiene suscritos convenios de distribución con una gran cadena de discos de Toronto. Sus directivos creen que podrán ofertar precios hasta un 45% por debajo de los de Amazon y, sin embargo, forrarse los bolsillos. Por soñar que no quede… Y es que, como dice el CEO de Playcentric, Arthur Bratch, "una cuestión que siempre me sorprende es ¿por qué alguien que planea generar ingresos se ubica en una jurisdicción impositiva?"

Las islas del deseo

Para encontrar un paraíso fiscal que esté calando hondo entre las puntocom hay que buscarlo en las Islas Bermudas. Allí hay cada vez más firmas online, como ISI Publications Ltd., una editorial que vende libros descatalogados de economía y negocios a través de Booksonbiz.com, o el broker online E*Trade Group Inc. En la isla caribeña de Antigua, un comerciante de EEUU lanzó Indextrade.com, un nodo dedicado a ayudar en sus negocios a los pequeños inversores.

Pero no hace falta irse al Caribe. Un antiguo cantante inglés de jazz ha decidido establecer su web en Chipre. Se trata de una página de alquiler de barcos en el que los internautas pueden encontrar incluso submarinos soviéticos de hace cuarenta años.

Bermudas está volcándose en fomentar todavía más las inversiones en su territorio. Bank of Bermuda y Bank of N.T. Butterfield & Son Ltd., las mayores entidades financieras de las islas, han puesto en marcha ambiciosos proyectos de comercio electrónico y han desarrollado sistemas que permiten a los comerciantes virtuales cobrar a sus clientes en las principales divisas.

Pero las webs que más se benefician de los paraísos fiscales son las de juegos y apuestas. ¿Cómo? Legalmente son sociedades anónimas formadas por socios del país en cuestión, pero en realidad los casinos virtuales son propiedad de grandes grupos empresariales de EEUU y Gran Bretaña que han encontrado en determinados estados la forma ideal de esquivar las prohibiciones que sufre el juego online en ciertas zonas de su territorio.

Un negocio en auge

Sobre todo en Costa Rica, un país que se ha convertido en el más deseado por los casi cien portales de apuestas ingleses y norteamericanos que han establecido allí el domicilio fiscal de sus actividades electrónicas, amparados en la falta de regulaciones legales, la mano de obra barata y un buen sistema de telecomunicaciones. Estos nodos mueven ya un volumen de negocio cercano a los 4.000 millones de dólares anuales, emplean a 4.000 trabajadores y, en conjunto, facturan cerca de 100 millones de dólares a la semana en apuestas. En San José, la capital costarricense, opera NASA, el mayor centro de apuestas online del mundo, y en Belize el propio gobierno ofrece a las empresas de todo el mundo la posibilidad de abrir casinos en su país.

Las empresas del negocio de los sistemas de pago también empiezan a volar en masa hacia el Caribe. Es el caso de First Atlantic Commerce, una compañía con sede en Bermudas que proporciona sistemas de pago para negocios electrónicos. De hecho, aunque la tendencia empezó con las empresas de juegos de azar en Internet que se desplazaron al Caribe para evadir la ley fiscal estadounidense, el fuerte auge de las telecomunicaciones en zonas como las Islas Canal y Panamá está convirtiendo a estos dos estados en la última moda en materia de paraísos fiscales. En este último país, varios empresarios locales han abierto un centro de alta tecnología en Fort Clayton, una antigua base militar estadounidense, capaz de alojar hasta 1,2 millones de nodos.

Seguridad

Quienes buscan ante todo seguridad disponen de varios ciberbancos instalados físicamente en paraísos fiscales: el de Luxemburgo, el Byblos Bank libanés y el Altamira International Bank de Barbados. Además, el European Union Bank ofrece desde Antigua & Barbuda todos sus servicios a través de la Red. Todos permiten desde abrir cuentas a menores de edad hasta registrar una empresa en estos paraísos fiscales, y con cuenta en el banco, por sólo 995 dólares.

Pero los paraísos fiscales que existen en las islas caribeñas también presentan algunas desventajas. Además de los huracanes que todos los años azotan periódicamente a las islas, en Anguilla, por ejemplo, los empresarios deben afrontar el monopolio de la teleco británica Cable & Wireless, que cobra tarifas demasiado altas por las líneas.

Los analistas creen que, cobijadas en la ambigüedad de las leyes impositivas de los paraísos fiscales, las compañías de comercio electrónico podrán ganar mucho dinero libre de impuestos durante años antes de que el Servicio Nacional de Impuestos de Estados Unidos pueda hacer algo al respecto. Porque, a diferencia de lo que ocurre en otros países, EEUU cobra impuestos sobre los ingresos de sus ciudadanos en cualquier lugar del mundo en el que se encuentren.

Respuesta de la OCDE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se ha puesto manos a la obra para evitar a toda costa que el comercio electrónico se convierta en una vía de fraude fiscal. La OCDE no cree que una web deba considerarse por sí misma un establecimiento de negocio permanente y, respecto al emplazamiento físico de los servidores de Internet, esta organización asegura que sólo bajo determinadas circunstancias pueden identificarse con el lugar propio de fiscalización de la empresa que utiliza sus servicios.

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